Filosofía Rebelde

Nos apuntamos al método socrático y dialogamos con Fran García Oeo, un profesor que ha decidido enseñar Filosofía a los estudiantes de 2º de Bachillerato, después de que la LOMCE haya cercenado esa opción. Su taller es totalmente voluntario, pero acuden alumnos entusiasmados e incluso otros profesores.

Uno de los (numerosos) enfrentamientos a los que hemos asistido durante el desarrollo e implantación de la polémica LOMCE, ha sido el referente a la Historia de la Filosofía, asignatura que deja de ser obligatoria en 2º de Bachillerato. Muchas voces se alzaron contra esa decisión, y no faltaron argumentos a favor de las innumerables ventajas de estudiar esta materia. Dejar de aprender la historia del pensamiento supone la pérdida de una gran oportunidad pedagógica.

Charlamos con Fran García Oeo, un profesor de Filosofía que, en sus horas libres, imparte un taller de filosofía a alumnos de 2º de Bachillerato del Santo Ángel British School, al que acuden incluso profesores.

Pregunta. Fran, ¿cómo surgió esta idea y, sobre todo, cómo conseguiste atraer a los alumnos?

Respuesta. Es bastante complicado hacer historia de esto, pues no sería justo echarme toda la culpa a mí, pero tampoco lo sería del todo culpar a los alumnos. Surge, por un lado, de que tanto ellos como yo tengamos una hora y media de “tiempo libre” los martes, que de momento, no es poca cosa (risas…). Y por otro lado, de una situación crítica para la asignatura de Historia de la Filosofía en el bachillerato científico-técnico. Esta situación crítica, idónea como pocas para la emergencia del pensamiento creativo y el ingenio, nos ha ayudado a repensar la filosofía en el aula como una práctica que pueda entenderse a partir del ocio, algo que no es nuevo para la tradición filosófica, pero sí es novedoso y realmente atractivo para el alumnado (pues eso de estar ocioso en el aula…). Algunos de estos chicos, por suerte, piensan que tener tiempo libre no es estar tirados en el sillón viendo lo que toque, que cada vez les parece más “cutre”… Y eso había que aprovecharlo.  Además, no les parecía demasiado bien que tuviéramos que dejar de intentar hacer filosofía en el cole, y a su profesor, menos. Conviene hacer hincapié en que vienen libremente aquellos alumnos que así lo quieren, pues no es para nada obligatorio. En esto del tiempo libre, la voluntariedad es fundamental, ya que sólo cuando los alumnos cargan con la decisión de aprender y cómo hacerlo (pues hemos acordado tanto el programa como la metodología), es cuando se convierten realmente en protagonistas y su motivación para aprender es distinta. A esas edades ya sabemos que sentirse libre es importante. A veces me paro a pensar que si no hubiera sucedido todo esto de quitar del currículo la asignatura, tal vez sus ganas no serían las mismas… Esto es motivo de reflexión para la educación en general. Y no, no vale decir que con la LOMCE nos han hecho un favor al quitarla (risas…).

P. Me parece una forma muy eficaz de fomentar la autonomía, una virtud que, si no se practica, difícilmente se adquiere. En los currículos actuales vemos la insistencia en el desarrollo de habilidades como construir el propio aprendizaje, aprender a aprender, aprendizaje significativo… Vivimos en una sociedad del aprendizaje en la que continuamente vamos a tener que adquirir nuevos conocimientos y destrezas, por eso hay que enfatizar el aprendizaje autodirigido. Creo que todo esto lo estás logrando gracias a que los alumnos decidan asistir al taller, así como sus contenidos. Los has hecho partícipes de su propia educación y ellos han sabido ver ese valor e involucrarse.

R. Bueno, curiosamente, en la sociedad de la información en la que todo el mundo tiene acceso por medio de internet a contenidos, cada vez es más difícil alcanzar esa mayoría de edad o autonomía que traía consigo el conocimiento de la que hablaba Kant. Es importante hacerles protagonistas de ese paso que consiste en diferenciar entre la mera información, esos contenidos, y el conocimiento, y así, tal vez así, sean ellos los que se dirijan a los profesores para saber dónde buscar o contrastar la cantidad de información que ya manejan. Esta relación profesor-alumno sigue siendo hoy fundamental.

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P. ¿Cuál ha sido la respuesta del centro?

