Los chicos con las chicas ¿o no?

La educación es un saber de frontera, que se mueve en terrenos difíciles y polémicos, y que ha de estar en permanente alerta, para no dejarse llevar de prejuicios de todo tipo que la amenazan. Uno de esos temas controvertidos es la coeducación.

Madrid | Febrero 2011 | José Antonio Marina. Rector de la Universidad de Padres on-line


Como saben, la coeducación, es decir, que chicos y chicas estudien juntos, forma parte esencial de nuestro sistema educativo. La educación diferenciada –la separación de sexos- no es ilegal, pero sólo se da en colegios privados y en algunos concertados. Después de una larga historia de segregación, de marginación educativa de las chicas, de políticas de “entre santa y santo, pared de cal y canto”, la coeducación, aplicada en toda nuestra área cultural, nos parece un logro liberador.

Educación diferenciadaSin embargo, asociaciones de distinto tipo y en distintos países defienden la conveniencia de volver a una educación separada. La National Association for Single Sex Public Education (NASSPE) y la European Association for Single Sex Education (EASSE) son las más activas defensoras de esta postura. Aducen que chicos y chicas maduran a distintas velocidades, tienen intereses y estilos de aprendizaje distintos, y, por ello, someterles a una educación uniforme perjudica a todos. Las niñas son más precoces verbalmente, a los seis meses de edad muestran más actividad cerebral en el hemisferio izquierdo, responsable de las habilidades del lenguaje. A los 20 meses tienen el triple de palabras que los niños. En el colegio escriben antes y con mayor perfección, adquieren más vocabulario y leen con más facilidad. Los niños tienen más facilidad para el pensamiento lógico matemático, o abstracto. Los niños son más proclives al movimiento. Además, indican, el fracaso escolar de los chicos está 14 puntos por encima del de las chicas, que por cada alumna que repite lo hacen dos chicos. Otro argumento que esgrimen en contra de la escuela mixta es que adelanta la preocupación de los adolescentes por la sexualidad. Piensan también que al separar a niños y niñas estos tienen menos distracciones, lo que favorece el aprendizaje académico, la tranquilidad en el aula, la eficacia del docente. De las diez mejores escuelas de Inglaterra, sólo dos son mixtas. Entre las mejores cincuenta escuelas hay 16 mixtas. Según la investigación de Lee y Bryk en el año 2003, con alumnos de 75 escuelas, los que estudiaban en escuelas separadas obtenían mejores notas. En Ontario, 10 de las 16 mejores escuelas con mejores calificaciones eran diferenciadas. En Australia se comprobó que los alumnos de educación diferenciada obtenían un resultado entre un 15% y un 22% mejor que los de escuelas mixtas. Estos son los argumentos de los críticos de la coeducación.

En algunas naciones se ha intentado tímidamente poner en práctica estas ideas. El senado de Berlin, a iniciativa de la ministra de Educación, Ingrid Stahmer, socialista, recomendó la separación, en un intento de discriminar positivamente a las chicas, en las clases de matemáticas y ciencias. La medida se implantó en más de ciento cincuenta colegios públicos. En EEUU se llegó a un acuerdo en el año 2001 para modificar la No Child Left Behind Act, y permitir aulas diferenciadas. En la actual administración americana, Arne Duncan, colaboradora de Barack Obama es partidaria de la separación, y apoyó en 2001 el proyecto Urban Prep Charter, en Chicago.

En España, es difícil pensar este asunto con claridad, por las connotaciones ideológicas que implica. Aunque los defensores actuales de la educación diferenciada insisten en que se basan en datos científicos y no religiosos, es difícil olvidar la dureza con que la iglesia católica, por ejemplo, se opuso a la coeducación. El papa Pio XI la condenó en su encíclica Divinis illiusmagistri: “Erróneo y pernicioso es el método llamado coeducación, fundado también, según muchos, en el naturalismo negador del pecado original y, además, según todos los sostenedores de este método, es una deplorable confusión que trueca la legítima convivencia humana en una promiscuidad e igualdad envilecedora”. El eco de estas palabras se escucha en algunas de las propuestas españolas de educación diferenciada, y provoca rechazos explicables.

EducaciónLa coeducación sirvió para luchar contra una idea en el fondo discriminadora y pesimista, y nos parece que favorece el desarrollo armónico de la convivencia entre chicas y chicos, fomenta la igualdad efectiva, y permite una mayor naturalidad en el trato. Sin embargo, los educadores debemos estar bien informados sobre las posibles ventajas académicas de la educación diferenciada, para poder aplicarlas en nuestros centros. Durante muchos años, ha sido prioritario educar para la igualdad de hombres y mujeres, porque se partía de una situación injusta. Pero en la actualidad, cuando la igualdad jurídica, política y social está conseguida –al menos teóricamente- se impone educar también para la diferencia. Hombres y mujeres somos iguales en derechos, iguales en inteligencia, pero distintos en intereses. Y debemos permitir que esas diferencias se desarrollen, se perfeccionen, se elijan o se rechacen. En los últimos años, han aparecido estudios sobre las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino, como los resumidos en los libros de Louann Brizendine «El cerebro femenino» y «El cerebro masculino» (RBA), o sobre los diferentes modos de aprender, como el de .N. James «Teaching the Male Brain» y «How Boys Think, Feel, and Learn in School» (Corwin).

Debemos, pues, educar con más respeto a la diferencia, pero hacerlo dentro de un marco coeducativo. Y eso es, tal vez, lo que estemos haciendo mal. La educación debe ser siempre diferenciada, porque los alumnos no son iguales. Y debe serlo para que cada uno de ellos alcance su nivel más alto. Pero eso no significa la segregación, sino una más depurada didáctica. Hay un dato que me resulta preocupante. A pesar de que los expedientes académicos de las chicas suelen ser mejores que los de los chicos, su autoestima desciende durante los estudios secundarios. La coeducación debería servir para enseñar un modo de convivir igualitario y justo, pero se están detectando formas machistas de comportamiento en las relaciones de parejas adolescentes, y, por último, la American Psychological Association ha advertido del proceso de sexualización de las niñas a edades cada vez más precoces. Como ven, los docentes tenemos que estar muy alertas para detectar problemas y soluciones.

En los programas de la UP hemos tenido que tratar este problema. Nuestro modelo educativo tiene en cuenta las diferencias psicológicas, dentro de un marco de igualdad básica. Así pues, defendemos una educación mixta que, sin embargo, reconozca y cuide las diferencias entre chicos y chicas. Insistimos en cada uno de ellos tiene que elaborar su proyecto personal, su modo de vivir la masculinidad o la feminidad, en el que tiene un papel importancia la convivencia con los demás. Esta es la mejor manera de conseguir que ninguno de los dos géneros resulte perjudicado por la convivencia en las aulas, y que todos aprendan a convivir fuera de ellas.

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