¿Para qué sirve el parenting?

Una actitud abierta, positiva y de aprendizaje continuo ayuda a sacar el mejor provecho de la experiencia de educar a un hijo. Y el parenting nos proporciona las mejores herramientas para poder hacerlo.

up4_ruta_para_quesirve_parenting_int¿No sería preferible dejar una mayor libertad al niño, y guiarnos simplemente por el sentido común al educarle, en vez de leer todo lo que nos vayamos encontrando o nos recomienden leer sobre el tema, lecturas que no harán más que acentuar nuestra sensación de que no estamos a la altura porque no cumplimos con sus indicaciones? En las sociedades autoritarias y homogéneas, las dificultades para educar a un niño se sorteaban con relativa facilidad. Las preocupaciones fundamentales eran la alimentación y la higiene, que era lo que enseñaban las primeras escuelas de madres, como la de la Sra. Moll-Weiss a principios del siglo XX; los padres se limitaban a reproducir rutinas educativas que habían recibido de sus propios padres; y los valores que transmitían a sus hijos eran coherentes con lo que el resto de la sociedad transmitía al niño y con lo que se esperaba de él.

Educar se ha convertido en un complejo quehacer psicológico.

Los mensajes que le llegaban a los chicos desde la familia y desde la sociedad no diferían entre sí. Pero ahora nos encontramos con que nuestros hijos están creciendo en entornos heterogéneos, muy dinámicos y vulnerables, que cambian con una velocidad sorprendente, entornos muy inseguros, y que requieren de una serie de destrezas y recursos personales que no eran necesarios en sociedades más rígidas y estables.

El parenting es un proceso, que trata de promover y apoyar el desarrollo físico, emocional, social e intelectual del niño, y acompañarlo en su transición hacia la etapa adulta. En el caso de la crianza durante la etapa infantil de desarrollo, ésta se ha mostrado necesaria no sólo para los humanos, sino para la supervivencia de muchos animales. Los biólogos evolutivos han reconocido la importancia del parenting para la transmisión de genes a las siguientes generaciones, y en el caso de los humanos, por el período extendido de inmadurez de sus criaturas, esta necesidad se convierte en algo fundamental. Criar a los niños es una necesidad biológica; acompañarlos en su desarrollo, incluso en la etapa de la adolescencia, una demanda social que se presenta a los padres surgida de la complejidad del entorno en que nos ha tocado vivir.

Carl Honoré, en el libro “Bajo presión”, considera que hemos entrado en la Era del Niño Dirigido: repleto de deberes y actividades extraescolares, estresado por exigencias continuas y sobreprotegido por padres obsesionados con su seguridad.

¿Y cómo me enfrento yo, un padre o madre que se siente poco preparado, que se ve obligado a aprender sobre la marcha, a la tarea de educar a un niño para un mundo que no termino de entender y que, con frecuencia, me supera?

Educar a un niño es, entre otras muchas cosas, una oportunidad para el aprendizaje y para el desarrollo de destrezas personales que de otra forma nunca adquiriríamos. No hay mejor manera de aprender que enseñar a otro. Cuando ponemos el foco en la realidad externa de nuestro hijo, esto nos facilita la toma de conciencia acerca de nuestras propias realidades internas. Mientras formamos, nos vamos dando forma a nosotros mismos, reflexionando sobre lo que somos y poniendo a prueba nuestros recursos personales. Nos vamos probando mientras acompañamos al niño o al adolescente en su desarrollo. La naturaleza dinámica de lo que va desplegando ante nosotros a lo largo del día, su realidad cambiante, termina siendo un reflejo de la misma realidad que encontramos a diario en nuestra vida profesional y personal, una realidad que se nos presenta a menudo como enormemente impredecible. Si lo observamos atentamente, y gestionamos de la mejor manera el trato con él, aprenderemos mucho sobre nuestro propio mundo y las mejores maneras de lidiar con la incertidumbre.

Aquí es donde entran en juego el parenting, aquel conjunto de herramientas, reflexiones y técnicas que psicólogos, pedagogos, y otros profesionales del desarrollo infantil y del mundo educativo nos proporcionan. No debemos verlas como metodologías rígidas que requieren una aplicación exhaustiva, sino como pautas y sugerencias que pueden proporcionarnos pequeñas pistas para mejorar nuestra propia realidad familiar. Experimentando y probando lo que ha ayudado a otros en determinados momentos, vamos elaborando nuestra propia cartografía, en consonancia con nuestro carácter y nuestros valores.

Las diferentes estrategias y prácticas del parenting nos permiten identificar nuestras fortalezas y recursos, y las de nuestros hijos; construir estructuras sólidas que les apoyen en su desarrollo socioafectivo, reflexionar sobre los hábitos y las rutinas que estamos estableciendo a diario, acercarnos a los diferentes estilos de crianza y las posibilidades que despliegan, mejorar la comunicación abierta sobre los actos importantes para nuestra familia, resolver problemas concretos que van apareciendo, conciliar las metas personales con las metas comunes y mejorar el sentimiento de la propia eficacia.

El parenting actual no pone tanto el énfasis en los problemas educativos y las disfunciones de los chicos, sino en sus fortalezas y recursos personales.

El papel que la familia juega en el rendimiento académico de los chicos se ha mostrado como determinante, y los investigadores se han pronunciado en multitud de ocasiones en este sentido. Las demandas educativas que una sociedad tan compleja como la actual traslada a la familia son enormemente exigentes en muchas ocasiones, y con frecuencia nos vemos desbordadas por ellas. Una actitud abierta, positiva y de aprendizaje continuo ayuda a sacar el mejor provecho de la experiencia de educar a un hijo. Y el parenting nos proporciona las mejores herramientas para poder hacerlo.

En el Centro de Investigación de la Universidad de Padres, estudiamos los programas puestos en práctica en todo el mundo para ayudar a los padres en la educación de sus hijos, La revista Cuadernos de Pedagogía, una publicación fundamental que favorece el debate pedagógico, nos encargó para su “Biblioteca Básica del Profesorado” un libro sobre las Escuelas de Padres y Madres. Esta obra recoge un importante banco bibliográfico sobre la importancia de la familia en la formación de la personalidad infantil, y sobre el modo de conseguir la imprescindible colaboración entre escuela y familia.

 

Fuentes:
Imagen portada: Licencia Creative Commons. Juan Moreno Cobo
Imagen artículo: Licencia Creative Commons. Erjkunczyk