R. También extraordinaria. Tanto la dirección, la coordinación, así como el claustro de profesores, se han mostrado en todo momento entusiasmados con este asunto, y sorprendidos como yo por la participación del alumnado. La implicación es tal que algunos de los profesores de diversas materias vienen al taller regularmente y participan de forma activa en algunas de las sesiones codo con codo con los alumnos (las sesiones se han repartido por temas que se preparan a lo largo de la semana, leyendo algún texto, viendo alguna peli o alguna serie, e intentando no suponer una gran carga de trabajo en un curso tan intenso). Además, siempre está bien hablar de Descartes y tener al profe de “mates” y al de biología cerca, pues las alabanzas y críticas están servidas…

P. Parece que el mundo educativo intenta volverse cada vez más “práctico”, incidiendo en las materias técnicas e instrumentales y condenando a las humanidades. Sin embargo, algunas de las competencias que tenemos que entrenar en los alumnos son el pensamiento crítico, la flexibilidad, la resolución de problemas… ¿no son estas habilidades propias, precisamente, de saberes como la filosofía?

R. Lo son, por eso sorprende aún más el papel de la filosofía en el currículo. Pienso que tanto en la filosofía en particular, como en las humanidades en general, conviene rescatar su dimensión práctica. No para ponerlas a la altura de las ciencias, o darles un estatuto científico que no pretenden, sino porque es el modo de darle valor a su dimensión teórica hoy tan denostada, pues solamente puede desenvolverse de un modo práctico (ya sea escribiendo un ensayo, preparando una clase, o haciendo un taller de filosofía…). No se trata de decir que la filosofía sirve tanto o más que las matemáticas, porque no funciona así, más bien podríamos decir que no sirven igual. Es obvio que las disciplinas científico-técnicas son útiles para entender en qué consiste una hipoteca, construir un móvil de última generación, saber si va a llover mañana, viajar al espacio, o buscar la cura contra el cáncer, como si fuera poca cosa… ¿pero quién dijo que el tiempo libre tenía que dejar de serlo? Sin tiempo para la libertad, no habría tiempo para pensar cuál es el papel que tenemos nosotros en cada una de estas prácticas.

P. ¿Qué tipo de “enganches” con la realidad o la actualidad utilizas para introducir y justificar los temas?

R. El que fue mi profesor de filosofía en Bachillerato, me dio un buen consejo cuando comencé en esto de la docencia: comenzar cada explicación por aquello que les interesara a los alumnos. Pero lejos de ser algo fácil, el dichoso consejito me obliga a estar al día, pues los chicos cambian y no siempre es fácil captar su interés. Por ejemplo, el planteamiento cartesiano del “genio maligno” que nos puede hacer creer ideas falsas, gana bastante si le ponemos la cara de Leonardo DiCaprio en la película “Origen” de Christopher Nolan. Temas como éste de la realidad, la felicidad, la justicia, el amor, la amistad, no pasan de moda.

P. En un proyecto así, no podemos dejar fuera a los verdaderos protagonistas, que son los alumnos…Les preguntamos directamente a ellos: ¿Qué os aporta la Filosofía que no os ofrece ninguna otra asignatura?

R. “Dar una vuelta de tuerca a nuestra mente y aprender nuevos conocimientos que ni siquiera sabíamos que existían, y sobre todo, el poder formarnos como personas y poder encontrar nuestros valores y principios” (Rodrigo).

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“Nos aporta una amplia visión sobre el ser humano, la sociedad, la vida… Gracias a esta visión he aprendido a razonar, comprender y a aceptar razonamientos con los que no estoy de acuerdo. Todo ello me ayuda a conocer cómo funciona el mundo y los diferentes problemas que se plantean en nuestra sociedad actual” (Víctor).

P. ¿Qué creéis que se pierden los compañeros que no aprenden nada de Filosofía?

R. “Es una pena que estudiantes de ciencias no puedan cursar filosofía. Pienso en personas que van a estudiar medicina, psicología, etc., y no sé cómo van a tomar ciertas decisiones sin tener algunos conocimientos de ética” (Christian, futuro científico).

“Alguien que no estudia filosofía, aparte de perder cultura, no conoce distintos los puntos de vista filosóficos, lo cual le impide orientar sus pensamientos de forma diferente basándolos en cimientos coherentes que le ayudarían a crear sus argumentos” (Irene).

¡Toda una lección!