A la inmensa mayoría

Este poema es el que abre el libro titulado Pido la paz y la palabra, en el que la preocupación social desplaza definitivamente a la angustia existencial. Siempre nos quedará la palabra... para denunciar, para unir... para luchar. .

Comienzo con unos versos de Blas de Otero porque creo que resumen muy bien el propósito de este artículo. El pasado Mayo todo el país nos estremecimos con el suicidio de Aránzazu, víctima de acoso escolar por parte de un compañero de clase. Los medios de comunicación prestaron interés un par de días y después nada.

El acoso escolar limita una educación segura y de calidad e incrementa las tasas de abandono y fracaso escolar.

Pero al igual que el centenar de conflictos armados olvidados, el acoso escolar continúa desarrollándose lejos del foco de los medios, oculto tras las paredes de los centros escolares, silenciado en nuestras conciencias. Nos quedamos mudos, estériles, inactivos ante una violación de los derechos de todos los niños a la protección y seguridad, a la salud, a la educación, etc. El acoso escolar limita una educación segura y de calidad e incrementa las tasas de abandono y fracaso escolar. Es el resultado de un estrepitoso fracaso social: de las políticas educativas, de los docentes, de las familias, de los adolescentes, y en último término de la sociedad en su conjunto. Nuestro deber primordial como ciudadanos es proteger TODOS los derechos de TODOS los niños, porque con independencia de cuáles sean sus características físicas, emocionales, cognitivas o sociales, todos los niños tienen derecho a saber que se les acepta, se les quiere, y se les valora.

imagesTodos nosotros no deberíamos permitir que ni un solo niño tenga miedo a ir a su escuela porque es constantemente torturado, maltratado y humillado en los centros educativos. Los adultos que fueron víctimas de abusos en la escuela siempre dicen que lo más traumático era que “a nadie parecía importarle” y lamentablemente en muchas ocasiones es así porque la actitud generalizada ante el bullying es mirar hacia otro lado, restarle importancia con frases como ”son cosas de chicos”, refugiarnos en falsas creencias como que estas experiencias endurecen a los chicos, limitarlo sólo a agresiones físicas cuando las agresiones verbales, las amenazas, el maltrato psicológico pueden tener consecuencias muy graves a largo plazo. Por eso en este artículo me voy a referir a la inmensa mayoría, a los padres y adolescentes que tienen la fortuna de ser solo espectadores, una audiencia indiferente, que se vuelve ciega y sorda hasta que vuelve a tronar.

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Muchos de ustedes se preguntarán si la situación es tan alarmante y en realidad no es una cuestión de estadísticas, aunque fuera solo un adolescente, sería suficiente. Pero para empezar, si queremos ver el estado de la cuestión, nos encontramos que desde el año 2006 no se ha hecho un estudio a nivel nacional sobre el acoso escolar. Simplemente no lo sabemos. Ni la incidencia o la magnitud del problema, ni si los programas, ni los planes de convivencia, ni protocolos o actuaciones ante los casos de acoso escolar implementados en los centros escolares sirven para algo. En el año 2014 UNICEF publicó el informe “Ocultos a plena luz” con datos de 190 países donde asegura que 1 de cada 10 niñas sufre algún tipo de acto sexual forzado y que 1 de cada 3 estudiantes entre 13 y 15 años sufre acoso escolar. Según la organización Plan Internacional 250 millones de niños en el mundo sufren acoso o abusos en el camino del colegio o en las aulas de su escuela. Pero son datos a nivel mundial donde, por ejemplo, se ha estudiado a muchos países asiáticos donde la situación es terrible. En lo que sí están de acuerdo todos los organismos internacionales es que el maltrato infantil en todas sus facetas ha aumentado en los últimos años a nivel mundial. En conclusión, tenemos datos segmentados, incompletos, lejanos que no nos permiten ver el bosque, ni buscar soluciones cercanas a las peculiaridades de nuestro país.

No hay que cambiar la actitud de la víctima, para que sea más extrovertida o menos tímida, sino influir en los testigos. Si se consigue que no participen en el acoso, eso hace cambiar la actitud del acosador.

Y ante esta situación ¿qué podemos hacer nosotros? El acoso escolar tiene tres grandes protagonistas: el acosador, la víctima y los espectadores. En este artículo voy a hacer referencia a los terceros. Parto de una premisa muy sencilla: Si no hubiera una inmensa mayoría que asiste a situaciones de abusos de manera silenciosa, no existiría un solo caso de bullying, porque en el 99% de los casos, el acosador necesita de público, busca un estatus de poder en el centro y por esos elige a víctimas vulnerables, diferentes, débiles o solitarias. Los investigadores de la Universidad de Turku diseñaron un programa llamado KiVa, que se centra en actuaciones en el grupo grande de escolares. No hay que cambiar a la víctima, sino al resto de compañeros que con su pasividad se convierten colaboradores del agresor. La evaluación del programa ha demostrado que su implantación en las escuelas logró que en una 79% el acoso escolar desapareciera y se redujera significativamente en otro 18%. Trabajan en tres líneas esenciales:

  • Buzón virtual: para denunciar actitudes de acoso de manera anónima
  • Comité de tres adultos especializados que se ponen en marcha nada más detectarse un caso
  • Los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años. Tratan de cambiar las normas que rigen el grupo. Fomentan habilidades como la empatía, la asertividad. Emociones como la compasión. Sin olvidar las actitudes de solidaridad o tolerancia.

En España ha habido una recogida de firmas para que los centros educativos aprovechen este programa y lo importen a los centros educativos. Como padres podemos presionar a la dirección de nuestros centros para que sean uno más de los 1000 centros que ya están trabajando con el programa KiVa.

Como padres también podemos apoyar sin reservas a las familias que estén pasando por situaciones de acoso. No dejarles solos!

Y por último, debemos dejar de infantilizar a la adolescencia. Si los alumnos de secundaria asumieran el protagonismo de la lucha en contra del acoso escolar, posiblemente desaparecería de la mayoría de los centros educativos. No debemos seguir excusándolos y creando una burbuja a su alrededor donde no son responsables de nada. Lo alumnos adolescentes son responsables de los que pasa en sus vidas, pueden y deben movilizarse para mejorar la educación en general y la convivencia en sus centros y sus barrios. Nosotros, como adultos, les estamos haciendo un flaco favor en fomentarles mirar hacia otro lado, en esconderse, en ignorar el sufrimiento de algunos de sus compañeros. Si alguien sabe sobre el acoso escolar son los adolescentes y en sus manos, con la ayuda de todos nosotros, está una gran parte de la solución.

Movilicémonos contra el acoso todos los días, no cuando aparece un caso en los medios de comunicación. No nos convirtamos en espectadores neutros y desinteresados ante la violencia.

Eva Marina, Directora de la Universidad de Padres

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