Familia y escuela

up2_editorial_intEs hermoso explorar nuevos caminos. En eso estamos. Todo el mundo está de acuerdo en que la  colaboración entre familia y  escuela es esencial para el éxito educativo. En Reino Unido, en Nueva Zelanda, en Canadá hay establecidos programas de “home support for learning”, o de “collaborative parentship”, o de “parent in partnerships”. La revisión de la bibliografía sobre el tema hecha por la John Hopkins University y el National Center for Family and Communities Connection with School de Estados Unidos, revelan una estrecha correlación entre los resultados del alumno y el modo como se habla  en casa de la escuela , se vigilan los deberes, o se ayuda a niños y adolescentes en sus tareas escolares. Asimismo, es importante la comunicación de los padres con el colegio –y viceversa-, la participación de los padres en actividades escolares y la comprensión por parte de la escuela de los problemas que viven muchos hogares. Los resultados que los alumnos obtienen de esa colaboración son: puntuaciones más altas, mayor implicaciónen los estudios, mayor asistencia a clase, mejor rendimiento en casa y en la escuela, mejores habilidades sociales y una mayor adaptación a la escuela.

Uno de los estudios de la “Capacity Building Series”, editada por el gobierno de Ontario, esta dedicada al “compromiso educativo de los padres”  y señala una posibilidad muy interesante: padres y escuela pueden tejer una red de motivación para el aprendizaje.Todos estos efectos beneficiosos se consiguen con independencia del nivel económico, social o cultural de las familias, lo que favorece la integración escolar.

 

Es importante la comunicación de los padres con el colegio –y viceversa-, la participación de los padres en actividades escolares y la comprensión por parte de la escuela de los problemas que viven muchos hogares.

A pesar de la claridad de los resultados,  establecer una cooperación constante, eficaz y fluida entre familia y escuela no es tarea fácil. Las escuelas de padres y madres no suelen tener éxito, y  se oye con frecuencia la queja de que las familias ceden muchas de sus responsabilidades educativas a las escuelas, y, en sentido contrario, de que la escuelas recelan de la proximidad de las familias. Frente a la cultura de la queja, necesitamos fomentar una cultura de las soluciones. Hemos estudiado más de cincuenta modelos de colaboración ensayados en España o en el extranjero, sobre alguno de los cuales hablamos en este número. Pero no hemos encontrado ninguno que ofrezca tantas posibilidades como  la colaboración entre una institución ya establecida, y con experiencia -la Universidad de Padres- y los centros educativos, aprovechando las facilidades que nos dan las nuevas tecnologías.

Por eso, hemos comenzado  una línea de colaboración con los centros educativos. Creemos que si los programas de la UP se difunden entre todos los padres de un centro, en colaboración con los tutores, teniendo en cuenta no solo los contenidos, sino las herramientas de comunicación que utilizamos (foros de aula, foros generales, biblioteca, cineclub, talleres, etc.), podrían resultar enormemente útiles para todas las partes implicadas: familias, alumnos, docentes, centros. Ayudarían a los padres en la tarea educativa, y a los centros les serviría para completar y dar a conocer su proyecto educativo,  explicando a padres y madres lo que sus hijos están haciendo. De esa manera se podría establecer una poderosa comunidad de aprendizaje, que es lo que todos deseamos.

La Universidad de Padres ofrece unos programas para ayudar a los padres en la educación de sus hijos, para ofrecerles la mejor información disponible, facilitarles la toma de decisiones, y para permitirles desarrollar su talento personal y familiar. Pero, además, a través de los foros, les  permiten comunicarse con otros padres y madres que tienen los mismos intereses y preocupaciones. Estamos consiguiendo hacer realidad  la “inteligencia compartida” de la que tanto se habla. Todo el conocimiento, la experiencia, la información que está distribuida en los participantes en la UP sirve para mejorarla, para que aprendamos mutuamente, para que nos animemos. Mucha veces la teoría educativa  se vive en soledad, y eso resulta agotador. La constitución de una red educativa tan poderosa aumentaría las posibilidades de toda la “tribu educadora” –familias, alumnos, docentes, centros, personas interesadas en la educación- y sería triste desaprovechar una oportunidad así.

Reconozco que me siento entusiasmado ante este proyecto y me gustaría ser capaz de transmitir ese entusiasmo y conseguir  la participación de muchas familias y muchos centros educativos. Necesitamos, pues, su ayuda.

imagen exterior: © Martin Elfman