Slow Parenting

up5_breves_slowparenting_150El llamado Slow Parenting es un estilo de paternidad simplificado, paciente y consciente,  que propone dejar a los niños desarrollarse en función de sus propios logros sin controlar rígidamente o en exceso su formación, ocio y seguridad.

Debemos esta idea a la enfermera canadiense Jean Alice Rowcliffe, que trabajó más de 30 años como cuidadora en hogares de EEUU y Reino Unido (trabajando incluso para la Casa Real Británica). Toda esta experiencia acumulada y el contacto con muy diversas familias la llevó a embarcarse en una particular misión: recordar a las familias el valor de la paternidad en sí, enseñarlas a relajar el ritmo de crianza disfrutando de cada momento del desarrollo del niño. Considera que no es necesario organizar cada minuto de la vida de los pequeños, porque ellos ya cuentan con una forma de aprendizaje: el juego. En efecto, uno de los lemas de este estilo educativo dice: “el trabajo de los niños es jugar”.

Los niños necesitan jugar, aburrirse, equivocarse, caerse… porque todo ello es en sí un aprendizaje.

Rowcliffe reacciona contra la cultura de la sobre-estimulación, obsesionada con la perfección y la preparación, ultra planificada y que sólo valora el logro. Este tipo de educación produce niños que carecen de herramientas para el autodescubrimiento y la exploración. Por el contrario, el Slow Parenting cuenta con un decálogo en que se insta al juego, a reducir el contacto con la tecnología y aumentarlo con la naturaleza, que recupera el sentido de comunidad y de familia como primeras escuelas del niño e insiste en que los niños necesitan límites y momentos de tranquilidad, frente a la saturación y las apretadas agendas de hoy en día.

Uno de los lemas de este estilo educativo dice: “el trabajo de los niños es jugar”.

Con estas características, el Slow Parenting se circunscribe también dentro del Movimiento Slow, donde cuenta con defensores como Carl Honoré, autor del libro Bajo Presión y embajador de la filosofía Slow, basada en simplificar la forma de vida, bajar el ritmo de actividad y disfrutar más, comer despacio, caminar, descansar.

El Slow Parenting no renuncia a la formación de los padres ni a que aprendan distintos estilos y herramientas parentales, pero aboga por el sentido común y porque cada familia encuentre la fórmula que mejor se adapte a ella.