Invisibles y sin palabras: Pobreza infantil

Goyo Aranda es experto en temas de educación de menores. Actualmente trabaja, desde diferentes ámbitos, con juventud y atención social y durante 9 años fue el responsable de políticas locales de la Fundación Unicef.

Para comenzar su ponencia nos contó un breve relato de Jorge Bucay sobre la autonomía de los niños:

La historia lleva por títuloLos niños estaban solos” y cuenta cómo dos hermanitos (un bebé y su hermano de seis años) se quedaron solos mientras dormían la siesta porque su cuidador se fue a dar un breve paseo con su novio, habiendo cerrado la puerta del cuarto por fuera y guardándose la llave en el bolsillo.

En este tiempo se produjo un incendio en la casa y el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía  a los dormitorios.

El niño de seis años, Pancho, saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo. Gritó pero nadie acudió en su auxilio. Intentó llamar por teléfono a su madre pero no había línea… luego intentó abrir la ventana para salir y sacar a su hermanito… pero la alambrada de protección que habían instalado sus padres hacía imposible la salida por allí….

Acaba el cuento Bucay diciendo que “cuando  los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo: ¿Cómo pudo un niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero? ¿Cómo pudo cargar al bebé en la mochila? ¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y  bajar por el árbol? ¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?

El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado, les dio la respuesta: Panchito estaba solo…no tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.

AB9

Goyo nos expuso la realidad de muchas familias españolas que desgraciadamente se ha agudizado con la crisis económica. Estamos ya acostumbrados a ver en todos los medios de comunicación noticias sobre desahucios, cifras del paro, la caída del consumo de carne o  fruta. Pero nunca se ha dado voz a los niños que son víctimas directas de esta dramática situación. Nadie les ha preguntado a ellos cómo están sufriendo esta crisis. Nadie hace referencia a la brecha de desigualdad que se ha visto incrementada dejándoles con menos recursos para poder competir el día de mañana con el resto de niños de su generación…

Para poder investigar sobre este tema, G. Aranda ha recorrido muchos pequeños municipios españoles, recabando datos en los colegios, como por ejemplo cuántos niños habían tenido que dejar de ir al comedor escolar. La cifra fue alarmante y él se preguntó ¿por qué? La respuesta es simple. Alguno de los padres se había quedado en el paro y ahorraban en los gastos fijos familiares llevándose a los niños a comer a casa. Preguntó a muchos niños si sabían lo que era la pobreza o la crisis y de que forma la percibían. Se sorprendió escuchando cómo niños de edades muy tempranas eran perfectamente conscientes de lo que pasaba en sus casas aunque nadie se lo hubiera explicado. Su papá ahora estaba más enfadado que antes, discutían más en casa, ya no podían ir a la playa en verano, ni a comer a un restaurante los domingos… Pero también aprendió, gracias a estos testimonios, una lección que nos ha querido trasmitir sobre cómo algunos padres habían sabido revertir la situación y aprovechar las circunstancias adversas en su propio beneficio. Algunos padres ya no tenían trabajo, pero ahora jugaban más tiempo con ellos por las tardes, los domingos iban más a comer a casa de su abuela, aprovechaban los días que no había cole para hacer excursiones al campo todos juntos o pasaban todo el verano en el pueblo.

Desde Universidad de Padres nos gustaría trasmitiros este tipo de valores para desestigmatizar el problema de la pobreza que sufren muchas familias. No hablamos en este caso de familias de países lejanos o subdesarrollados. Son tal vez tus vecinos de escalera, un amigo del cole de tu hijo, los hijos del señor que te sirve el café cada mañana en el bar de debajo de tu oficina, de tu pueblo, de tu barrio e incluso quizás eres tú.

Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo” (Eduardo Galeano)

Familias que comen todos los días pero ya no pueden permitirse comprar pescado o carne todas las semanas, no puede hacer frente a un gasto imprevisto como es arreglar un electrodoméstico, ya no tienen coche.

Nos gustaría trasmitiros una serie de recursos:

  • Debemos abrir los ojos ante las distintas realidades que nos rodean y concienciar a nuestros hijos desde el ámbito doméstico en una serie de valores cruciales para el futuro y presente de nuestra sociedad como son la responsabilidad, la autonomía, la libertad, el derecho a equivocarse en la toma de decisiones entre otros
  • Debemos concienciarles sobre la moderación de nuestro consumo. Explicarles el valor real de las cosas, lo que cuesta ganarlas, que el tener una determinada cosa no te hace sentir más feliz. Aunque quisiéramos comprarles todo lo que piden, ni es bueno para ellos ni vamos a poder hacerlo porque sus deseos serán inagotables. Ser un ejemplo con nuestro propio consumo. Explicarles la diferencia entre lo que es una necesidad de un capricho.
  • Sensibilizar a nuestros hijos sobre las circunstancias económicas de una familia desde la dignidad, la humanidad, el respeto, la igualdad y prepararles de este modo, porque nos puede pasar en un momento dado a cualquiera.
  • Promover la escucha activa, ya que ellos pueden también aportar grandes ideas, pueden ayudar escuchando a otros niños.
  • Debemos acercarles a estas realidades a veces tapadas por vergüenza, ocultas, para que comprendan que hay otras personas que lo pueden estar pasando mal. Que practiquen la empatía, el mutuo entendimiento para que puedan surgir de ellos iniciativas simples y cercanas como donar algo que no estén utilizando que alguien puede que necesite o ya más mayores quieran participar con entidades, asociaciones, hagan voluntariados…

El webinar finalizó con un turno de preguntas donde salieron algunas cuestiones muy interesantes:

  • Cómo pueden influir en nuestras familias las modas y las campañas publicitarias tan potentes. Debemos ver esta cuestión cómo una oportunidad pedagógica y fomentar la comunicación para ayudarles a desarrollar un pensamiento crítico. Ayudarles a que filtren la cantidad de información que van recibir, no aislarles, dotarles de autonomía con pequeños gestos como ir solos al cole, hacer la compra, despertar su curiosidad, su talento e ilusión…
  • No por el hecho de tener una determinada marca les hace mejores que los demás, que deben aprender a que se sientan bien consigo mismos al margen objetos o marcas. Distinguirse más por lo que hacen que por lo que tienen. Y aplicarnos este mismo criterio a nosotros mismos , adultos, con respecto a un coche, un reloj, un bolso…
  • La sobreprotección es un tema que tratamos tanto en el webinar como dentro de la Universidad de Padres. No debemos tener miedo a hablar con nuestros hijos de ningún tema por pequeños que les consideremos. Los niños perciben más de lo que nosotros imaginamos y muchas veces es peor no  darles una respuesta o una explicación. Explicarles, que se den cuenta, que nos entiendan, que sientan que pueden preguntarnos sin miedo… trabajar la imaginación para sustituir actividades… no caer en el paternalismo. Resulta paradójico el debate abierto sobre adelantar la edad para poder ejercer el derecho al voto a los dieciséis años, la legalidad en tener relaciones sexuales a partir de los catorce años y sin embargo mantenerlos en una burbuja de sobreprotección el mayor tiempo posible. Tenemos que motivarles y enseñarles para que sean autónomos, responsables, capaces de resolver conflictos o situaciones inesperadas de forma progresiva hasta que alcancen la madurez.