El machismo en los videojuegos

Con su melena color lila, Alanah Pearce parece sacada de uno de los videojuegos con los que trabaja. La joven australiana, de 21 años, es periodista especializada en crítica de videojuegos, trabajo que desempeña en webs, prensa y radio. En ocasiones, sus críticas negativas hacia algún videojuego no gustan demasiado a sus entusiastas seguidores, lo que se traduce en insultos y amenazas a través de las redes sociales. Alanah lleva un tiempo recibiendo mensajes groseros y amenazantes en su muro de Facebook, muchos de ellos con alto contenido sexual. Lo más inquietante es que sus autores son, apenas, recién llegados a la adolescencia. Para la periodista, “son críos con demasiado tiempo libre”, y por eso ha decidido denunciarlos directamente a sus madres.

Demostrando, de paso, lo sencillo que es obtener información personal en esta red social, a Alanah no le costó mucho averiguar quiénes eran las familias de los acosadores y contactar con ellas para mostrarles, vía WhatsApp, las lindezas que le dedicaban sus retoños. Las madres, escandalizadas y avergonzadas, prometieron charlas serias con ellos. Alanah decidió colgar muestras de estas conversaciones de WhatsApp en su Twitter, obteniendo casi 40.000 retweets.

No deja de sorprender que en una industria tan reciente como la de los videojuegos, surgida cuando la igualdad de género estaba ya (supuestamente) asumida, y cuyos productores y consumidores mayoritarios pertenecen a generaciones que han nacido inmersos en dicha igualdad, pueda darse un sexismo tan acusado. Alanah es, de hecho, una de las pocas mujeres comentaristas que hay.

El pasado mes de octubre también salieron a la luz amenazas contra la socióloga Anita Sarkeesian, por denunciar el machismo en los videojuegos.