El ajedrez en la escuela

Al estudiar las potencialidades educativas del ajedrez, sucede un curioso fenómeno. Hay numerosos testimonios sobre su eficacia para mejorar la concentración, reducir la hiperactividad, mejorar la comprensión lectora y el cálculo matemático, hay países que lo integran dentro de su sistema educativo, pero escasean los estudios elaborados con rigor científico.

Hace unas semanas, la comisión de Educación del Congreso dio su respaldo unánime a la introducción del ajedrez como asignatura. Ya en 2012, el Parlamento Europeo pidió a los estados miembros que lo hicieran. ¿Tiene sentido esta propuesta? Se trata de un asunto más complicado de lo que parece, porque aunque jugar al ajedrez mejora las funciones intelectuales, no sabemos cómo lo hace. Robert Ferguson ha revisado la literatura existente de la que se desprende que la práctica del ajedrez mejora la comprensión lectora, la solución de problemas matemáticos, y ayuda a niños en situación de riesgo educativo. En el programa realizado en Kichinov, dirigido por N.F.Talisina, se comprobó que había un progreso en todas las materias. Pero se trata de correlaciones, no de causalidades, y aunque jugar al ajedrez correlacione con esas actividades puede actuar otra causa, como la relación con el entrenador o estar más tiempo en la escuela o aspectos motivacionales derivados del juego y la competición. Por si esto fuera poco, un investigador, Fernand Gobet, ha criticado muy duramente la calidad técnica de esas investigaciones, que en parte se debe a la dificultad de aislar todos lo factores que tienen relevancia educativa. Además, no sabemos como se puede producir la transferencia de los procesos de razonamientos aplicados al ajedrez a otros tipos de razonamiento. Un gran maestro de ajedrez no tiene por qué razonar bien en política. En resumen, mientras no sepamos como se producen esas mejoras en distintos desempeños, no podemos estar seguros de que el ajedrez sea útil en la escuela.

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Ahora comenzamos a descubrir como sucede, y el hecho me resulta especialmente importante, porque corrobora el modelo educativo de la UP, que, como recordarán se basa en la importancia de las funciones ejecutivas, es decir, de aquellas que dirigen, organizan y evalúan las demás funciones mentales. Pues bien, es muy probable que la utilidad pedagógica del ajedrez derive de que fortalece las funciones ejecutivas y que como éstas son transversales su efecto puede darse en múltiples disciplinas. En la Second Koltanowski International Conference on Chess and Education, S. Lipschultz revisó las evidencias neurológicas, y señaló que el problema central para admitir la influencia del ajedrez en la mejora de actividades mentales era explicar el transfer de conocimientos. Sugirió que los beneficios no se daban por la transferencia de conocimientos, sino por la mejora de las funciones ejecutivas. Esa es también la opinión de Teresa Parr, que con su equipo ha recibido una ayuda del Departamento de Educación de EEUU para explorar la maleabilidad del control ejecutivo. En “Can the Right Kinds of Play Teach self-Control” (New York Times Magazine, September 25 2009), Paul Tough escribe sobre el nuevo interés que los programas educativos para los jóvenes conceden a la auto-regulación, que es una función educativa: “La habilidad de los niños y adolescentes para controlar sus impulsos emocionales y cognitivos es un poderoso indicador del éxito a corto y a largo plazo, académico o de otro tipo. En algunos estudios, la capacidad de autorregulación predice los logros académicos de forma más exacta que el Cociente Intelectual. Sin embargo, al mismo tiempo que se reconoce la importancia de la autorregulación, se reconoce también que esta capacidad está siendo cada vez peor desarrollada en nuestros sistemas de enseñanza. En un estudio reciente, el 46% de los maestros de infantil dicen que al menos la mitad de sus alumnos tienen problemas con su impulsividad. En otro estudio, los maestros del programa Head Start informan que, al menos el 25 % de sus alumnos tienen serios problemas de autocontrol relacionado con conductas negativas, como pegar o amenazar a otros alumnos, al menos una vez a la semana. Walter Gilliam, un profesor de Centro de Estudios infantiles, estima que en EEUU cada año se expulsan mas de 5000 niños de los programas preescolares porque los maestros se consideran incapaces de controlarlos.

Muchos parecen estar de acuerdo en que el ajedrez puede enseñar autocontrol. El Congreso del Estado de New Jersey aprobó una ley en 1990 que permitía que el ajedrez fuera enseñado como parte del currículo de segundo grado, porque “cuando los jóvenes juegan ajedrez tienen que utilizar pensamientos de alto nivel, analizar acciones y consecuencias, e imaginar futuras posibilidades; toda esta habilidades son importantes para el autocontrol”. (Marcel Milat: The Role of Chess in Modern Education). En Australia, el Chess-Squared Program tiene un impacto positivo en los estudiantes, y se sospecha que se debe a su influencia en el autocontrol.

Por eso, nos parece bien el introducir el ajedrez en la escuela, pero con una condición. La asignatura debe estar impartida no por jugadores de ajedrez, sino por pedagogos que sepan utilizar el ajedrez como instrumento educativo.