Qué hemos aprendido sobre la participación democrática en los centros escolares

La participación en las escuelas es por tanto un derecho de la comunidad escolar que debe ser garantizado por las instituciones y por los equipos directivos quienes deben establecer los cauces, la organización y los programas necesarios para que dicha participación sea efectiva.

Las diferentes leyes de educación que se han promulgado a lo largo de nuestro periodo democrático han establecido los cauces para la participación representativa de los diferentes sectores de la comunidad educativa, algunas han subrayado la importancia de la representación de los diferentes sectores y han establecido los mecanismos para dicha participación y otras han vaciado de contenido dicha posibilidad en aras de un modelo más jerárquico y centrado en el poder de los equipos directivos, como es el caso de la recientemente aprobada LOMCE.

democracia_intDentro de los diferentes marcos legales en los que se ha movido la escuela, los centros educativos han ido dando respuestas a la gestión de dicha participación estableciendo los mecanismos de participación, las estructuras participativas y las competencias que sociales y ciudadanas que debería adquirir el alumnado. Es en ese contexto en el que muchos centros educativos de infantil, primaria y secundaria han apostado por una participación efectiva y democrática de sus comunidades escolares.

Estos centros se organizan de forma democrática y consideran la participación en la vida escolar como un contenido de aprendizaje, una competencia social que deben potenciar y desarrollar en el alumnado. De este modo la participación de la comunidad educativa es un medio para gestionar de forma más eficaz el centro, pero también se ha convertido en un objeto de aprendizaje para el alumnado, en una apuesta por el desarrollo de competencias sociales que van a dotarles de recursos para ejercer una ciudadanía responsable como miembros de esta sociedad democrática.

Es en este contexto de participación democrática en la escuela, más allá de la participación formal que establece la normativa, desde donde queremos apuntar algunos de los aspectos clave que hemos aprendido en los centros educativos.

Cuando el alumnado tiene la posibilidad de tomar decisiones sobre aspectos relacionados sobre su aprendizaje o cuando las familias pueden participar de forma organizada en el aprendizaje en el aula o en las actividades del centro se añade un elemento motivador que incide positivamente sobre el aprendizaje del alumnado.

1. La participación democrática necesita liderazgo. Organizar un centro educativo en torno a la participación de la comunidad educativa exige diferentes tipos de liderazgo. Por un lado necesita liderazgo institucional, las autoridades deben promover, estimular, facilitar y formar al profesorado para que puedan llevar a cabo estos procesos participativos. Liderazgo directivo, cualquier proceso participativo en la vida del centro pasa por una apuesta decidida de sus directivos que deben organizar la vida del centro para promover dicha participación. Liderazgo pedagógico, hace referencia a la capacidad para establecer procesos, contenidos, metodologías y sistemas de evaluación contrastados capaces de promover dicha participación.

2. La participación democrática necesita estructuras sostenibles. La apuesta por la participación democrática necesita de estructuras formadas por los diferentes miembros de la comunidad educativa. Estas estructuras deben dotarse de objetivos y tiempos para su funcionamiento. En el caso del alumnado las estructuras que más eficaces se han mostrado hacen referencia a la ayuda entre iguales en aspectos relacionados con el aprendizaje y la convivencia escolar: los equipos de delegados, los círculos de convivencia o los cibermentores son ejemplos de estructuras con un papel muy  relevante en la vida participativa de los centros. Todas estas estructuras funcionan adecuadamente cuando se establecen tiempos en el horario escolar para que desarrollen sus funciones y cuando son sostenidas por adultos que realizan labores de coordinación.

3. La participación democrática en el aprendizaje escolar incide de forma muy positiva en la motivación del alumnado. Las experiencias de participación del alumnado y de las familias en el proceso de aprendizaje han mejorado el sentimiento de pertenencia de la comunidad educativa, así como la motivación y los resultados académicos del alumnado. Cuando el alumnado tiene la posibilidad de tomar decisiones sobre aspectos relacionados sobre su aprendizaje o cuando las familias pueden participar de forma organizada en el aprendizaje en el aula o en las actividades del centro se añade un elemento motivador que incide positivamente sobre el aprendizaje del alumnado.

4. La participación democrática en la gestión de la convivencia mejora de forma significativa el clima de centro. La participación del alumnado en la todas las fases de la gestión de la convivencia de un centro aumenta de forma considerable el compromiso de dicho alumnado con el clima de centro y le dota de muchos recursos para afrontar los conflictos que se producen en la vida diaria. La participación en el establecimiento de las normas del centro y del aula, la participación en los protocolos de actuación ante el incumplimiento de las normas, la participación en la observación activa del clima de convivencia y el establecimiento de planes preventivos participados son ámbitos de trabajo que han ofrecido magníficos resultados en la mejora de la convivencia escolar. En algunos problemas que se producen en el ámbito escolar como es el caso del acoso, la participación del alumnado se ha mostrado un aspecto imprescindible para realizar un correcto abordaje.

La escuela participativa ofrece numerosas oportunidades para el crecimiento moral del alumnado, para la reflexión y la acción sobre situaciones cotidianas relacionadas con la vida social.

5. La participación democrática exige la programación de contenidos de aprendizaje. La participación del alumnado es más eficaz cuando se programa de forma intencional y se establecen las competencias y los contenidos de aprendizaje que se desea que alumnado entrene y adquiera. Una programación cuidadosa facilita que todo el alumnado aprenda y practique habilidades relacionadas con la inteligencia emocional, estrategias de prevención y resolución de conflictos presenciales o producidos en las redes sociales, capacidades relacionadas con la gestión de grupos, o metodologías para la evaluación de la participación. Las estructuras a las que hemos hecho alusión anteriormente son un buen foro para desarrollar estas competencias ciudadanas

6. La participación democrática promueve el crecimiento moral y el compromiso con el entorno. La escuela participativa ofrece numerosas oportunidades para el crecimiento moral del alumnado, para la reflexión y la acción sobre situaciones cotidianas relacionadas con la vida social. La escuela tiene un papel compensador y cuando esa reflexión moral es insuficiente en la familia, cobra mayor sentido si cabe que asuma la responsabilidad de la educación moral. Y este bagaje permite formar alumnado para desarrollar una ciudadanía democrática, crítica y comprometida con la sociedad a la que pertenece.

La escuela participativa cuenta con la dilatada y valiosa experiencia y aporta una enorme solvencia y se revela como un elemento imprescindible de nuestra sociedad democrática para formar personas en la ciudadanía que exigen las demandas sociales del siglo XXI.

Juan de Vicente Abad, orientador del IES Miguel Catalán. Vicepresidente de CONVIVES http://convivenciaenlaescuela.es/