¿Cuál es ese misterioso Factor E?

Cuando en un aula se enseña al niño a trabajar por proyectos, se cuida el aprendizaje de la atención voluntaria, se le enseña a saber aplazar la recompensa y a mantener el esfuerzo, se le ayuda a organizar su memoria y a saber usarla, y se le entrena en lo que llamamos habilidades metacognitivas, se está educando el Factor E, tal vez sin saberlo.

up7_horizonte_factorE_internaMuchas cosas se están moviendo muy rápidamente en educación, y no podemos quedarnos al margen. Las más importantes tienen que ver con una nueva idea de inteligencia que está emergiendo, con la relación que va a establecer con las nuevas tecnologías y como este ensamblaje va a influir en nuestro futuro. A partir de los descubrimientos de la neurociencia, sabemos que la inteligencia puede diseñarse a sí misma y gestionar sus capacidades. Llamamos talento a la óptima autogestión del cerebro. Pues bien, el Factor E es el que nos permite esa gestión y, por lo tanto, el talento depende de él, y su buen desarrollo es esencial para el futuro de nuestros niños y adolescentes.

Hablando de él, la revista Newsweek  titula en portada: “La competencia escolar que importa más que el cociente intelectual”. El psicólogo Adam Cox, autor de No Mind Left Behind,  escribe: “El conocimiento del Factor E supone una revolución en el modo de educar a niños y adolescentes”. James Heckman, premio Nobel de Economía, tras estudiar los programas educativos que han tenido éxito, detecta la importancia decisiva del Factor E.  Adele Diamond, de la British Columbia University, ha mostrado la correlación entre el Factor E y los resultados escolares. Walter Mischel, de la Columbia University, sostiene que el Factor E predice mejor la evolución del alumno a medio y largo plazo que los test de inteligencia. Lo mismo dice Terri Moffit, a partir de los datos del Dunedim Multidisciplinary Health and Development Study, que ha seguido a los participantes durante 40 años. Según el Center on the Developing Child de la Universidad de Harvard, su buen desarrollo en la infancia es el puente que une el éxito escolar con el desarrollo social, emocional y moral.

Pero ¿cuál es ese misterioso Factor E? “E” procede de executive control. En los últimos años, la neurociencia ha estudiado con gran interés  lo que se llaman “funciones ejecutivas” del cerebro. Son las que organizan todas las demás funciones  intelectuales, emocionales, motoras- para dirigirlas a una meta. Es nuestro director de orquesta cerebral. En los programas de la UP –que son pioneros en la aplicación de estos descubrimientos- hemos desglosado el Factor E en cuatro funciones:

  • Gestión de la atención.
  • Gestión de la memoria.
  • Gestión de las emociones.
  • Gestión del comportamiento.

Nuestros primos animales también atienden, recuerdan, se emocionan y actúan. La gran diferencia es que nosotros podemos controlar esas actividades, que los animales realizan dirigidos por estímulos exteriores o impulsos interiores.Tenemos una atención involuntaria como ellos, pero también podemos dirigir voluntariamente la atención. Tenemos sistemas de memoria parecidos, pero, además, podemos decidir lo que queremos aprender. Tenemos emociones diseñadas genéticamente, pero podemos educarlas, modularlas, bloquearlas o estimularlas.

Y, por último, tenemos sistemas de comportamiento preprogramados, pero también podemos elegir metas y dirigir nuestra conducta hacia ellas. Podríamos llamar al Factor E “factor voluntad”, si esta palabra no estuviera tan desprestigiada. O “factor libertad”, si no fuera una expresión confusa. Hay que tener en cuenta que las funciones ejecutivas permiten que el cerebro humano se construya a sí mismo. Somos los diseñadores de nuestra propia inteligencia.

Somos los diseñadores de nuestra propia inteligencia.

Muchos de los problemas que encontramos en las aulas, tienen su origen en un mal desarrollo del Factor E, de las funciones ejecutivas: trastornos por déficit de atención, impulsividad, poca tolerancia al esfuerzo, dificultad para mantener metas, problemas de aprendizaje, fracasos en la integración social, problemas de adicciones, agresividad, falta de responsabilidad, incapacidad para tomar decisiones, etc. También una gran parte de las enfermedades mentales derivan de un mal funcionamiento de las funciones ejecutivas.

Tenemos emociones diseñadas genéticamente, pero podemos educarlas, modularlas, bloquearlas o estimularlas.

Ahora sabemos que el talento no está antes sino después de la educación, que se convierte así en la gran generadora de talento. Y sabemos también la fundamental acción de las funciones ejecutivas. Haberlas incluido en nuestros programas nos proporciona la satisfacción de que estamos en la vanguardia educativa.