TDAH en la edad adulta

El déficit de atención en la edad adulta se expresa como problemas para concentrarse, para organizarse y para gestionar el tiempo, para persistir en las tareas que requieren mantener la atención, facilidad para olvidarse de las cosas, poca atención a los detalles, no escuchar lo que se le dice o distraerse por estímulos externos irrelevantes, repercutiendo así en sus estudios, vida laboral o social.

Recientemente sabemos que el TDAH puede afectar también en la edad adulta. Hasta los años 60 se le denominaba síndrome hipercinético del niño y se consideraba como síntoma nuclear la hiperactividad motriz. Como ésta mejoraba con el desarrollo, se creía que desaparecía. En los años 60 se le considera ya un trastorno del comportamiento y en 1968 se le denomina “reacción hiperkinética de la infancia”. No es hasta los años 70 cuando Virginia Douglas, psicóloga, y la doctora Susan Campbell demostraron que el síntoma principal era la falta de atención; como soñar despierto o la falta de concentración, y que a su vez está relacionada con la impulsividad cognitiva, física y verbal,  mientras que la hiperactividad podía o no aparecer.

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El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad) es un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por la presencia de síntomas de Déficit de Atención, Impulsividad y puede o no, de Hiperactividad, que afecta entre el 5 y 7% de la población infantil. Los estudios muestran que hay un alto contenido genético en su aparición y que los factores ambientales no lo ocasionan aunque pueden mejorar o empeorar su pronóstico. Al llegar a la edad adulta existe una evolución de los síntomas; se incrementan las dificultades en la atención, se mantiene o aparece un ligero incremento de la impulsividad y hay una disminución de la hiperactividad. Actualmente se estima que la prevalencia en la edad adulta oscila entre el 2’5-3’4% de la población general (Simon, Czobor, Bálint, Mészaros &Bitter, 2009), siendo el 50% varones y el 50% mujeres.

La revisión de estudios efectuada por Golstein sobre seguimiento de niños hasta la edad adulta aportó los siguientes resultados; entre un 10-20% de los niños con TDAH experimenta escasos problemas en la edad adulta, hasta el 60% restante continúan presentando síntomas de TDAH y otras afectaciones derivadas de éste y el 10% restante presentarán problemas de conducta y emocionales mucho más graves.

El Déficit de atención en la edad adulta se expresa como problemas para concentrarse, para organizarse y para gestionar el tiempo, para persistir en las tareas que requieren mantener la atención, facilidad para olvidarse de las cosas, poca atención a los detalles, no escuchar lo que se le dice o distraerse por estímulos externos irrelevantes, repercutiendo así en sus estudios, vida laboral o social.

La Impulsividad puede traducirse en cambios constantes de pareja, de trabajo, de amistades, fragilidad emocional como explosividad, irritabilidad o cólera, carecer de paciencia para lograr metas, necesidad constante de estimulación, baja tolerancia al aburrimiento, poca capacidad de perseverar o la aparición de comportamientos de riesgo (conducción temeraria, consumo de tóxicos, relaciones sexuales inapropiadas…), y todo ello afectando a sus relaciones con amigos o en la familia y en la toma de decisiones.

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La Hiperactividad se muestra como inquietud interior, en querer hacer muchas cosas a la vez, llevar una vida muy sobrecargada y dedicarse a trabajos de mucha dedicación horaria.

En muchos adultos con TDAH estas conductas están relacionadas con alteraciones de las funciones ejecutivas, en el córtex prefrontal, que actúan como un sistema de dirección y coordinación de los procesos cognitivos y conductuales, esenciales en el desarrollo psicológico, social y cognitivo de la persona. Éstas nos permiten planificar, organizar, guiar, revisar, regular o evaluar el comportamiento necesario para lograr las metas. Éstas son la memoria de trabajo, que permite recordar datos del pasado para aprender y actuar correctamente, la función del lenguaje interno que nos da autoinstrucciones para dirigir el comportamiento, la función para la autoregulación de las emociones y la motivación para superar obstáculos y encontrar alternativas y finalmente la función para resolución de problemas que ayuda a planificar los problemas de forma ordenada en el tiempo e inhibir las distracciones para no cometer errores.

