Entornos VUCA y recursos personales

Nos movemos continuamente en entornos volátiles, inciertos, complejos, ambiguos (VUCA, por sus siglas en inglés). Un término surgido del mundo militar en los años noventa, y que nos sirve para describir nuestra capacidad para involucrarnos en situaciones marcadas por los cambios y desafíos. El entorno VUCA, vertiginoso y cambiante, puede convertirse en el entorno de la posibilidad, de las oportunidades, si aprendemos a navegar en él de la manera adecuada.

Como señala Nassim Nicholas Taleb en su libro “Antifrágil”, es más fácil determinar nuestra sensibilidad a los daños causados por la volatilidad que prever el suceso que causaría el daño. Es decir, tenemos que trabajar nuestras fortalezas y gestionar nuestras fragilidades para colocarnos en las mejores condiciones frente a los imprevistos generados por un entorno VUCA, que van a suceder, queramos o no.

En la UP, lo hacemos trabajando nuestros recursos personales. Se trata de aquellas capacidades, saberes, destrezas, rasgos de carácter, que facilitan el acceso de una persona a la felicidad, en el sentido de creatividad y de bienestar. No bastan para asegurar la felicidad, porque existen elementos incontrolables, pero al menos aumentan la probabilidad de conseguirla. Unos tienen una clara orientación genética (como pueden ser la orientación activa ante la realidad, la sociabilidad, el tono hedónico positivo o las funciones intelectuales eficaces), y otros son recursos aprendidos (hábitos cognitivos, afectivos u operativos).

Estos recursos nos facilitan la realización de las grandes actividades necesarias para movernos en un mundo que fluye constantemente. Generando hábitos automatizamos las respuestas afectivas, cognitivas o motoras que damos a lo que se nos presenta. Los recursos son hábitos liberadores, que nos permiten ampliar nuestras posibilidades de realizar las condiciones imprescindibles para nuestra felicidad.