Amor y límites

¿Es bueno que un niño duerma con sus padres? ¿Qué es mejor la leche materna o el biberón? ¿Debemos imponerle una disciplina firme o eso limita la libertad del niño? ¿Debemos aceptarles como son o intentar que cambien? Muchos padres se sienten desconcertados porque reciben mensajes contradictorios, que proceden de distintas visiones del desarrollo humano. ¿A quién hacer caso? Es necesario que sepan qué teorías están detrás de un consejo determinado, y cuál es su rigor científico, antes de ponerlo en práctica. Las polémicas abiertas entre los partidarios de la llamada Crianza Natural y los que utilizan métodos más estrictos (entre ellos el famoso método Estivill) son buena prueba de esta ideologización de las prácticas educativas.

Durante los últimos años han ido apareciendo nuevas corrientes o tomando fuerza algunas ya existentes en relación al parenting, la mayoría de ellas muy relacionadas entre sí. Me gustaría centrarme en una de ellas que ha tomado una relevancia especial en nuestro país tanto por su número de seguidores como de detractores.

Crianza natural: es un término acuñado inicialmente por el Dr. W. Sears en el que se describen las formas tempranas de interacción entre el niño y la madre (o en su defecto el cuidador principal). Esas formas de interacción tempranas están basadas en el apego, la atención constante al bebé/niño y el seguimiento de los instintos más primarios de cuidado de las crías que, como animales de la misma especie que somos, tenemos. Algunas cosas positivas e importantes que aporta esta visión del parenting son el recobrar la importancia del bebé/niño como un ser con sus propias necesidades y gustos, que no es simplemente un adulto en pequeño, y la recuperación de formas de alimentación más adecuadas para los bebés. Se conoce también con términos como crianza con apego o crianza respetuosa.

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Algunos aspectos promovidos por la crianza natural son muy controvertidos como el llamado colecho o padres que comparten cama con sus hijos. La crianza natural ha dado visibilidad a un hecho real que ya existía antes del auge de esta corriente y que, en mi opinión, no es bueno ni malo sino adecuado o inadecuado en función de la familia, el bebé y las circunstancias que les acompañan. En mi opinión profesional no es lo mismo un bebé de 3 meses que sufre cólicos del lactante y que deja exhausta a la madre que, lógicamente, lo mete en su cama para poder recuperar un poco de sueño perdido como una situación temporal y transitoria o una madre tras una cesárea que para evitar levantarse y acostarse varias veces en la noche, con el consiguiente perjuicio para su recuperación, decide acostar al bebé en su cama desde donde puede alimentarlo con seguridad y comodidad para ella y para el bebé, que una niña sana de 3 años que duerme a diario con sus padres. Cada familia y cada bebé tendrán unas necesidades diferentes que cubrirán de distintas maneras.

Ahora me centraré en algunas de las cosas que no me parecen aceptables, coherentes o que, simplemente, no comparto como profesional ni como madre. El uso del término crianza no me gusta de inicio. A cualquier persona que no tenga hijos y que desconozca el tema si le hablas de crianza piensa en alimentación y cuidados básicos, muy habitualmente de animales. Personalmente me encantan el resto de animales pero creo que los humanos tenemos características cualitativas, y no solo cuantitativas, que nos hacen diferentes. Esa es una de la razones por las que me hice psicóloga educativa y por eso no comparto usar términos como crianza que, en la RAE, no tienen significado educativo hasta la 4ª acepción. Prefiero pensar que se educa desde el minuto cero de nacer e incluso desde los 9 meses anteriores.

No dudo de que un bebé con las necesidades básicas bien cubiertas es más feliz y aprende mejor pero la educación parental no debe reducirse por ello a eso.

La mayoría de los profesionales defensores de la crianza natural son médicos. Los profesionales de la medicina en general y los pediatras en particular tienen una relevancia fundamental en el apoyo a la madre durante toda la infancia del niño en su faceta de cuidado de la salud y detección de posibles problemas. Yo que crecí bajo el cuidado de un gran pediatra, al que aun visito, sé que tener un profesional de confianza es imprescindible. Ahora bien, muchos de los temas de los que hablamos no son de salud, sino de educación, y los profesionales de la salud, en ocasiones, interfieren en ellos con total libertad.

Los “acompañantes” natural, con apego, respetuosa, que se unen al término crianza resultan absolutistas y dogmáticos ya que se enarbolan como la única forma de educar con apego, con respeto y de forma natural dando a entender que cualquier otra forma de hacerlo no lo es. Esto es absolutamente falso, además de muy doloroso y frustrante para millones de madres y padres que no pueden o quieren cumplir con los principios de este tipo de crianza. Es hora de dejar de hacer juicios constantes de la labor parental y centrarnos en ayudar a buscar estrategias y medios para que los padres logren sacar lo mejor de sí mismos y de sus hijos.

La mayoría de las posturas parentales que defiende se basan en la conducta natural que las madres tienen en otros ambientes diferentes de la sociedad occidental, como algunas tribus de diferentes continentes, y en las necesidades y señales que la propia naturaleza del bebé y de la madre marcan. Sin embargo, en ocasiones, no resulta coherente ya que, por ejemplo, aboga por el mantenimiento de una lactancia materna muy prolongada cuando las señales naturales físicas del niño (erupción de muelas y dientes a los 24 meses, aproximadamente) nos indican su capacidad natural para alimentarse como carnívoros o el porteo habitual de niños mayores cuando su desarrollo psicomotriz les permite la deambulación e independencia de movimientos.

La crianza natural olvida en múltiples ocasiones que el ser humano es un animal social y que una de sus mejores capacidades es la de adaptarse al entorno y realizar conductas adaptativas en él.

Muchas veces lo que resulta adaptativo en una tribu no lo es cuando se vive en un entorno urbano o cuando la madre trabaja y es el padre el que toma el papel de cuidador principal. Relegar nuevamente a la mujer a su rol de procreadora y cuidadora del hogar le resta derechos y oportunidades logradas con mucho esfuerzo durante los últimos siglos.

Creo que si bien la crianza natural puede tener algunas posturas y actitudes que sean válidas durante los primeros meses de vida (como bien describe la palabra crianza) es un paradigma muy reducido a la hora de enfrentarse al crecimiento de los hijos y que muchas familias acaban desterrando porque observan que no permite afrontar la realidad de sus hijos en desarrollo.

Como fin y, en términos generales, desconfío de todo aquello que se cierra en sí mismo y que no admite posturas de otros movimientos o corrientes educativas o de parenting. Me parece que encierra a los padres en una cárcel de dogmas que no les permiten admirar la variabilidad de posturas y acciones ajenas a él y que sin duda es la base para que cada padre determine y elija lo que es mejor para ellos y su bebé en cada momento y circunstancia.

Imagen portada: Licencia Creative Commons. Marsmet
Imagen artículo: Licencia Creative Commons. Irisiri