Aprender o morir

"El otro día me sorprendí a mi misma cantando una tonta canción de moda. No me gusta esa canción, ignoro quién la canta y nunca he hecho nada por oírla. Pero no deja de sonar en la radio, y parece que, como si de un virus se tratase, se ha colado en mi cerebro echando raíces en mi memoria..."

Constantemente aprendemos, queramos o no. Incluso sin darnos cuenta, vamos incorporando  conocimientos, actitudes, habilidades y hasta movimientos. El aprendizaje puede realizarse de manera espontánea, por una predisposición innata, como los animales (mediante repetición, asociación o por elementos afectivos), o de manera intencionada. Somos la única especie que puede dirigir su propio aprendizaje, elegir qué aprendemos, dónde y cuándo. Decidimos qué queremos aprender y organizamos el aprendizaje: creamos la educación. Por ejemplo, cualquier niño sano oye, escucha sin que le enseñen. Pero si ese niño se hace médico tiene que aprender a escuchar por el fonendoscopio, debe educar su oído para interpretar los latidos del corazón.

ep1_vivir_aprender_intAprendemos cuando la experiencia modifica nuestro organismo. El aprendizaje es el  proceso mediante el que adquirimos un conocimiento, un hábito afectivo o una habilidad intelectual o motora. Existen muchos tipos de aprendizaje: respuestas condicionadas, aprendizaje semántico, imitación, habituación y mediante la acción. Todos ellos se basan en la facultad de la memoria. También en el uso de la memoria nos distinguimos. Si bien compartimos algunos de sus procesos básicos con los animales, nosotros podemos guiar los mecanismos de la memoria de acuerdo a un plan consciente. El acceso voluntario a la memoria y la capacidad de organizarla son grandes ventajas del ser humano, que, precisamente, hacen posible la educación. En este sentido, podemos decir que la educación consiste en construir la memoria personal y en aprender a utilizarla.

Los niños pequeños tienen una gran memoria, pero no son dueños de ella. Deben aprender a usarla. Por eso tenemos que enseñarles a configurar su memoria personal.  Durante la infancia temprana los niños construyen en su memoria una representación del mundo a partir de la cual va a interpretar y a asimilar las experiencias.

No basta con que ayudemos al niño a construir su memoria; debemos enseñarle a aprender y a usar lo aprendido.

Podemos, además, mejorar las técnicas de aprendizaje. ¿Cómo? Aprendiendo a aprovechar mejor nuestra natural capacidad de aprender: ordenando los contenidos, adquiriendo hábitos, organizando bien la memoria, aplicando técnicas para recordar mejor y utilizando los procesos metacognitivos, que nos permiten aprender sobre nuestro propio aprendizaje. Si podemos mejorar nuestro aprendizaje es porque podemos reflexionar sobre él. En esto consiste la metacognición. Se puede aprender a aprender. De hecho este asunto está siendo continuamente investigado y produce una gran cantidad de estudios, a los que desde la Universidad de Padres estamos muy atentos.

La metacognición constituye una excelente ayuda para el aprendizaje y los niños deben conocerla. Una buena forma de que entiendan en qué consiste la metacognición es pedirles que expliquen cómo aprendieron a manejar su nueva videoconsola. Esto les hace reconocer los mecanismos de aprendizaje que emplean (imitación, petición de instrucciones, ensayo y error, etc.), ver en cuál se sienten más cómodos, cuál emplear en cada caso y darse cuenta de que pueden aplicarlos a distintos dominios.

La pedagoga Carmen Pellicer cita los factores fundamentales de la metacognición:

  1. Nivel de conciencia de lo que se sabe y cómo se ha aprendido

  2. Cómo planificar, dirigir y controlar el propio aprendizaje

  3. Cómo monitorizar el proceso de aprendizaje: debilidades y fortalezas, autonomía, cuándo pedir ayuda…

  4. Evaluación del resultado, eficacia del proceso y posibilidad de aplicarlo a futuros aprendizajes o transferirlo a otros problemas.

Una gran herramienta para el aprendizaje: los mapas mentales.

En estas webs encontrarás plantillas para crear tus mapas mentales: