La formación profesional superior, a examen

Según algunas estimaciones, dos tercios del crecimiento de empleo en la década 2010-2020 en Europa se deberá a trabajos de carácter técnico. En este mismo periodo, en Estados Unidos una de cada tres ofertas de trabajo demandará una formación superior a la secundaria pero inferior a la universitaria.

Precisamente este es el foco del informe Skills Beyond School. Conscientes de que la formación profesional de grado medio solo da acceso a un número reducido de empleos, los autores fijan el foco en la superior (post-secondary vocational education and training), cada vez más demandada en el mercado laboral. De hecho, una de sus principales recomendaciones es definir una red específica de este tipo de educación, separada tanto de la FP media como de la universidad. Pero para ello es necesario dotar de identidad propia a este sector.

El informe analiza cuáles deberían ser esos rasgos de identidad, con ejemplos concretos de países que han implementado políticas exitosas respecto a alguno de ellos.

Flexibilidad y énfasis en las competencias

oecd_report_fpLo primero que debería caracterizar el sector es la flexibilidad, entendida como la capacidad para adaptarse a las demandas del mercado y a un alumnado que muchas veces ya acumula unos años de carrera profesional. La FP superior ayuda a este tipo de estudiante a mantenerse al día en las tecnologías o métodos de trabajo de su sector específico, adquirir las habilidades directivas necesarias para dirigir su propio negocio, o bien reciclarse hacia otros campos. Otras veces, en países donde los alumnos tienen una media de edad más joven (como España, Francia o Corea), estos programas ofrecen una entrada cualificada al mundo laboral.

Por todo ello, el informe recomienda que el contenido de esta educación se dirija y organice en torno a la adquisición de ciertas competencias, y no de acuerdo a programas de corte académico como los de la educación secundaria. De hecho, los posibles empleadores (el sector industrial, fundamentalmente) deberían participar en el diseño de los cursos para asegurar que se enseñen las habilidades que requiere cada sector. Esto no significa que haya que abandonar las destrezas básicas (la lectora y la numérica), sino integrarlas en los demás contenidos.

También la titulación y homologación deberían estar impregnados de este enfoque competencial. En Alemania, por ejemplo, existen unos exámenes prácticos diseñados por las empresas para certificar que los estudiantes han adquirido unas destrezas específicas. No es obligatorio asistir a los cursos para prepararlos, aunque la práctica totalidad de los alumnos lo hacen. Estas pruebas están reguladas por un organismo oficial y aparecen en las estadísticas oficiales. El 75% de los que obtienen un certificado de FP superior, lo hace a través de este camino, y el otro 25% acude a una Fachschule, instituciones educativas más parecidas a la enseñanza reglada y dedicadas específicamente a la formación profesional.

La OCDE aconseja crear una red de instituciones educativas específicamente centrada en la FP superior, al margen de la universidad.

Para evitar una excesiva heterogeneidad en los cursos que dificulte la homologación, la OCDE recomienda la existencia de un solo organismo nacional que certifique los títulos. En Suiza, por ejemplo, se encarga de esto un ente formado por representantes de los sindicatos y el mundo empresarial.

La flexibilidad de la FP superior también debe manifestarse en su capacidad para atraer alumnos adultos que ya llevan años en el mundo laboral. Para ello la OCDE recomienda organizar cursos a tiempo parcial (como en Holanda, donde existen unos “cheques escolares” con fondos públicos que los estudiantes pueden invertir en instituciones privadas que ofrecen este tipo de programas); dividir los programas en módulos para que los alumnos solo tengan que cursar los que específicamente necesiten (así se hace en Bélgica), o fomentar la educación a distancia.

Formación dual

fp_2Otra de las señas de identidad de la FP superior ha de ser, según la OCDE, la formación en la empresa (work-based learning). De hecho, el informe sugiere que la financiación pública esté limitada a aquellos programas que incluyan una carga significativa de este tipo de enseñanza que, al mismo tiempo que obliga a conectar los programas con las necesidades reales del mercado, mantiene a los alumnos en contacto con las últimas tecnologías y modos de trabajo en cada sector profesional. Además, estos programas facilitan el aprendizaje (en situaciones reales, no simulacros) de destrezas como la atención al público o el trabajo en equipo. Por otro lado, ahorran a las arcas públicas el dinero que cuesta la maquinaria necesaria para muchos de los cursos.

En Alemania, país pionero en la formación dual, en 2001 más de la mitad de la población de entre 16 y 22 años había completado uno de estos programas. Una de cada tres empresas ofrecía ofertas para aprendices, y en 2004 el gobierno firmó un acuerdo con el sector industrial por el que este se comprometía a que todas las empresas, excepto las muy pequeñas, recibirían alumnos en prácticas.

La OCDE quiere que el sector privado se involucre en la financiación de la FP superior.

Francia es otro país que ha optado por la formación en la empresa. Sucesivas reformas han ido facilitando la entrada de estudiantes en este tipo de programas. Dos de las más importantes han sido la rebaja de la edad mínima de los participantes hasta los 14 años, y las bonificaciones fiscales a las empresas que acojan aprendices. El informe de la OCDE también destaca el modelo de educación dual de Madrid, como ejemplo de cómo pueden convivir los intereses comerciales con los educativos.

