Rehacer, proponer, acompañar y exigir

Viajamos por toda la geografía española y más allá de nuestras fronteras visitando escuelas y aulas de toda clase y condición. Desde las que disfrutan de medios y privilegios excepcionales hasta las que carecen de simples hojas de papel, tienen en común una fuente de talento: Su equipo docente.... y digo bien. En muchas encontramos profesores extraordinarios, grandes profesionales que se dejan la piel y el corazón por sus alumnos y a los que envidiamos... pero muchas veces trabajan solos, y la eficacia de su tarea se diluye bajo el peso que la rutina y la burocracia imponen en las aulas.

En los últimos años muchas escuelas se plantean seriamente la necesidad de un cambio. Las presiones externas de las pruebas internacionales, el excesivo índice de fracaso escolar y la posibilidad de acceder a experiencias de éxito de otros sistemas educativos, nos impiden instalarnos en una relativamente cómoda mediocridad. Pero, en medio de una efervescencia de iniciativas creativas, sabemos que un proceso de cambio es mucho más que la suma de medidas desordenadas que muchas veces surgen por la presión de una legislación tan caprichosa como la nuestra. Para alcanzar un modelo de excelencia que responda a las necesidades de nuestros alumnos vemos que es necesario generar un proyecto de transformación que se centre en la mejora comprometida al menos de seis aspectos fundamentales de la organización escolar:

Necesitamos aulas vivas, emocionantes, donde la curiosidad y el disfrute se combinen con el rigor y el esfuerzo.

Una revisión del Curriculum: Las mejores escuelas se plantean en profundidad qué quieren que aprendan los alumnos, seleccionan de los documentos legales y los materiales educativos, aquellos aspectos fundamentales para comprender en profundidad las disciplinas…. Buscan enriquecer los saberes objetivos que sus alumnos poseen y buscan formas creativas de estimular la comprensión de los contenidos más relevantes del curriculum.

Por eso deben replantearse las metodologías que se utilizan en las aulas, cómo se produce un aprendizaje inteligente, a través de la elaboración de proyectos, problemas, desafíos, equipos cooperativos, uso de recursos gráficos para hacer visible lo que avanzan, estrategias que activen el pensamiento crítico y creativo y que movilicen la memoria de forma eficaz…. Aulas vivas, emocionantes, donde la curiosidad y el disfrute se combinen con el rigor y el esfuerzo. Y una configuración de los escenarios de aprendizaje que cree oportunidades de desarrollo para cada uno de los alumnos, partiendo de su idiosincrasia y sus posibilidades, que acompañe la diversidad hacia la excelencia y permita personalizar la intervención pedagógica de los docentes.

up8_vivir_rehacer

Esto exige que cambie la cultura de la evaluación, y no se limite a ‘medir’ los resultados de exámenes y controles múltiples sino que se convierta en un verdadero acompañamiento del progreso de los alumnos. Como en un partido de fútbol, el profesor necesita situarse en el terreno de aprendizaje: Cómo árbitro que juzga y puntúa, o cómo el entrenador que vive y sufre cada movimiento como propio, prepara y corrige fuera del campo y considera los éxitos y fracasos de los alumnos como propios. La excesiva obsesión del sistema en las pruebas externas como si fueran la única garantía de mejora, está destruyendo las posibilidades de que los docentes se planteen un cambio real del modo en el que enfocan las clases.

Los tres aspectos mencionados hasta ahora deberían garantizar el incremento de la autonomía de centro, tan necesaria y tan ausente de nuestras instituciones, que son demasiado homogéneas e inflexibles. Por ello, el cuarto desafío es un cambio en los aspectos organizativos de la escuela, los espacios, los horarios, los recursos, que se articulen con eficacia y con flexibilidad para permitir experiencias de interdisciplinariedad, de trabajo colaborativo, agrupaciones verticales, experiencias fuera de la escuela, redes con la comunidad local y sus habitantes…..Una escuela abierta que deje entrar la vida real a las aulas para ‘practicar’ formas diferentes de afrontarla que les preparen para protagonizarla en el futuro adulto.

La excesiva obsesión del sistema en las pruebas externas como si fueran la única garantía de mejora, está destruyendo las posibilidades de que los docentes se planteen un cambio real del modo en el que enfocan las clases.

En quinto lugar, esto exige un cambio en los modelos de desarrollo profesional de los docentes. Los cursillos puntuales y la buena voluntad no son suficientes para responder a todos los desafíos que la tecnología, el progreso y el cambio en nuestros propios alumnos exigen en estos momentos. La cultura de la mejora continua, la reflexión sobre la práctica, la evaluación del desempeño, la observación de aula, el mentoring y coaching, son algunos aspectos clave de un modelo eficaz de formación del profesorado.

Por último, todo esto exige un liderazgo claro, comprometido y eficaz. Necesitamos equipos directivos y responsables de organizaciones que tengan una visión clara de la escuela que deseamos y la sabiduría necesaria de transformar esa visión en trayectorias diferenciales y plurales para alcanzarla. El cambio requiere de planificación y evaluación constante de los logros y los fracasos, para rehacer y proponer, acompañar y exigir que cada uno aporte los mejor de sí mismo, para convertir a toda la comunidad educativa en cómplice de la aventura de educar a la generación que será responsable del futuro de todos.

Carmen Pellicer. Pedagoga y escritora. Experta en innovación educativa ha participado en el programa ‘Proyecto Zero’ de la Universidad de Harvard. Dirige la Fundación Trilema .
http://fundaciontrilema.org/