Valores sociales y cívicos

El talento tiene que ver con elegir bien las metas y realizarlas. Cuando elegimos una meta, lo hacemos porque en ella encontramos algo valioso, que nos atrae, que queremos conseguir, que nos motiva. Debemos elegir bien los valores que van a dirigir nuestra acción y desarrollar las competencias para ponerlos en práctica. Esta asignatura pretende que los niños aprendan los valores que deben dirigir su acción, y se entrenen para estar en condiciones de convertirlos en realidad.

Una de las novedades de la LOMCE es la inclusión de una asignatura de valores sociales y cívicos en primaria y otra de valores éticos en secundaria. De este modo, el alumnado de la educación obligatoria tendrá la ocasión de formarse en valores a lo largo de todo el proceso educativo.

Es cierto que la noticia no es del todo buena puesto que la asignatura surge como alternativa a la enseñanza de la religión confesional. Es una mala solución, pues va a dejar a muchos niños sin acceso a esta nueva área educativa, pero podemos y debemos afrontarla como una oportunidad positiva que puede dar paso a una posterior generalización del acceso a esta formación.

portada_saviaResponde a una necesidad sentida en todos los sistemas educativos de la Unión Europea, a la que se está dando solución con fórmulas variadas, pero con el común denominador de incluir un área específica a lo largo de la educación obligatoria. Siempre fue un objetivo de la enseñanza formal educar moralmente a los niños, por lo que en parte no deja de ser una nueva manera de afrontar un problema antiguo.

Un aspecto especialmente novedoso de esta materia es que da pie a incorporar a la enseñanza primaria y secundaria esa novena competencia de la que hablaba José Antonio Marina, la competencia filosófica, cuya función es «desarrollar el “pensamiento crítico”, es decir, el que se encarga de saber si algo es verdadero o falso, racional o no, fundado o infundado. Y esta competencia es imprescindible para una sociedad libre, porque sólo el pensamiento crítico nos libera del adoctrinamiento, la propaganda o los prejuicios.»

Esa propuesta sigue a la que ya hace unas décadas inició Matthew Lipman: para formar ciudadanos capaces de participar en la construcción de sociedades democráticas, es necesario enseñarles a pensar de manera crítica, creativa y solidaria sobre los temas importantes de la vida de los seres humanos. Eso se logra facilitando que los niños participen en comunidades de diálogo filosófico y pongan en práctica las competencias propias de la reflexión filosófica. Ese ese el núcleo del programa Filosofía para Niños.

 El pensamiento crítico nos libera del adoctrinamiento, la propaganda o los prejuicios.

Compartiendo esa opción fundamental, hemos optado por elaborar el currículo completo de la asignatura de valores sociales y cívicos y de valores éticos en la editorial SM, combinando los esfuerzos y el saber acumulado por ambos enfoques. Hay, por tanto, una apuesta por el valor formativo de la filosofía y la posibilidad de ponerla en práctica desde el primer curso de enseñanza de primaria.

Las dos orientaciones comparten, además, otras consideraciones de gran calado que hemos tenido en cuenta en la elaboración del currículo:

  • La humanidad ha ido elaborando códigos morales o guías de valores a lo largo de su historia, buscando la mejor manera de resolver los problemas de convivencia a los que tenía que ir haciendo frente. Partir de esos códigos morales, como pueden ser la Declaración de Derechos Humanos y otras normas morales que gozan de aceptación prácticamente universal, es fundamental en un propuesta sólida de educación moral.
  • No se trata de que los niños interioricen esas normas morales, sino de que las aborden con talante crítico y creativo para poder adaptarlas adecuadamente a su propia vida y a la sociedad en la que les ha tocado vivir. Eso implica familiarizar al alumnado en las clases con todas las competencias cognitivas y afectivas propias de ese pensamiento crítico. La propuesta de Filosofía para Niños ha insistido sobre todo en este aspecto: formar personas capaces de pensar por sí mismas, de manera crítica, creativa y cuidadosa.
  • El ejercicio constante de esas competencias tiene como objetivo fundamental que pasen a convertirse en hábitos de comportamiento. Es decir, el enfoque pretende fomentar el arraigo de lo que tradicionalmente se han llamado virtudes y la formación del carácter: pretendemos enseñarles a ser personas resistentes y no vulnerables, creativas y no rutinarias, sociables y no insociables, activas y no dependientes, valientes y no cobardes, reflexivas y no impulsivas, amigables y no agresivas, perseverantes y no veleidosas.

Somos conscientes de que una sola asignatura, una hora a la semana, no es suficiente, pero también somos conscientes de que su generalización puede introducir un cambio importante. Lo que vamos a trabajar en el aula (los valores morales) y la manera de trabajar (convertir las aula en comunidades de investigación filosófica) pretende ayudar a los alumnos a que desarrollen el talento para la vida y, más en concreto, el talento moral: ponerlos en las mejores condiciones posibles para que puedan ser felices y buenas personas, los dos grandes objetivos de la educación.

Pues como ya decía Aristóteles, no nos interesa que sepan lo que es la bondad, sino que sean (que seamos) buenas personas, y para eso trabajamos los dos grandes motores de la acción humana; las emociones y el pensamiento, la dimensión cognitiva y la dimensión afectiva.

Félix García Moriyón. Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense. Catedrático de Filosofía de Enseñanza Secundaria

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