Una tribu en la universidad

¿Qué relación puede haber entre un paso de cebra, unos hombres de negocios, Hillary Clinton, los maoríes, José Antonio Marina, inteligencia compartida, la teoría contextual de la educación, el aprendizaje informal y la tecnología? Una pista: tiene que ver con una Comunidad muy especial que existe gracias a la Universidad de Padres.

up7_vivir_tribu_intEste verano, sin querer, participé en un acto educativo. Iba por la calle y me disponía a cruzar, cuando en el semáforo se paró un padre con su hija pequeña. Imaginaos Madrid en pleno agosto: un desierto automovilístico. Pero claro, el papá tenía que ejercer como tal y le dijo a la niña que, hasta que no se pusiera verde el muñequito, no se podía pasar. Enseguida llegué a su altura, y decidí pararme también, por aquello de dar ejemplo. De repente, tres ejecutivos apresurados surgieron como de la nada y atravesaron la calzada sin miramientos. La niña dirigió a su atribulado padre una expresiva mirada, entre el horror y la más absoluta confusión. En cuanto el semáforo se puso verde salí pitando, pero no dejaba de pensar en el pobre hombre y en la facilidad con que unos desconocidos habían echado por tierra la lección que pretendía inculcar a su pequeña.

“Tiene razón José Antonio Marina cuando dice eso de que todos educamos, sin darnos cuenta, para bien o para mal”, me dije. “Por eso da tanto la lata con lo de que hace falta la tribu entera para educar a un niño… ¿De dónde habrá sacado ese dicho?”. Y me propuse, en cuanto acabaran las vacaciones, conseguir que me lo explicara. Ni corta ni perezosa, a principios de septiembre me dirigí a la sede de la Universidad de Padres, de la que Marina es creador, para rastrear el origen de este proverbio convertido en lema para el filósofo.

Me explicó que la primera vez que lo utilizó fue en 2004, cuando publicó Aprender a vivir. Sin embargo, él mismo lo había escuchado tiempo atrás, cuando en 1995 Hillary Clinton usó el aforismo para titular un libro sobre educación: It Takes a Village. La por aquel entonces primera dama norteamericana, escogió esta frase para expresar que los niños solo pueden crecer bien y llegar a prosperar si sus familias también prosperan y si la sociedad contribuye a ello. Los niños forman parte de la sociedad tanto como de sus familias. La actual secretaria de Estado afirma que vivimos en un mundo interdependiente donde todo lo que los niños ven, oyen y sienten, afecta a su crecimiento e influye en quiénes se convertirán. “Cada uno de nosotros juega un papel en la vida de todos los niños” (Clinton, 2007).

“Tiene razón José Antonio Marina cuando dice eso de que todos educamos, sin darnos cuenta, para bien o para mal”

Marina coincide: la labor educativa no solo compete a padres y maestros, sino a toda la tribu. En Aprender a vivir, el escritor retoma el proverbio para sintetizar la teoría contextual de la educación, que afirma que esta siempre se da en un entorno, y destaca la importancia de ese entorno en la educación. Lo cual nos lleva a la teoría de la inteligencia compartida. El ambiente en que vivimos (nuestro círculo familiar y de amigos, el lugar de trabajo, el barrio, pueblo o ciudad) puede favorecer o bloquear la inteligencia. ¿No hemos estado todos con gente sosa y aburrida, y no hemos sabido qué decir? ¿Y, al contrario, con grupos de personas chispeantes que han potenciado nuestro ingenio? El entorno es fuente de posibilidades o de limitaciones, por eso nos conviene vivir en entornos favorables e inteligentes. Nosotros formamos parte de ese entorno, por eso, queramos o no, educamos. Ocurre lo mismo que con la comunicación: nos comunicamos siempre, irremediablemente. Como sociedad, educamos de mil maneras: con las modas, los programas de televisión, el lenguaje… Todo manda un mensaje, y los niños son los más sensibles a él.

“Los padres solos no pueden educar a sus hijos, hagan lo que hagan, porque no pueden protegerlos de otras influencias muy poderosas –escribe Marina- La intervención de padres y maestros es imprescindible, pero todos debemos conocer sus limitaciones y reconocer que, en la tupida red de influencias en que vivimos, todos ejercemos una influencia educativa, buena o mala, por acción o por omisión.” (Marina, 2010).

Por eso, Marina vio que había que dar un paso más y puso el colofón al antiguo proverbio: “Para educar bien a un niño hace falta una buena tribu”. Porque, como educa todo el mundo y en todo momento, aunque no sea de manera consciente, se puede educar bien o educar mal, como los tipos trajeados de mi semáforo. Así que es fundamental que eduquemos bien. De ahí nace la idea de iniciar una Movilización Educativa y de fundar una Universidad de Padres.

Si queremos educar bien a nuestra infancia, es decir, educarla para la felicidad y la dignidad, es imprescindible una movilización educativa que retome es espíritu del viejo proverbio africano: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”.

(Aprender a vivir, 2010)

No sé vosotros, pero yo, que soy un poco novelesca, cuando pienso en una tribu, me imagino una pacífica comunidad, un ambiente sencillo entre chozas y palmeras donde reina la confianza y se comparten los cuidados, los consejos, los bienes y la responsabilidad. Como los pueblos maoríes, donde los niños eran criados por todas las mujeres del grupo y podían llamar “madre” o “abuela” a cualquiera de ellas.

Pero, ¿dónde está esa tribu hoy? ¿Tiene cabida algo así en esta sociedad individualista, apresurada y totalmente imprevisible? Miro a mi alrededor y encuentro muchas madres y padres que se sienten solos, que echan en falta una red familiar y social de apoyo, un entorno amable donde se sientan acogidos, donde se les ayude, aconseje, comprenda… Me da la sensación de que piden a gritos precisamente eso, una tribu. El otro día incluso me topé con un libro sobre maternidad llamado ¿Dónde está mi tribu?, de Carolina del Olmo.

Pues bien, en la Universidad de Padres cultivan –y hasta miman, diría yo- esta idea de la tribu, de comunidad preocupada e implicada en un fin común: la educación. La tribu, además de un lema, es la seña de identidad de este Campus para padres. Porque no solo se aprende a base de teoría y actividades; resulta fundamental un entorno de aprendizaje informal que complemente los contenidos formales. En esto consiste la comunidad UP, un espacio dentro del Campus diseñado especialmente para compartir y aprovechar el talento de los participantes. Una verdadera tribu virtual, favorecida por las nuevas tecnologías que suprimen la distancia física.

En la Comunidad o Tribu UP encontramos debates, foros, conferencias y una amplia biblioteca, elementos que permiten mejorar las destrezas colaborativas y la inteligencia social, conocer otros puntos de vista, dialogar sobre los problemas cotidianos. Los alumnos de la UP tienen a su disposición esta herramienta creada para poner en contacto a todos los padres que participan y facilitar el intercambio de impresiones, experiencias, ideas, proyectos… lo que sirve para ampliar conocimientos, mejorar las competencias educativas, aumentar la colaboración…y, por supuesto, para compartir los avances y alegrías del día a día.

 

Bibliografía

Clinton, H. (2007) “It Takes a Village”. Londres. Pocket Books

Marina, J. A. (2010) “Aprender a vivir”. Barcelona. Ariel

Olmo, C. (2013) “¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista”. Madrid. Clave intelectual.

Imagen portada: Licencia Creative Commons. Gauguin

Imagen artículo: Licencia Creative Commons. Paul Gauguin