Hablemos de Felicidad

Hablemos sobre Felicidad es un libro que recoge y desgrana unas conversaciones sobre la felicidad, entre la modelo, empresaria y directora de la Fundación Sandra Ibarra, y el doctor en economía y experto en managemet Javier Fernández Aguado, moderadas y dirigidas por el periodista y presentador Juan Ramón Lucas.

up20_felicidad_intUna sugerencia editorial me ha brindado recientemente la oportunidad de asistir como privilegiado espectador a una larga conversación sobre la Felicidad, su sentido, su búsqueda y su gestión, entre una persona que ha vivido y encontrado ese camino durante la adversidad, y otra que gracias al conocimiento de la historia y la condición humana ha tenido y tiene ocasión de reflexionar a menudo sobre ella. La primera es Sandra Ibarra, presidenta de la Fundación de Solidaridad Frente al Cáncer que lleva su nombre; la otra, Javier Fernández Aguado, experto en management y motivación en las empresas, una verdadera autoridad mundial en esta materia.

La idea, que surgió de una conversación informal entre los tres, se convirtió en un interesantísimo diálogo que se desarrolló durante varias jornadas y del que salió un libro  con el nombre de “Hablemos sobre Felicidad”. Un producto editorial que nada tiene que ver con los habituales libros de autoayuda, sino que se encuentra más cerca de la entrevista amplia o el debate sobre temas de interés, puesto negro sobre blanco.

Cada uno de ellos, Sandra y Javier, con la mediación y alguna vez modesta intervención de quien esto escribe, aporta su experiencia y su punto de vista, y lo que se ofrece al lector es un cuadro general de propuestas, una especie de vestidor o armario con lo que a cada uno de ellos le ha servido o ha aprendido para orientarse en ese camino de la Felicidad que es en cierta forma el principal alimento de nuestra energía vital.

Una de sus conclusiones es que se puede educar en Felicidad.

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Hay una frase de Marcel Proust que se incluye en el libro que resulta particularmente útil para aproximarse a los que acaso sean los componentes esenciales de la fórmula anímica de la Felicidad: “Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices; ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma” .

Como afirma Javier Fernández Aguado, “somos felices en la medida en que somos capaces de salir de nosotros mismos” porque, escribió Kierkegaard, “las puertas de la Felicidad se abren hacia fuera”. Esa relación con los demás sería el primero de los elementos presentes en la frase de Proust. El segundo se insinúa al aproximarse a la Felicidad como si se tratase de un jardín que requiere cuidados constantes, paciencia y valorar los pequeños detalles. Sandra Ibarra lo afirma en el libro: “esas pequeñas cosas que en sí carecerían de entidad pero que sumadas a lo largo del día nos permiten decir que hemos sido felices”.

La presencia de los demás y esa atención constante a ellos y a nosotros mismos están en la línea de salida de ese camino inevitable por la búsqueda de la Felicidad.

Somos felices en la medida en que somos capaces de salir de nosotros mismos. Porque, escribió Kierkegaard, “las puertas de la Felicidad se abren hacia fuera.”(Javier Fernández Aguado)

No se excluye, evidentemente, la soledad como herramienta o como parte del camino. Pero únicamente si está buscada, conscientemente cultivada; la soledad a la que aboca la crisis o la marginación, el desamparo o el rechazo, pueden lastrar más aún que la pobreza o la enfermedad.

Desde la perspectiva del educador, hay una cuestión previa a considerar cuando se aborda lo relativo a la Felicidad. Lo apunta en el prólogo del libro el doctor Rojas Marcos: “romper el principio profundamente cultural que existe en España –y otros países europeos- que exige mantener todo lo relacionado con la felicidad personal en secreto; una norma social muy arraigada influenciada por las deprimentes conjeturas sobre la naturaleza humana y la felicidad emitidas durante siglos por filósofos muy respetados”

Quiere esto decir que cualquier planteamiento relativo a la posibilidad de educar en Felicidad por parte de profesores y padres tiene que partir del valor para romper tópicos y ahogar prejuicios que, ciertamente, están presentes y arraigados entre nosotros.

Perdamos, por tanto, el miedo a hablar de Felicidad, a confesar que la buscamos porque queremos disfrutarla y compartirla, y consideremos que necesitamos de la presencia de los demás y la constancia y paciencia que seamos capaces de aplicar para andar con éxito ese camino.

Un camino para el que no existen reglas precisas e incuestionables, pero para el que sí podemos y debemos educar a nuestros hijos y alumnos.

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Ciertamente, la Felicidad no se aprende, se llega a ella y se experimenta. Pero sí podemos brindar herramientas emocionales y afectivas que resulten útiles para caminar hacia ella y vivirla. Baste recordar la escasa relevancia que la mayoría de los planes de estudio concede a la educación de la inteligencia emocional, para tomar aún más conciencia de que una gestión madura y eficaz de la educación pasa por modificar ese estado de cosas y poner al alcance de nuestros hijos y alumnos esas herramientas que cultiven sus “otras” inteligencias. Presionando, desde luego, a las autoridades en la medida en que tengamos fuerza y capacidad para ello, pero también ejerciendo la responsabilidad de ofrecer un modelo de actuación basado en la atención, la responsabilización, la coherencia y la tolerancia. Positividad y esperanza serían también elementos necesarios en el ejercicio de esa influencia educativa . Teniendo y dejando claro que la Felicidad nunca será un objetivo logrado, sino un modo de vivir.

 Juan Ramón Lucas, periodista. Uno de los conductores del magacín matinal Más de uno de Onda Cero