Una nueva imagen de la adolescencia

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Cuando se habla de adolescencia se hace en tono preocupado o indignado. Las noticias en los medios de comunicación casi siempre son negativas. Abundan libros apocalípticos del estilo de “¡Socorro!¡Tengo un hijo adolescente!”, (Bayard) “Mi adolescente me vuelve loco” (Bradley), “Esos adolescentes que nos dan miedo” (Coslin). Uno de los libros mas completos en español sobre adolescencia lleva como subtítulo “Riesgos, problemas y trastornos”. (Toro). Michel Fize, un conocido experto en estos temas, señala que “nuestro conocimiento actual de los adolescentes proviene casi exclusivamente del estudio de sujetos enfermos. Los adolescentes felices, como los pueblos felices, no tienen historia”. Esto puede provocar lo que los psicólogos llaman “self-fulfilling prophecy”, una profecía que se cumple por el hecho de enunciarla. Hay que tener en cuenta que la adolescencia no es un hecho biológico –eso es la pubertad- sino cultural, y que por lo tanto depende de la interpretación cultural que se la dé.

Las noticias que nos vienen de la neurología nos dicen que la adolescencia es una edad de oro del aprendizaje. El cerebro se rediseña por completo y los adolescentes tienen una gran oportunidad  de adquirir nuevas destrezas. A eso hemos dedicado uno de los artículos de esta revista. Los adolescentes tienen que tomar las riendas de su aprendizaje, pero nosotros debemos conocer cuáles son sus posibilidades, para ayudarles.

En muchos lugares se están elaborando programas educativos muy innovadores para adolescentes, que se basan en una concepción optimista de este periodo vital. También informamos sobre ellos.

No podremos aprovechar ninguna de estas oportunidades si no cambiamos el modelo de adolescencia que estamos transmitiendo, si no rodeamos socialmente a los adolescentes de un clima de apoyo, confianza, reconocimiento, y exigencia.

La presión del ambiente es tremenda. Hay una potente industria que considera que el adolescente es un consumista compulsivo y que debe fomentar esta compulsión. Con frecuencia los adultos les estamos intoxicando de comodidad, y con ello haciéndoles muy vulnerables. Es preciso proponerles modos nobles de vida, y  no sólo modos confortables de vida. Esto es difícil de hacerlo de forma individual, como saben madres y padres, porque la influencia del grupo sobre el adolescente es enorme. Por eso debemos intentar no sólo educar a nuestros hijos directamente, sino ayudando a cambiar el entorno en el que crecen nuestros hijos.

Necesitamos cambiar el modelo de adolescencia que nos está perjudicando a todos. Pero alterar un “modelo social” es difícil. Hace falta que mucha gente lo tenga claro y colabore en ello. Queremos fomentar uno basado en el “talento de los adolescentes”. Sustituir el discurso del déficit, del problema, de la angustia, por un discurso de la posibilidad, del crecimiento personal, del desarrollo de la personalidad.  Y para eso necesitamos su ayuda. La Universidad de Padres no es sólo una universidad para ayudar a los padres a educar a sus hijos, sino también un centro de investigación, de creatividad social, para intentar que nuestros niños y jóvenes crezcan en un ambiente  estimulante y protector.

Por eso, necesitamos la colaboración de todos los que estén interesados en el futuro de nuestra juventud, sean padres o no.

 

Imagen portada: Licencia Creative Commons. Priscila Tonon