Adolescentes en un mundo en cambio

La adolescencia es una etapa que supone un cierto tránsito, pero un periodo que nos marca a las personas, y cuya huella es mucho más amplia que lo que en no pocas ocasiones se reconoce ya que está conformando buena parte de nuestra identidad y personalidad.

Vivimos en un mundo acelerado y en un cambio continuo. Las transformaciones acaecidas en las últimas dos décadas, y especialmente en la última, como consecuencia de la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), de la globalización, y de los cambios en todos los aspectos de la vida, desde las relaciones familiares y personales hasta el papel del trabajo, nos han situado en mundos líquidos, como diría Bauman (2007), en una posmodernidad en la que todo lo que era fijo y estable ya no lo es.

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Estos procesos afectan a todos los grupos de población, obviamente, y los adolescentes no iban a ser una excepción. La adolescencia, esa etapa premundo de los adultos, que se caracteriza por lugares comunes como “la edad del pavo”, la “rebeldía”, las “dudas con respecto al futuro”, etc. Una etapa que supone un cierto tránsito, pero un periodo que nos marca a las personas, y cuya huella es mucho más amplia que lo que en no pocas ocasiones se reconoce ya que está conformando buena parte de nuestra identidad y personalidad.

Pero, este mundo en cambio en el que nos encontramos, ha trastocado los roles tradicionales que tenían asignados los adolescentes. Si bien es cierto que muchos de ellos pueden seguir en la forma, su contenido varía. Y también lo hace la relación con el mundo de los adultos, comenzando con sus padres, siguiendo con sus profesores, y terminando con el entorno, que también se encuentran ante ese mundo en transformación, sujetos y objetos del mismo. En definitiva, nos encontramos ante un escenario impredecible en el que las antiguas certezas se han difuminado.

La imagen que se viene construyendo de la adolescencia en los últimos tiempos tiene también muchos componentes falsos o difusos. Siendo unas generaciones que lo están teniendo muy complicado, nuestros adolescentes y jóvenes son estigmatizados, de forma interesada, como “ninis”, “infantiles” o directamente irresponsables. Pero, dentro de esta imagen distorsionada, buena parte de los adolescentes mantiene la pasión por descubrir el mundo, construir su futuro, encontrar su sitio en definitiva y ser protagonistas de su destino. Lamentablemente, no tienen mucho margen en el contexto actual, y estas visiones de la adolescencia acaban convirtiéndose en no pocos casos en “profecías que se cumplen a sí misma”.

Los adolescentes de hoy siguen muchos de ellos estudiando, hasta los dieciséis años obligatoriamente. Siguen despertando a la afectividad y a la sexualidad. También se incorporan a las prácticas de consumo del sistema. Intentan diseñar su futuro en un escenario complejo. Continúan formando un grupo claramente definido pero heterogéneo en su composición, pero hay cuestiones a tener en consideración.

Nos encontramos ante un escenario impredecible en el que las antiguas certezas se han difuminado.

La primera, los adolescentes de hoy no “hablan” el lenguaje de sus mayores. Todas las generaciones han buscado desmarcarse de la de sus padres, en una suerte de “rebeldía inherente” a la edad. Pero los esquemas cognitivos en los que se mueven nuestros adolescentes son muy diferentes. Son nativos digitales, han nacido con las TICs incorporadas y se han socializado en ese contexto. Aunque sus mayores hagan el esfuerzo por adaptarse a estas tecnologías, no dejan de ser inmigrantes digitales. Es un potencial de los adolescentes actuales, una de sus fortalezas más evidentes.

En segundo lugar, nuestros adolescentes son paradójicamente individualistas. No en vano, recogen los valores del mundo en el que se insertan, donde prima el consumismo y el parecer o tener frente al ser. Es inevitable que esto sea así, cuando han ido debilitándose, cuando no desapareciendo, valores de tipo comunitario. Sin embargo, los adolescentes también buscan ese sentimiento de pertenencia, fundamentalmente, en sus grupos de amigos y en actividades de ocio, deportivas, etc. Hay un individualismo inevitable pero también un cierto vacío que tratan de llenar con esas redes informales, aunque su forma de relacionarse sea diferente, marcada en gran medida por las TICs y las Redes Sociales. Pero no nos dejemos llevar únicamente por la imagen de los adolescentes sentados en un parque comunicándose con sus Smartphones, sin hablar entre ellos.

