Entrevista a Richard Gerver

El británico Richard Gerver es profesor y está considerado uno de los líderes educativos más innovadores e inspiradores de nuestro tiempo. Fue asesor de política educativa del Gobierno británico de Tony Blair y Premio Nacional de Enseñanza en el Reino Unido. Autor del libro “Crear hoy la escuela del mañana”, explica cómo deben ser las escuelas del futuro.

Pregunta. -¿Cómo es posible que un actor termine convirtiéndose en profesor?

Respuesta.-No sé qué pensarás si te digo que tiene relación con el amor. Lo que yo quería era ser actor, e intenté serlo durante tres años. Pero lo cierto es que se me daba fatal. Fui a la universidad para estudiar Arte Dramático, y allí me enamoré de una mujer maravillosa que quería ser profesora. Yo quería impresionarla. Y ella me pidió que fuera a dar clases de actuación a los chicos. Fui, y me encantó la experiencia; me enamoré de la enseñanza, y me decidí a hacerme maestro. Nunca pensé que fuera algo que me gustaría hacer.

LibroP.-Como Director de la Escuela Grange, en Inglaterra, ayudaste a transformar una escuela de Primaria con malos resultados académicos en uno de los entornos de aprendizaje más aclamados en unos pocos años, premiado por el Gobierno Británico y la UNESCO, entre otros. Háblanos de tu experiencia…

R.- Es cierto que la escuela estaba obteniendo malos resultados, pero lo que yo pude observar es que lo que pasaba en ella tenía que ver con la pérdida de la pasión. Me encontré con profesores a los que les había apasionado su trabajo hacía tiempo, pero que se veían desbordados por las exigencias del sistema, por las indicaciones continuas que recibían del exterior sobre lo que debían hacer (inspectores, asesores, el Gobierno…). Faltaba energía, vitalidad, dinamismo en su trabajo. Quería ayudarles a recuperar su pasión. Sin ella, no podrían transmitir la pasión por el aprendizaje a los chicos. No quería comenzar aplicando políticas, sino iniciando una conversación. Quería que se centrase en lo que nos gustaría que fuesen los chicos cuando terminase la escuela, como seres humanos. Lo interesante es que esto dio lugar a conversaciones poderosas entre los profesores. Empezaron a hablar y debatir, y podías sentir su apasionamiento. Más que discutir sobre cómo debería ser el sistema educativo, quería transmitirles que si tenían alguna idea sobre cómo llevarlo a cabo, esas ideas debían ir y ponerlas en marcha en sus clases, y luego compartirlas con todos nosotros. Los profesores sintieron así que ellos estaban desarrollando un sistema educativo. Al verse involucrados en su desarrollo, se podía ver la pasión en lo que hacían, y transmitían esa pasión a los chicos. Solamente eché agua caliente sobre el hielo, y las cosas marcharon estupendamente.

Los colegios no son sitios donde los padres dejan a sus hijos y luego se marchan, sino que deben convertirse en algo de lo que toda la comunidad sea responsable.

