¡Atrévete a saber!

¡Sapere Aude! (¡Atrévete a saber!) fue el lema de la Ilustración. Kant rescató la consigna que el poeta Horacio había acuñado en el siglo I a.C. para explicar este movimiento histórico.

El filósofo consideraba que la gente se había acostumbrado a vivir en un estado infantil, de dependencia y sometimiento intelectual, por pereza y cobardía:  El ser humano es culpable de no utilizar su pensamiento de manera independiente, porque esta incapacidad no se debe a una falta de inteligencia, sino de decisión y valor para pensar por sí mismo.  “¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un sacerdote que reemplaza mi conciencia moral, un médico que decide mi dieta y así sucesivamente, no necesitaré mi propio esfuerzo. Si puedo pagar no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea.” (¿Qué es ilustración?, Kant, I. 1784). Para el pensador alemán la expresión latina cobra su sentido más profundo y nos desafía: “ten el valor de usar tu propia razón”. Solo así el ser humano se libera y toma posesión de su vida.

¿Puede el pensamiento propio considerarse un atrevimiento?

¿Por qué pensar llega a suponer un acto de valentía? Porque es más cómodo dejarse llevar, seguir el camino pautado y depositar en otras manos ciertas decisiones. En estos tiempos de proliferación tecnológica, vaivenes económicos y políticos e inicios que no sabemos dónde van a conducirnos, las palabras de Kant son más significativas que nunca. A cada uno de nosotros corresponde conquistar nuestra autonomía, desarrollar un pensamiento crítico, activo. Y, sobre todo, no dejar nunca de aprender.