Instituciones específicas

Según el informe, una de las barreras que se ha encontrado la FP superior ha sido la falta de unas instituciones educativas propias y claramente diferenciadas tanto de la educación secundaria como de la universitaria.

La OCDE recomienda crear –o redefinir– una red de instituciones educativas específicamente centrada en programas superiores de corta duración (de seis meses a dos años), incluso en países donde existe otra fuente de certificación paralela, como el mundo empresarial o sindical en Alemania o Suiza. De hecho, en su informe para Dinamarca, invitaba a dar marcha atrás al proceso de integración de las professional academies en la universidad. En otros países, como Inglaterra u Holanda, esta asimilación (programas de cuatro años con poca carga práctica) ha desdibujado la enseñanza profesional que tradicionalmente se impartía en los polytechnics o las hogescholen respectivamente. En cambio, el informe cita como modelos a seguir los community colleges estadounidenses o las fachhochschulen austriacas, ambas centradas en programas a tiempo parcial de claro contenido práctico.

Al igual que los alumnos, los profesores de los centros de FP superior deberían mantenerse en contacto con el mundo  empresarial, por lo que el informe propone fomentar contratos que lo hagan posible. Un ejemplo es el programa inglés “Teach Too”, que pretende atraer a trabajadores de la industria para que impartan algunos módulos.

España es uno de los países con un menor porcentaje de población entre 20 y 45 años cuya máxima titulación es de FP superior (11%)

Involucrar al sector privado

Además de en la enseñanza, la OCDE quiere que el sector privado se involucre en la financiación de la FP superior. En algunos países como Suiza, Estados Unidos o Canadá, ya existe este hábito, sin que el estado se involucre apenas. Sin embargo, esto puede acarrear problemas en cuanto a la evaluación de los programas. Por contra, en Israel o Suecia la administración financia a muchas instituciones educativas de titularidad privada, según un modelo parecido al concierto de la educación obligatoria.

En concreto, el informe propone como ejemplo el modelo sueco. En 2011, la mitad de los proveedores de FP superior eran privados. Estos solo pueden recibir dinero público si tienen acuerdos con empresas para que los alumnos puedan realizar allí sus prácticas (que deben suponer al menos un cuarto de la duración total del curso). Como contrapartida, estas compañías participan en la configuración y evaluación de los programas. Para garantizar su calidad, existe una agencia nacional que periódicamente recibe consejo de representantes sindicales y empresariales.

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Algunas estadísticas sobre el alumnado de FP superior

La matriculación en estos programas está creciendo durante los últimos diez años en el conjunto de la OCDE, con excepciones como Holanda o Inglaterra (en parte por su asimilación a los grados universitarios). España es uno de los países con un menor porcentaje de población entre 20 y 45 años cuya máxima titulación es de FP superior (11%); en el otro extremo están Canadá (35%), Irlanda (30%) o Austria (20%).

La edad media del estudiante se sitúa en torno a los 30 años. Claramente por debajo están España (25), Austria (23) o Francia (22); y por encima Suecia (35), Holanda (37) y Finlandia (40). Este dato está lógicamente conectado con el de la situación laboral. Allí donde hay más proporción de estudiantes trabajando, la edad media es mayor. Sin embargo, hay excepciones por los dos lados: Corea del Sur y España tienen una proporción de estudiantes-trabajadores superior a lo que cabría esperar por su edad media (aunque sigue siendo baja en términos absolutos: un 30% y un 35% respectivamente), mientras que en Dinamarca o Finlandia ocurre lo contrario.

En cuanto a las destrezas numérica y lectora (basic skills), destacan Suecia y Australia si nos fijamos en la proporción de alumnos con altas capacidades. Pocos alumnos españoles están entre los de mejores capacidades, pero también hay pocos entre los de menos capacidades.

La situación laboral de los graduados (de 16 a 65 años) en este tipo de programas depende en gran medida de la salud económica del país. Hay más desempleados en países con una alta tasa de paro juvenil, como España, Polonia o Irlanda. Sin embargo, con respecto a los otros dos, en España hay muchos menos de ellos inactivos, es decir, que ni continúan estudiando ni buscan trabajo. En cambio, en Corea del Sur y Japón hasta el 75% de los titulados en FP superior son ninis. Por el contrario, Finlandia, Alemania y Dinamarca tienen la menor tasa de paro en este colectivo.

El “premio salarial” por haber estudiado un módulo superior con respecto a los que se han quedado en uno medio es de un 18% en la OCDE, y la desventaja respecto a los graduados universitarios o similares ronda también el 20%. Pero la situación difiere bastante por países. En España el premio es menor y el castigo mayor, por lo que existen pocos incentivos para pasar de la FP media a la superior a no ser que luego se pretenda saltar a la universidad; lo mismo ocurre, pero aún con más intensidad, en Estados Unidos. En cambio, en Holanda y Francia ocurre lo contrario.

– Aceprensa. Fernando Rodríguez-Borlado

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