P. -Y pusisteis en marcha una ciudad dentro de la escuela, Grangeton. Incluso una Universidad…

R.-Así es. Los chicos aprenden cuando el aprendizaje significa algo para ellos. Los niños aprenden a una velocidad asombrosa. Aprendemos más al principio de nuestras vidas, durante los primeros años, que en ningún otro momento. Y, esto sucede porque los chicos intentan cosas. Los chicos en casa juegan a llevar una tienda, a ser médicos, a ser presentadores de televisión. Aprenden porque hacen. Y el aprendizaje forma parte del juego. Pensamos que podríamos crear un entorno dentro de la escuela donde los chicos pudieran tener la oportunidad de explorar esto, pero no solamente actuando como si fueran mayores, sino que se les diese la responsabilidad de dirigir su propia comunidad. Ellos tenían en Grangeton su propio sistema político, sus tiendas, su televisión, su cafetería, sus centros de artesanía…Les estábamos mostrando así por qué aprender a leer y escribir es importante, por qué las matemáticas lo son, o la ciencia, o la música, o la tecnología…Porque necesitaban inmediatamente esas cosas para replicarlas en la vida real. Y la Universidad iba en el mismo sentido, excepto que, por las características de nuestra comunidad, la universidad no es algo que la mayoría de los chicos se planteasen; y yo quería que los chicos considerasen esa opción. Y, también, quería crear un entorno donde los chicos pudiesen elegir y aprender aquellas cosas que les apasionaban. Así sentirían que tenían el control sobre su propio aprendizaje.. Para ellos era importante, no porque un adulto se lo dijese, sino porque  ellos mismos veían que si querían producir un programa de televisión, tenían que aprender cosas sobre iluminación, por ejemplo, o si querían llevar una tienda, tenían que adquirir destrezas matemáticas porque debían entender lo que eran las ganancias y las pérdidas, o los salarios, o las compras. Un ambiente maravilloso, donde todo se conecta, donde todo encaja. Con un sentido del propósito inmediato en todo lo que están haciendo; con un enorme compromiso de todos.

Los chicos aprenden cuando el aprendizaje significa algo para ellos.

P. -Y los padres, y toda la comunidad, se involucraron especialmente…

R.- Sí, les convertimos en parte del proceso de aprendizaje, aprovechando sus propias destrezas, las de los padres, las de profesionales, las organizaciones, empresas y asociaciones comunitarias que aportaban su experiencia y sus recursos para que los chicos pudiesen beneficiarse de ellos. Los colegios no son sitios donde los padres dejan a sus hijos y luego se marchan, sino que deben convertirse en algo de lo que toda la comunidad sea responsable.

P. -Esto tiene relación con algo que has comentado en numerosas ocasiones, que necesitamos renovar la imagen de la educación y la escolarización…

R. Totalmente. Debemos generar una nueva marca en relación con ellos, dotada de sentido, mágica, excitante. Y convertirlos en algo de lo que todos quieran formar parte. Sucede con muchas marcas. Mira por ejemplo el iphone 6, que salió y todo el mundo quería tenerlo. Yo quería tener una escuela que fuese tan apasionante que todos quisieran formar parte de ella. Siempre me interesó mucho el branding, el mundo de la publicidad y el marketing. Deberíamos vender la educación como vendemos una película o un teléfono móvil. Los padres deben entender que tienen que involucrarse activamente en el aprendizaje de los chicos. Y toda la comunidad, porque la educación no es solamente el desarrollo de la parte académica, sino el desarrollo del niño entero. El compromiso debe darse también fuera del ámbito escolar.

P. -¿Cómo podemos enseñar a nuestros niños a enfrentarse a un mundo en constante cambio, un mundo en el que, como has señalado, tendrán de media entre 18 y 25 trabajos a lo largo de su vida, frente a los tres o cinco a los que estábamos acostumbrados?

R.- Déjame que le dé la vuelta a la pregunta. Los chicos nacen capacitados plenamente para afrontar los cambios. Cuando nacemos, no sabemos nada, no conocemos sistemas ni estructuras; nos encontramos en una habitación y ni siquiera sabemos lo que es un padre, ni las rutinas. Cada minuto del día de un niño durante años tiene que ver con el cambio. Y todo esto sucede a una velocidad increíble. Lo que deberíamos preguntarnos, por tanto, es qué estamos haciendo a los chicos, que terminan perdiendo el gusto al cambio. Porque crecemos y cada vez sentimos una mayor aversión al cambio. Tiene mucho  que ver con la sobreprotección a la que sometemos a los chicos. Los hijos están preparados naturalmente para gestionar el cambio. Muchas veces, si lo piensas, los padres se preocupan de múltiples cosas, por ejemplo de que se van a mudar, y cómo puede afectar esto al niño. Y, el niño, a los dos días está adaptado. Y, los padres, locos. Lo cierto es que necesitamos preguntarnos qué es lo que hay en nuestro sistema, en la forma en que estamos educando a nuestros niños, que les lleva a dejar de apreciar la alegría del cambio. Y por qué terminamos dejando de ver su lado positivo…