Esta combinación de síntomas puede provocar un deterioro funcional importante y en los casos más difíciles aparecer problemas más complejos: a nivel personal, puede afectar en tener una autoimagen y autoestima negativas, poca seguridad en uno mismo, pobre autocontrol emocional y una constante sensación de descontrol, no lograr unas cualificaciones académicas adecuadas, poder tener  accidentes o desarrollar conductas de riesgo. A nivel familiar se generan conflictos con los padres, hermanos y la pareja. A nivel laboral, suele haber insatisfacción con lo que aparecen dificultades para comprometerse en los proyectos, además de tener frecuentes cambios de trabajo. Presentan unas habilidades sociales deficientes, lo que hace que en sus relaciones puedan haber malentendidos y conflictos.

Por todo lo anterior, entre el 60 y 70% de los adultos con el trastorno, desarrollan en algún momento de sus vidas otros problemas que pueden presentarse como patologías psiquiátricas, entre ellos los más frecuentes son los trastornos de ansiedad, los trastornos del estado de ánimo o los trastornos de la conducta.

Evaluar el TDAH en la edad adulta es un proceso complejo que requiere de un profesional muy experto. Se ha de valorar la posible relación entre el deterioro actual con un TDAH en edades más tempranas, y si este deterioro afecta a diferentes ámbitos de la vida del adulto. Es imprescindible evaluar si hay otro trastorno mental que explique mejor la sintomatología que el adulto presenta y, por último, habrá que estudiar si presenta otro trastorno asociado. Existen herramientas como las entrevistas semiestructuradas, las escalas y cuestionarios que contemplan cada una de las áreas de deterioro comentadas, las más comunes son  la Conners Adult ADHD Diagnostic Interview (CAADID-Parte II), o la Conners ADHD Rating Sacale (CAARS).

Una vez confirmado el diagnóstico, se ha de empezar un plan terapéutico con varias opciones de intervención ajustado a las características y necesidades de cada adulto. Si la sintomatología es de moderada a severa, se recomienda medicación psicoestimulante como primera opción, un segundo paso sería la psicoeducación para proporcionarle información adecuada del trastorno, y la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) con el fin de reestructurar pensamientos y atribuciones disfuncionales, además de reestablecer mejores funciones ejecutivas para la planificación y organización o la reducción de la postergación. Con estas intervenciones se generan actitudes y cambios que mejoran la motivación y contribuyen a reestructurar de forma más positiva la vida del afectado.

Algunos consejos útiles:

Limitar las distracciones:

  • Utilizar auriculares y música relajante para omitir los sonidos de la oficina o zona estudio
  • Trabajar en un espacio ordenado con pocas distracciones
  • Tener a mano todo lo necesario, para no distraerse al tener que buscarlo
  • Anotar las ideas en un cuaderno para no interrumpir las tareas que se están realizando
  • No iniciar una nueva actividad/tarea hasta que no se haya concluido lo que se está haciendo

Gestión del tiempo:

  • Dividir los proyectos (estudio, trabajo) en pequeñas tareas y fijar el tiempo disponible para realizar cada una de ellas
  • Auto-premiarse por lograr alcanzar estos objetivos en el tiempo marcado
  • Programar alertas y alarmas para revisar el tiempo de finalización de cada tarea
  • Evitar horarios sobrecargados, por subestimar la duración de cada tarea
  • Es muy útil organizar la información por prioridades en cada tarea y tener otro apartado en el que colocar las finalizadas

Qué pueden hacer para tener una buena interacción social:

  • Antes de hablar o actuar, recapacitar durante 10 segundos para cerciorarse de si es o no una buena idea
  • Practicar la “escucha activa”, prestando mucha atención a lo que los demás comentan antes de unirse a la conversación
  • Pedir a los amigos, familiares, profesores o terapeuta, que le ayuden a practicar las habilidades de comunicación, incluyendo la práctica de cómo realizar preguntas correctamente

Qué hacer para organizarse:

  • La organización es una herramienta muy útil para no olvidarse de las cosas, ahorrar tiempo y llevar una vida lo más organizada posible
  • Se recomienda instalar en el pasillo unos colgadores con etiquetas para colocar las llaves y así evitar perder tiempo buscándolas
  • Crear listados con las tareas o actividades pendientes para saber que queda por realizar
  • Usar calendarios donde anotar las citas, actividades sociales, cumpleaños… y recordar rellenarlo
  • Utilizar los post-its con diferentes colores para cada categoría de recordar temas pendientes; llamadas o pagos etc.

Isabel Rubió Badia, presidenta Fundación Adana y Laia Salat,