Fomentar la creatividad, un reto

El grupo de investigación de la Fundación UP siempre ha tenido especial interés en acercar al público general los trabajos y experiencias más novedosos que se están haciendo sobre creatividad. Es una de nuestras líneas esenciales de trabajo tanto para incorporarlos a nuestros programas educativos como para publicar nuestras conclusiones en libros o en revistas. Así nació Energía Creadora y así continuamos explorando y ampliando nuestro conocimiento sobre la asombrosa inteligencia humana.

El mundo está cambiando muy deprisa, vamos montados en un cohete supersónico que nos lleva a parajes y espacios desconocidos. Como educadores no sabemos cómo va a ser el futuro, pero podemos hacer previsiones, lanzar hipótesis y crear estrategias y programas educativos para preparar a nuestros alumnos de la mejor manera posible para que afronte los desafíos el futuro. Hace unos años el educador y escritor Ken Robinson pronunció una conferencia que creó un gran revuelo titulada ¿Mata la escuela la Creatividad?. Donde hacia una fuerte crítica a los sistemas educativos actuales por considerarlos ineficaces a los requerimientos de las sociedad actual.

CreatividadSin ánimo de entrar en polémicas, sí es interesante señalar que uno de los retos que tenemos como sociedad del conocimiento es formar a ciudadanos  no sólo capaces de asimilar las cantidades ingentes de información que se transmite todos los días sino de producir conocimiento innovador. Las personalidades creativas son uno de los perfiles que más se van a necesitar en un futuro muy cercano para crear riqueza, encontrar soluciones a problemas que genera una sociedad más compleja y global, investigar y seguir ampliando los límites de nuestra especie. Howard Gardner en su libro Las cinco mentes del futuro señala cinco personalidades imprescindibles en los próximos años: la mente disciplinada, la mente sintética, la mente creativa, la mente respetuosa y la mente ética. Mel Levine sitúa la creatividad como una de las operaciones que realiza nuestra inteligencia de orden superior junto a la capacidad de pensar conceptos, el pensamiento crítico, el que permite solucionar conflictos, etc. 

Estamos ante un asunto de una enorme trascendencia, el año 2009 fue declarado Año Europeo para la Creatividad e Innovación. En el manifiesto que firmaron personalidades creadoras de todos los ámbitos (representando a España participaron Ferrán Adriá y Javier Mariscal): “La creatividad humana constituye una dimensión fundamental de la actividad humana. Prospera donde hay diálogo entre las culturas, en un entorno libre, abierto y diverso en el que existe igualdad entre hombres y mujeres. Requiere respeto y protección jurídica para los resultados del trabajo creativo e intelectual. La creatividad se encuentra en el corazón mismo de la cultura, el diseño y la innovación; todo el mundo tiene derecho a utilizar su talento creativo. Más que nunca el futuro de Europa depende de la imaginación y la creatividad de sus ciudadanos”  y, en cuanto a educación se refiere, declaraban que el aprendizaje de la creatividad se debe dar a lo largo de toda la vida conjugando teoría y práctica y que las escuelas y universidades deben convertirse en lugares donde profesores y alumnos se comprometan con el pensamiento creativo.

 

La creatividad es una capacidad de nuestra inteligencia humana que aún hoy está rodeada de muchos prejuicios e ideas falsas.

Teresa Amabile, profesora de Administración de Empresas y Directora de Investigación de la Escuela de Negocios de Harvard, apunta que una cosa es el genio, o el experto y otra el pensamiento creativo. Soy consciente de que la incorporación del aprendizaje de la creatividad al currículo escolar levanta suspicacias. Los profesores tienen que focalizar toda su energía a que los niños adquieran unas competencias que dictan las autoridades educativas, normalmente tienen poco tiempo para terminar el temario. Al final, todos estamos de acuerdo en que los niños tienen que aprender las ecuaciones de 2º grado o las cordilleras más altas o la obra poética de Juan Ramón Jiménez; tienen que adquirir hábitos de trabajo, organizarse, conseguir una buena comprensión lectora, dominar al menos una lengua extranjera y crearse hábitos de trabajo, resistencia al esfuerzo, tolerancia a la frustración. En fin, es lo que ha denominado Teresa Amabile El dilema educativo, la tensión entre el aprendizaje de hábitos y habilidades cognitivas y ejecutivas y la enseñanza de hábitos creativos. Creo que el modelo de aprendizaje que exponemos José Antonio Marina y yo misma en el libro El aprendizaje de la creatividad, (Ariel, 2013) viene a resolver esta aparente paradoja ya que defendemos una visión de la creatividad más amplia que la tradicional al considerar que una personalidad creativa debe tener habilidades tanto que fortalezcan la inteligencia generadora como de la inteligencia ejecutiva.

Crear no es una actividad especial, sino dirigir las operaciones mentales normales mediante un proyecto creador.

El aprendizaje de la creatividad consiste en el adiestramiento de nuestro sistema productor de ocurrencias, fruto de la Inteligencia generadora. Los investigadores sobre creatividad diferencian entre Big-C y Little–C (creatividad diaria), es decir, hay un inteligencia creadora general, que es aquella capaz de producir cosas novedosas que solucionan algún problema de la vida diaria y una creatividad específica, que se refiere algún talento en concreto. Nosotros sólo vamos a hablar de la primera, que es la que tiene gran interés educativo. ¿Se puede educar la creatividad? En la Fundación UP creemos que sí y que para ello tenemos que enfocar el aprendizaje en dos direcciones muy concretas:

1. Desarrollar una personalidad creadora: Para educar la creatividad hay que plantar batalla a los enemigos más poderosos de la creatividad y fomentar aquellos recursos personales que desarrollen una personalidad creativa:

  • Actividad frente a pasividad:
  • Expresividad frente a mutismo
  • Innovación frente a repetición
  • Descubrimiento de posibilidades frente al síndrome de impotencia adquirida
  • Apertura frente a cerrazón
  • Autonomía frente a dependencia

 

2. Promover entornos en creadores: Aprendemos en sociedad, de nuestra experiencia, nuestras relaciones. Es muy difícil desarrollar cualquier capacidad o habilidad si no logramos que el entorno lo facilite. La creatividad necesita de espacios inspiradores y facilitadores. La escuela y la familia cumplen un rol de vital importancia en el desarrollo de la creatividad. Los entornos deben ser flexibles, no penalizar el error, estimulantes, capaces de proporcionar experiencias amplias y variadas para que nuestra memoria se vaya formando.

¿Mata la escuela la Creatividad?, Ken Robinson

Imagen artículo: Creative Commons El coleccionista de instantes

Imagen portada: Creative Commons Fortimbras