Historia de un colegio

Óscar Martín, director del CEIP Santo Domingo de Madrid nos cuenta el proceso de transformación de este colegio público que no ha dejado de crecer y mejorar en los cuatro años que lleva a su frente. Con una visión de la pedagogía centrada en el alumno, la autonomía y el aprendizaje activo, y que se apoya en las tecnologías para implantarla, han logrado devolver el entusiasmo por el aprendizaje a todo el centro.

La historia que os voy a contar en este artículo forma parte de la trayectoria de un centro educativo, pero también es el desarrollo, a lo largo del tiempo, de un plan pedagógico que puse en marcha con la colaboración constante de unos compañeros maravillosos.

El Colegio Público Santo Domingo tenía, hace cuatro años, unos 80 alumnos aproximadamente. Las aulas de tercero y cuarto de Primaria estaban unidas y las de quinto y sexto de Primaria también, la ratio era extremadamente reducida y la práctica totalidad de los profesores habían pedido traslado temiendo la supresión. Cuatro años después tenemos casi 500 alumnos, cada año debemos rechazar con tristeza unas 200 solicitudes y contamos con un equipo consolidado de docentes y una participación realmente cercana de las familias. Esta transformación ha sido extremadamente rápida porque hemos ido a la esencia de las cosas. No hemos planteado un proyecto educativo como una colección de rasgos definitorios, sino como una metodología integradora. Tenemos propuestas de comunicación, de escritura creativa y oratoria, de inteligencia emocional, de creatividad y de tecnología. Cinco canales de televisión, canal de radio, periódico digital y una iniciativa transversal de robótica. Pero si tuviéramos que quedarnos con algo de nuestro centro, no serían estas cuestiones: sería el enfoque pedagógico. Una manera de entender la educación como un proceso mucho más dinámico del que hemos vivido nosotros. Y para ello debemos arriesgar, ser capaces de darle un mayor protagonismo al estudiante, ser capaces de utilizar todas las herramientas de nuestra época para que puedan tomar sus propias decisiones en el futuro.

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Hace años me sorprendía que los estudiantes se quedaran bloqueados cuando planteabas un problema donde debían buscar una solución creativa. La mente de los niños y niñas es extremadamente flexible, pero en lugar de aprovechar esa capacidad para el pensamiento divergente, nos dedicamos a adiestrarles para dar las respuestas del manual. Lo más valorado por una sociedad en constante avance son las personas capaces de gestionar una realidad cambiante, de adaptarse a diferentes escenarios y de plantear soluciones creativas ante los problemas que nos rodean. Ya hemos agotados los viejos manuales y nuestros estudiantes deben atreverse a probar nuevas soluciones. Sin ese salto nunca cambiaremos las cosas. Y ahora, tenemos la posibilidad de gestionar una pedagogía mucho más dinámica gracias a los avances tecnológicos.

El uso de la tecnología siempre ha sido un reto para los centros. Nadie duda de las grandes posibilidades que abre para transformar el proceso de enseñanza-aprendizaje, para ofrecer herramientas capaces de poner en marcha nuevos sistemas. Sin embargo, no podemos perder de vista la realidad de que la tecnología es sólo una herramienta más. No va a cambiar por nosotros nuestra metodología, ni la forma que tenemos de dar clase. Si de verdad queremos desarrollar la creatividad de nuestros estudiantes, si deseamos hacerlos pensar por sí mismos y darles la suficiente autonomía como para que pongan en marcha sus propios proyectos, no podemos repetirles constantemente la misma lección. Da igual que utilicemos un libro, un iPad o una pizarra digital, la cuestión es que no debemos usar la tecnología para replicar modelos anteriores.

Con creatividad, con entusiasmo y con la participación cercana de las familias, conseguiremos que nuestros niños y niñas estén preparados para afrontar mejor los retos del futuro.

Si deseamos construir una nueva forma de aprendizaje, acorde con la realidad donde nos encontramos, la tecnología puede ofrecernos las herramientas adecuadas para hacerlo. Quizá uno de los avances más importantes que ha vivido la llamada generación web 2.0. es esa realidad donde el usuario puede convertirse en creador. Si todas las herramientas están ahí, por qué no transformar a nuestros estudiantes en creadores, en personas que sean capaces de utilizar su inteligencia para hallar nuevas soluciones, nuevas posibilidades de cambiar la realidad. Este aprendizaje es el verdaderamente importante. Cuando crezcan nadie les va a preguntar la lección. Cuando crezcan deberán resolver problemas que nosotros ni siquiera conocemos. Y las respuestas del pasado no contestarán las preguntas del futuro. Sin embargo, si les enseñamos a pensar, a ser creativos, a afrontar cada reto como si fuera una nueva oportunidad, podremos tener la certeza de haber preparado a esta generación para mejorar el mundo.

Nosotros ya estamos en ello, y cada vez somos más los centros que pensamos que con este tipo de iniciativas podemos transformar el sistema pedagógico. Con creatividad, con entusiasmo y con la participación cercana de las familias, conseguiremos que nuestros niños y niñas estén preparados para afrontar mejor los retos del futuro.