Entrevista a Alejandro Tiana Ferrer

En el Preámbulo de la ley se afirma: Los principales objetivos que persigue la reforma son reducir la tasa de abandono temprano de la educación, mejorar los resultados educativos de acuerdo con criterios internacionales, tanto en la tasa comparativa de alumnos y alumnas excelentes, como en la de titulados en Educación Secundaria Obligatoria, mejorar la empleabilidad, y estimular el espíritu emprendedor de los estudiantes. Los principios sobre los cuales pivota la reforma son, fundamentalmente, el aumento de la autonomía de los centros, el refuerzo de la capacidad de gestión de la dirección de los centros, las evaluaciones externas de fin de etapa, la racionalización de la oferta educativa y la flexibilización de las trayectorias.[...] Junto a estos principios es necesario destacar tres ámbitos sobre los que la LOMCE hace especial incidencia con vistas a la transformación del sistema educativo: las Tecnologías de la Información y la Comunicación, el fomento del plurilingüismo, y la modernización de la Formación Profesional.

1. Las formas tradicionales de aprendizaje ponían el énfasis en el conocimiento como conjunto objetivo de información y datos, concibiendo al alumno como receptor pasivo de los conocimientos impartidos y evaluados por un profesor. En los últimos años, se ha empezado a hablar de “aprendizaje colaborativo”, “aprendizaje lateral”, “aprendizaje dialógico”, “aprendizaje p2p”… Diferentes iniciativas de innovación educativa otorgan al alumno un mayor protagonismo en su proceso de aprendizaje. ¿De qué manera podemos facilitar el tránsito, dentro de nuestro sistema educativo, de un sistema de aprendizaje tradicional, jerárquico y dirigido, a un sistema en el que los chicos compartan la experiencia de aprendizaje con sus compañeros y con el profesor?

Desde mi punto de vista, llevar a cabo ese tránsito implica actuar en dos direcciones complementarias: por una parte, hay que trabajar con los docentes, desde el periodo de su formación inicial, para que entiendan que su labor fundamental consiste en ser guías y estructuradores del aprendizaje de sus estudiantes, y no simples suministradores de conocimiento; por otra parte, hay que organizar el trabajo escolar de manera que fomente el trabajo colaborativo, a partir de tareas o proyectos, más que de lecciones sucesivas y unidireccionales. Desde luego, hay que actuar sobre las personas que intervienen en el proceso educativo, y fundamentalmente de quienes tienen la responsabilidad de su dirección y orientación. Pero además hay que establecer modelos organizativos que permitan trasladar esos principios a la práctica. Sin una eficaz combinación de ambas líneas de actuación, los esfuerzos por cambiar el modelo didáctico serán vanos.

2. El informe de McKinsey de enero de 2012, sobre la “Educación en España. Motivos para la esperanza”, señala como tres áreas clave de actuación de cara a mejorar el sistema educativo en España: aumentar la transparencia del rendimiento educativo, avanzar en la profesionalización de la docencia, y administrar la autonomía de los centros. ¿Cree que la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa supone un avance en estas tres zonas de intervención? ¿Cuáles serían los puntos fuertes y débiles de la LOMCE en este sentido?

Viñeta de Forges
En mi opinión, la LOMCE declara querer avanzar en la primera de las líneas señaladas, si bien creo que cae en el error de reducir la evaluación transparente del rendimiento a la realización de reválidas por parte de los alumnos. Aunque su intención es positiva, considero que no la traduce bien a la práctica escolar. La evaluación es una actividad más compleja que esos exámenes estandarizados previstos de fin de etapa para determinar si se obtiene un título o se progresa a la etapa siguiente.

Por otra parte, la ley no avanza nada en la profesionalización de la docencia, sencillamente deja ese asunto de lado. Desde mi punto de vista se trata de un error serio, pues creo que nuestro sistema educativo necesita menos reformas estructurales y dar más pasos adelante en la conformación de la profesión docente, como por otra parte decía un informe anterior de la consultora McKinsey de 2010.

En lo que respecta a la autonomía de los centros, aunque la LOMCE dice querer fomentarla, el modelo de currículo y de exámenes externos que introduce supone una seria dificultad para llevarla a cabo. Si a eso añadimos una gran inercia en la configuración de la profesión docente, que no cambia, todo apunta a un desarrollo limitado en ese ámbito. Seguramente estamos ante la enésima proclamación del principio de autonomía de los centros sin poner los medios para hacerla efectiva.

Es cierto que habrá que esperar a ver cómo se lleva a cabo el desarrollo de estos principios formulados en la LOMCE, pero las perspectivas de partida no son muy halagüeñas.

