La era de los hombres-máquina

Todos los cambios sociales, económicos o tecnológicos, influyen en la educación. Por eso, en la Fundación Universidad de Padres necesitamos estar al corriente de lo que se está gestando en múltiples escenarios. Hay que conocer para prever, y hay que prever para actuar. La educación actúa sobre el presente, pero sus efectos se manifiestan en el futuro. Y uno de los personajes que habla con más insistencia del futuro es Ray Kurzweil.

Ray Kurzweil es uno de los principales pioneros en el campo de la interacción hombre-ordenador. Con sólo 15 años, cuando estaba en el instituto, desarrolló su primer proyecto con el que pretendía enseñar a las máquinas a entender patrones de información. También empezó a cartearse con Marvin Minsky, uno de los padres de la Inteligencia Artificial (recientemente galardonado con el Premio 2013 Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA). Tras pasar por el  Massachusetts Institute of Technology (MIT), fundó su primera empresa, una compañía de hardware y software en la que desarrolló muchos de los inventos que hoy utilizamos de forma cotidiana: los primeros sintetizadores capaces de emular el sonido de diferentes instrumentos, el primer software de reconocimiento de caracteres (OCR) “omni-font”,  que permitió, entre otras cosas, que las personas ciegas pudieran “escuchar” un texto impreso interpretado por un ordenador, y el primer programa de reconocimiento por voz, por citar sólo unos pocos ejemplos. En la actualidad, trabaja en Google para construir un modelo del cerebro que sea capaz de “manejar el lenguaje igual que los humanos”.

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Pero además de inventor, Kurzweil es un teórico, un futurólogo, que ha escrito varios libros donde ha expuesto sus teorías. A finales de los 80, en su primer libro, “La Era de las Máquinas Inteligentes”, expuso su teoría básica, la Ley de Rendimientos Acelerados sobre el crecimiento exponencial de las tecnologías de la información. Esta teoría defiende que el avance de los progresos tecnológicos no es lineal, sino que se multiplica de forma cada vez más rápida, lo que produce un crecimiento exponencial de la tecnología. Cuando se aplica a las tecnologías de la información -computación, inteligencia artificial, biotecnología, genética, ciencias cognitivas, etc. -,  el crecimiento se dispara: “en el siglo XXI no viviremos 100 años de progreso, sino 20.0000” y en un par de décadas habremos alcanzado La Singularidad otra de sus teorías -, según la cual estamos a las puertas de “una evolución tecnológica tan rápida y profunda que significará una ruptura en el tejido de la historia de la humanidad”, que afectará a todos los órdenes de la vida: a cómo aprendemos, cómo nos relacionamos, a la manera en la que trabajamos o nos mantenemos sanos.

Kurzweil también es un gran divulgador y, con cada una de sus apariciones – no sólo ha escrito libros, también ha protagonizado películas sobre la teoría de la singularidad e impartido cientos de conferencias- multiplica las previsiones sobre nuestro futuro más inmediato. Ha anunciado el fin de la esclavitud biológica de la especie humana gracias a la biotecnología y a la genética, lo que nos permitirá alcanzar la tan buscada inmortalidad. Hace  unos días afirmaba  que gracias a los avances de la tecnología y  la neurociencia, en apenas 15 años “podremos conectar nuestro cerebro a un cerebro externo híbrido de tecnología y biología que será nuestro cerebro dominante”, augurando que el siguiente paso de la evolución humana será “la fusión de la especie que inventa la tecnología y la tecnología computacional cuya creación ella misma creó.”

Por eso, necesitamos estar al tanto de lo que sucede. La educación tiene que ser una ciencia de vanguardia.

A pesar de que algunas de sus profecías pueden parecer más propias de la ciencia ficción que de la realidad, otras voces autorizadas, como la de Oussama Khatib, catedrático de Inteligencia Artificial de la Universidad de Standford, también sostienen que en un futuro cercano viviremos y trabajaremos con robots. Independientemente de que las teorías de Kurzweil tengan entusiastas seguidores y férreos detractores, lo cierto es que todos hemos experimentado, al menos hasta cierto punto, el crecimiento exponencial de todo tipo de tecnologías. Desde el año 2000 hemos presenciado la aparición y evolución de numerosos inventos: desde youtube a facebook pasando por el omnipresente smartphone a implantes de retina que devuelven la visión a pacientes con degeneración macular o sillas de ruedas que pueden manejarse gracias a los impulsos electromagnéticos de nuestro cerebro. Si el futuro estará habitado por hombres-máquina es algo que nosotros quizá no veremos, pero nuestros hijos probablemente sí.