Bachillerato Internacional, educación de calidad

Pedagoga, escritora y directora de la Fundación Trilema, Carmen Pellicer cultiva la investigación e innovación educativas. Ha sido coordinadora en un centro de Bachillerato Internacional y profesora de Teoría del Conocimiento. Desde esta experiencia nos explica en qué consiste la modalidad internacional de bachillerato y cómo se implementa en nuestro país.

El bachillerato internacional nació a finales de los sesenta en una época marcada por una inquietud por la innovación educativa, y ha conservado esa idea de cambio progresista dentro de su preocupación por crear un modelo de educación internacional coherente, que se ha ido extendiendo a lo largo de su historia hasta los 147 países en los que se encuentra hoy presente.

El alcance del programa abarca ahora a un número considerable de países en todo el mundo, con más de 70 colegios en España, que ofrecen un Programa de Diploma, unas cifras que indican que aún hay cabida para el crecimiento, a pesar de las dificultades que supone su alto coste económico para los centros y las familias.

La oferta inicial de un último ciclo de educación secundaria para un número reducido de colegios privados, posteriormente ha florecido como una educación realmente internacional a todos los niveles, de 3 a 19 años, cuya última incorporación ha sido el IBCC, un curso certificado de formación profesional, pero que está basado en el habitual interés en el pensamiento crítico, la participación activa y una conciencia ética, los distintivos del enfoque de la educación del BI.

up5_horizonte_binternacional_intMi relación personal con el programa de BI comenzó hace unos 15 años cuando me involucré en la creación del programa en un colegio en España, cuyos alumnos eran en su mayoría españoles pero que también contaba con alumnos de otros países. Me impresionó el rigor de la evaluación que exigía la organización para poder introducir el programa en el colegio. Semejante seriedad, y el posterior énfasis en las conferencias y workshops nacionales e internacionales para garantizar un desarrollo profesional efectivo de los profesores que debían impartir las materias, dejaron claro que era un programa que se interesaba en educar a todos los que estaban implicados en su práctica con rigor académico a la vez que cuidaba la educación integral de la persona, un concepto central del  BI que se refleja en toda su organización. En aquel momento suponía un planteamiento realmente nuevo frente a un bachillerato en nuestro país tan condicionado por la presión de la selectividad.

Lo que conocemos por el Programa del Diploma, (16-18 años), con el cual he trabajado más de cerca, no solo se preocupa por la enseñanza mediante las materias más académicas sino también por ampliar sus objetivos educativos a través del Ensayo Extendido, un trabajo de investigación, la asignatura de Teoría del Conocimiento, que cabalga entre la Filosofía de la Ciencia y la Educación para la Ciudadanía, y CAS, un programa de Aprendizaje-Servicio que lleva a los alumnos a desarrollar experiencias solidarias en contextos muy variados.

El hecho de que a los alumnos se les exija estudiar idiomas, arte, matemáticas, humanidades y ciencias significa que están preparados de una forma que les da tanto la oportunidad de desarrollar sus capacidades intelectuales y culturales como garantizarles el acceso a una variedad de salidas profesionales en el futuro, además de asegurarle que se sentirán cómodos en cualquier entorno geográfico o cultural. Sus exposiciones y trabajos destacan por su autoconfianza y madurez intelectual. Pueden trabajar en cualquiera de los tres idiomas, inglés, español o francés.

Al mismo tiempo los elementos adicionales del programa mencionados anteriormente permiten un planteamiento pedagógico innovador del que tristemente carecen tantos sistemas de educación, actualmente, a nivel mundial. El Ensayo exige investigación, una técnica y experiencia que prepara al alumno específicamente para la universidad, y una calidad de razonamiento y un nivel de evaluación de fuentes e ideas, que les ayudan a crecer a todos los niveles. La Teoría del Conocimiento va más allá de la enseñanza tradicional de la filosofía para mirar el proceso que implica el saber y el cómo aprendemos, y de este modo complementa y anima a la necesidad del pensamiento crítico en otras disciplinas. Finalmente el inspirador programa CAS, mi favorito y que tutoricé a muchos alumnos, permite planificar proyectos sofisticados e interdisciplinares, dándoles la oportunidad de descubrir, experimentar y poner en práctica lo que han aprendido “de la vida real” y que, de nuevo, les dejará mucho mejor preparados para lo que se les avecina, en especial los desafíos que afrontarán después en su vida adulta.