Las barreras de las edades también se han difuminado, se han convertido en porosas en comparación con lo que ocurría hace unas pocas décadas. De esta forma, la adolescencia se amplía para arriba a través de un cierto sobreproteccionismo de los padres y madres, pero también lo hace para abajo debido a las transformaciones en las relaciones afectivas (Venegas, 2013). Los adolescentes se adentran antes no sólo en esta cuestión, sino también en el consumo del alcohol, de drogas, etc (Giró, 2007). Es otra de las paradojas de la adolescencia hoy: jóvenes para unas cosas, niños para otras.

Pero uno de los ámbitos más importantes para entender la situación de la adolescencia en la actualidad es sin duda el educativo, así como su función de preparación para el mundo profesional y laboral. El escenario de crisis que estamos viviendo desde el año 2008 ha supuesto un cuestionamiento de la Educación en esa labor que hemos señalado. El esfuerzo por sacar adelante unos estudios, alcanzar la Universidad u otros niveles formativos, no se ve recompensado con la promesa de conseguir un puesto de trabajo, que supone en gran medida la inserción social y el acceso al mundo de los adultos. Al contrario, España está a la cabeza del paro juvenil en Europa, superando el 50% (Encuesta de Población Activa, IV Trimestre 2014) . Esto nos lleva a un futuro incierto que cae como una bomba de relojería en un sistema que se ve en parte deslegitimado. Existe una disonancia tan grande entre el mensaje y las perspectivas de futuro que, junto con el resto de procesos, dan lugar al crecimiento del individualismo y del nihilismo. Además, España también cuenta con elevadas tasas de abandono escolar, lo que supone que estos adolescentes que salen del sistema educativo sin formación todavía van a encontrarse en una situación mucho más negativa para acceder a un empleo. Hay que recordar que España es el país con la tasa de abandono escolar temprano más elevada de la Unión Europea, situándose en 2013 en el 23,5% (Eurostat, 2014).

Hemos mostrado algunos de los aspectos que condicionan a los adolescentes en la actualidad. Hay que entender que todos ellos están interrelacionados, que no son independientes los unos de los otros, y que todos tienen sus consecuencias en chicos y chicas que están formando su personalidad. En muchos aspectos, las dificultades a las que se enfrentan los adolescentes de hoy son más complejas que las que contaban las generaciones de sus padres, con un camino más definido y marcado. Precisamente, este hecho puede generar en sus mayores una menor empatía, ya que los discursos más generalizados suelen tachar a los adolescentes con adjetivos que hacen referencia a su inmadurez, a una forma de ser caprichosa, a que lo tienen todo, a la falta de una cultura del esfuerzo, etc. Pero posiblemente no se hayan parado a pensar que ellos son también responsables de esa situación que describen, junto con el resto de agentes de socialización. Como a las generaciones de sus padres, el mundo de los adultos les es ajeno y distante, pero a diferencia de los primeros, el tablero de juego ha complejizado sus piezas y las recetas del pasado ya no sirven. Empatía y comprensión son necesarios para entender a los adolescentes de hoy, unos adolescentes que buscan su sitio, que no lo encuentran, y que corren el riesgo de dejar de buscarlo, y eso sí que no tiene vuelta atrás.

Sin duda alguna, los adolescentes han sido, son y serán, un grupo heterogéneo y diverso, y la forma de afrontar este escenario estará marcado también por los agentes de socialización y por sus motivaciones e inquietudes. No hay una receta mágica, pero los riesgos son grandes. En la conformación de las identidades, cualquier paso puede suponer una transformación.

Sergio Andrés Cabello,  profesor de Sociología de la Universidad de La Rioja, Vicepresidente de la Asociación Internacional de Trabajo Social y Ciencias Sociales (AICTS): http://www.ehquidad.org/es/

REFERENCIAS

Bauman, Z. (2007), Modernidad Líquida, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica

Giró, J. (2007), Adolescentes, ocio y consumo de alcohol, Madrid: Cyan. Proyectos y Producciones Editoriales

Venegas, M. (2013), Amor, sexualidad y adolescencia. Sociología de las relaciones socioafectivas, Granada: Editorial Comares