Coeducar desde una visión integral

La Fundación Joan Salvador Gavina es el primer centro de atención diurna para la infancia con dificultades sociofamiliares de Cataluña. Desde 1979 trabajan en el barrio del Raval de Barcelona por la promoción de la calidad de vida infantil, juvenil y familia. La Fundación ofrece una atención social y de apoyo a sus familias, hecho indispensable para el desarrollo del menor.

Web_CaliuMitj_07Estamos demasiado acostumbrados a entender que la educación de los niños corresponde, principalmente, a las escuelas y, en determinados momentos del día, a los padres. Incluso, con cierta frecuencia, los mismos padres claudican de sus responsabilidades y delegan la educación de sus hijos, casi de manera exclusiva, a la escuela.

Pero un niño, a lo largo de su infancia, va estableciendo una serie de círculos de relación muy diversos, los cuales inciden de manera directa también en su proceso educativo: ludotecas, clubs deportivos, grupos de esplai o scouts, parroquias, grupos de amigos, etc. No cabe ninguna duda de que todos estos grupos, en mayor o menor medida, inciden en la educación de los niños y adolescentes. Habrá que tenerlos en cuenta, pues, y valorar los distintos grados de influencia que pueden ejercer, tanto en positivo como en negativo.

Desde la Fundación Joan Salvador Gavina, entidad dedicada desde hace 35 años a la atención socioeducativa de niños, adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad social en el barrio del Raval de Barcelona, entendemos –al igual que otras entidades del sector- que jugamos un papel significativo en el acompañamiento de la infancia y adolescencia y en el apoyo a sus familias como agentes socializadores y agentes educativos. Nuestra experiencia se basa en el apoyo a más de 7.000 menores y sus respectivas familias.

Nuestra acción se dirige de manera prioritaria a los propios menores, desde una perspectiva global e integradora, desde la escucha, el diálogo y la exigencia, y con la consciencia de que ellos mismos son los protagonistas de su propia educación aunque, evidentemente, necesiten apoyos y referentes externos que les ayuden a descubrir y canalizar sus potencialidades en la construcción de su personalidad, que nada tiene que ver con su condición social. Pero el menor vive en relación permanente con su entorno y sus semejantes, siendo la familia un referente primordial, sobre todo, en los años de la infancia. Por este motivo, entendemos que tenemos que realizar un trabajo con la familia facilitando a los progenitores una serie de herramientas para el desarrollo de una parentalidad positiva, es decir, que les posibiliten responsabilizarse de sus hijos desde una visión constructiva y potenciadora. Esto que parece tan sencillo y evidente, no lo es, sobre todo cuando el entorno no es el más favorable. Por tanto, a los propios padres les supone un sobreesfuerzo digno de valorar.

Las carencias sociales repercuten en los déficits educativos.

En este camino de apoyo en la trayectoria vital, lo primero que tenemos que garantizar es la cobertura de una serie de necesidades básicas a los niños: alimentación, higiene, salud, medicinas, transporte, acceso a actividades lúdicas y deportivas, apoyo escolar… La cobertura de estas necesidades supone un trabajo colaborativo en red, con sus correspondientes coordinaciones entre entidades públicas y privadas (escuelas, entidades sociales, servicios sociales, Equipos educativos –EAIA-, Equipos de asesoramiento y orientación pedagó

gica –EAP, Equipos sanitarios, Equipos de salud mental, etc), con el objetivo de complementarnos en nuestras actuaciones y plantearnos unos objetivos comunes en el acompañamiento de cada menor y de cada familia. Ir todos a una, supone renunciar a nuestros propios protagonismos e intereses, puesto que el niño o adolescente está en el centro de nuestra acción, para construir juntos. Esta labor requiere muchas horas de dedicación.

Un problema añadido con el que nos debemos enfrentar es la compartimentación a la hora de intervenir con los infantes. Esta segmentación nos aleja de la visión integral del niño, al que hay que dar una respuesta global a cada una de sus necesidades. Las carencias sociales repercuten en los déficits educativos. Los problemas económicos inciden en las dificultades motivacionales… Por tanto, sólo desde una visión integral se puede dar una respuesta efectiva a cada una de las necesidades detectadas.

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Otro elemento con el que tenemos que luchar es el de la inmediatez de resultados. En general, todos queremos ver el impacto de nuestra intervención a corto plazo y las propias Administraciones públicas nos piden resultados inmediatos. Por el contrario, nuestro trabajo se mide en el largo plazo, que es el que nos permite ver la eficacia de la intervención socioeducativa. Por un lado tenemos el reto de saber transmitir a la ciudadanía y, especialmente a los políticos, que la prevención es mucho más eficaz y económica que la atención cuando ya han surgido los problemas. Por otro lado, tenemos el desafío como entidad, de explicar los éxitos conseguidos por los propios niños y adolescentes a los que estamos acompañando. De hecho, nuestra vida diaria de apoyo a estas personas está llena de pequeños éxitos. Cuando un niño o una familia acude a nosotros solicitando ayuda, como habitualmente su situación global es tan compleja, mejorarla en algunos aspectos cuesta relativamente poco.

Sin embargo, el gran reto es consolidar estos éxitos desde las distintas vertientes personales y familiares. Las personas necesitan su propio ritmo para coger las riendas de su vida y aprovechar las oportunidades que se les presentan. También es cierto que en las situaciones de riesgo de exclusión social, se debe potenciar una discriminación positiva hacia las personas que tienen menos recursos y menos oportunidades.

No quisiera terminar sin hacer una mención especial a la gran contribución que, desde el punto de vista socioeducativo y humano, hacen los voluntarios que colaboran con entidades sociales. Son capaces de compartir su vida de manera desinteresada, para que otras personas puedan crecer y compartir unos valores que se transmiten desde la gratuidad. Son capaces de convertir en realidad las utopías realizables.

Jordi Balot es Director de la Fundación Joan Salvador Gavina

http://www.centreobertgavina.org/es