Hoy en día la Fundación IB incluye también los programas de Primaria y Secundaria, donde las semillas de las estrategias de pensamiento crítico y creativo se plantan y cultivan a través de una ampliación creativa de currículum, que de nuevo tiene como núcleo la investigación, el cuestionamiento de todos los aspectos del conocimiento y una conciencia social comprometida.  Es esta educación integral basada en auténticas experiencias de aprendizaje y verdaderamente dirigida a desarrollar al alumno por completo, lo que es un cliché en tantos otros contextos, pero que en este caso es algo a lo que honestamente se aspira, y que hace que el programa de BI sea muy sugerente para los educadores y padres.

La evaluación es igualmente amplia y no puramente basada en exámenes, y se aborda marcando objetivos específicos graduales y acompañando a los alumnos en su desempeño de una manera muy personalizada.

Los colegios son conscientes desde el principio de lo que se puede lograr, y los alumnos, en un programa bien gestionado, tienen constantemente presentes los objetivos que tienen que alcanzar, permitiéndoles así concentrarse en lograr resultados específicos y relevantes para su desarrollo.

Habiendo dicho todo esto, también debería apuntar que el  BI no carece de detractores. Recuerdo un padre especialmente irritado, profesor de universidad, renegando vehementemente del programa y amenazando con sacar a sus hijos del centro si el programa  BI salía adelante. Su principal preocupación era la superficialidad en términos de rigor académico en comparación con el bachillerato español. Al mirar atrás, tal preocupación parece ahora irrisoria cuando uno considera cómo el bachillerato español permanece esencialmente atado a un currículum cargado de contenidos y sin muchas esperanzas de afrontar la profunda renovación que requiere. Una objeción más seria, sin embargo, puede recaer en esa cuestión de superficialidad, o al menos, una aproximación académica menos profunda comparada con esos países donde los alumnos de bachillerato se especializan en tres o cuatro asignaturas. La tensión entre una especialización temprana y un currículo más holístico sigue abierta. Pero creo que mantener en el programa elementos como el CAS o el ensayo o cubrir una formación rica en ciencias y humanidades es prioritario para garantizar su función educadora y no solo instructora, tan necesaria en la adolescencia tardía de los alumnos de este nivel.

La tensión entre una especialización temprana y un currículo más holístico sigue abierta.

He visitado y evaluado bastantes escuelas en España que imparten el programa, y como siempre, todo depende de la calidad y compromiso del profesorado, ya que la realidad es que semejante nivel de rigor, cuestionamiento e investigación es posible incluso en el más tradicional de los bachilleratos, sólo si el profesor y la cultura de la escuela así lo desean. El BI se planifica de manera que ofrece una oportunidad excepcional para llevar a cabo plenamente su finalidad. Todos podemos aprender de ellos y preguntarnos qué nos impediría trasladar sus intuiciones y su experiencia a cualquiera de los centros educativos en los que hoy nos debatimos todavía en la incertidumbre de que será de esta etapa en la nueva ley de educación.

La página oficial de la organización ofrece información exhaustiva sobre los programas, y también la relación de los centros que lo imparten, en cuya web se pueden encontrar muchos ejemplos del aprendizaje de los alumnos.

Carmen Pellicer Iborra, Teóloga, pedagoga y escritora. Dirige la Fundación Trilema

www.fundaciontrilema.es

Imagen portada: Creative Commons Éole