3. A juicio de pensadores como Jeremy Rifkin, la juventud actual, criada en el mundo de internet y las redes sociales,  no pone el énfasis tanto en el debate entre izquierda y derecha, como en el conflicto entre lo centralizado y lo autoritario, por un lado, y lo distribuido y lo colaborativo, por otro. ¿Qué consejos daría a los profesores en relación con el desempeño de su profesión en un mundo cada vez más colaborativo y sistémico?

Abundaría en lo que señalaba en mi primera respuesta. Los docentes no deben confundir su autoridad con el monopolio del conocimiento. El centro de la educación debe ser hoy el aprendizaje y no la enseñanza. Esta última es un recurso muy valioso, pero no la razón última de ser de la escuela. Los docentes deben encontrar su autoridad en la capacidad de guiar el aprendizaje de sus estudiantes, de organizar el proceso de construcción del conocimiento de los jóvenes que tienen confiados. Ahí está su grandeza y su autoridad.

4. En el preámbulo de la LOMCE se señala que la técnica normativa elegida para aprobar la LOMCE, de modificación limitada de la LOE en vez de aprobar una ley nueva, responde a las recomendaciones de la OCDE basadas en las mejores prácticas de los países con sistemas educativos con mejores resultados, en los que las reformas se plantean de manera constante sobre un marco de estabilidad general según se van detectando insuficiencias o surgen nuevas necesidades. Por tanto, se opta por trabajar sobre lo ya construido, introduciendo lo que se considera que son mejoras sobre la ley, con el fin de garantizar la estabilidad,  en lugar de optar por la aprobación de un pacto educativo que implique a todas las fuerzas políticas. ¿Considera que ésta es una buena opción, o que debería optarse previa o conjuntamente por la aprobación de un acuerdo nacional de todas las fuerzas políticas sobre las aspiraciones de la educación en España, que es una de las recomendaciones del informe McKinsey para España?

Esa es efectivamente la declaración que se hace en el preámbulo de la LOMCE, pero está lejos de ser la práctica que se adopta. Por ejemplo, los programas de diversificación curricular o los de cualificación profesional inicial que se vienen desarrollando en la actualidad están produciendo buenos resultados. Puede ser necesario introducir cambios para mejorarlos, pero se ha optado simplemente por eliminar ambos, desapareciendo los primeros y sustituyendo los segundos por un modelo totalmente diferente. Cabe legítimamente preguntarse si es ese el modo de introducir mejoras progresivas a partir de lo existente, como pregonan.

En mi opinión, en la elaboración de la LOMCE ha pesado más la voluntad de revancha ideológica que la traslación de evidencias y buenas prácticas internacionales al sistema educativo español. La demostración de este hecho se encuentra en que el gobierno ha sido incapaz  de ponerse de acuerdo con ningún otro grupo parlamentario para sacar adelante la nueva ley. Es una mala noticia que no se haya producido, no ya un pacto, sino tan siquiera un simple acuerdo político.

5. ¿Cuáles deberían ser a su juicio las bases para un pacto social de ámbito nacional en materia educativa?

A la vista de la experiencia reciente, pienso que hoy por hoy es muy difícil alcanzar un pacto educativo en España. Si el ministro Gabilondo, que tantísimo se empeñó en ello, no fue capaz de lograrlo, no creo que haya quien pueda conseguirlo sin ningún esfuerzo serio. El gobierno actual, que tanto dice creer en el esfuerzo en educación, no realiza por su parte el esfuerzo necesario para alcanzar acuerdos.

No obstante, creo que sería posible alcanzar un pacto en dos ámbitos: el relativo a la estructura básica del sistema y el que se refiere a la organización de la profesión docente. Creo que las posiciones no están excesivamente alejadas en ambos casos. Más difícil me parece alcanzar un pacto en lo que respecta a la articulación de la enseñanza pública y privada y a la financiación pública de esta última. Ahí veo que las posiciones están mucho más alejadas.

6. Y, por último, con una ley que aún no ha entrado en vigor, que la oposición rechaza de forma tajante, qué consejo les podríamos dar a los profesores en una etapa tan inestable…

Personalmente les aconsejaría que se centrasen en lo que más valor tiene: su propia actuación profesional. El aprendizaje de los jóvenes, la construcción de una buena vida, la inserción productiva en el entorno social, son en buena medida el resultado del trabajo docente y de las familias, más que el resultado de las leyes educativas. Y el fruto que se puede lograr es muy importante para nuestra sociedad y para todos los ciudadanos. Esa convicción debe servir de aliciente para no tirar la toalla, para no traspasar la responsabilidad a otras instancias y para esforzarnos en hacer nuestra tarea educadora con compromiso. No me atrevo a recomendarles otra cosa diferente.

Imagen artículo:  Antonio Fraguas “Forges”