El cerebro adolescente

Durante la adolescencia, la neuroplasticidad aumenta, se reorganizan las sinapsis, la mielinización permite una mayor rapidez de transmisión, el cerebro entero se hace más eficiente. Para los expertos, todo esto convierte la adolescencia en un periodo de especial importancia para la educación y para la adaptación al medio social. Para la Universidad de Padres estos hallazgos están siendo de vital importancia a la hora de crear nuestros programas.

Eric Jensen, en su libro Teaching with the brain in mind  afirma que uno de los diez mayores hallazgos sobre el cerebro en la última década ha sido descubrir que la conducta adolescente depende en gran parte de los cambios que están operándose en su cerebro. Durante muchos años se pensó que había una edad de oro del aprendizaje –de 0 a 7 años aproximadamente-, pero ahora sabemos que hay una segunda edad dorada durante toda la adolescencia. El cerebro sufre una profunda remodelación. Los axones, las fibras largas que transmiten las señales de una neurona a otra, aumentan su capa de mielina, por lo que la velocidad de transmisión puede aumentar hasta cien veces, las sinapsis que no son utilizadas desaparecen, y las que quedan se potencian. La corteza cerebral se hace más fina, pero mas eficiente.

up3_horizonte_cerebro_adolecente_int Los comportamientos que nos parecen precipitados, irresponsables, temerarios de los adolescentes se han mantenido a lo largo de la evolución porque son muy eficaces adaptativamente. B.J. Casey, científica especializada en la neurología adolescente, afirma: “Estamos muy acostumbrados a ver la adolescencia como un problema, pero cuanto más averiguamos acerca de este periodo, más nos parece una fase funcional y adaptativa. Es exactamente lo que hace falta en ese momento de la vida”. Lo que se está ofreciendo al adolescente es la oportunidad de construir un cerebro mejor. Oportunidad que puede perder si no le indicamos como aprovecharla. Suelo explicar esto a gente muy joven diciendo que ellos habían aprendido a conducir un ciclomotor y ahora se encuentran al volante de un Ferrari. Es estupendo tener su potencia, pero si no se aprende a conducir, el accidente va a ser inevitable. Los adolescentes tienen que sacarse el carnet de conducir su propio cerebro. Por experiencia sé que entienden muy bien ese mensaje. El Dr. Jay Giedd, del National Institute of Mental Health de EEUU, que ha seguido mediante resonancias magnéticas funcionales la evolución del cerebro de 145 niños sanos desde los cuatro hasta los veintiún años, es muy contundente acerca de las posibilidades educativas de esta edad. En ella se construyen la grandes capacidades, o se gestan los grandes fracasos. Giedd afirma: “Con frecuencia enseño a adolescentes las curvas que muestran mis estudios y les digo: “Si haces tonterías con las drogas y el alcohol esta noche, los efectos pueden durar no solo este fin de semana, sino los próximos ochenta años de tu vida”.

 

Con este apocalíptico consejo, Giedd quiere enfatizar la capacidad de  rediseñar su propio cerebro que tiene el adolescente.

Los cambios en el cerebro comienzan en la zona occipital y van progresando hacia los lóbulos frontales que son las áreas cerebrales de donde emerge el autocontrol, la planificación, en una palabra, las funciones ejecutivas. Se ha dicho que el hecho de que estas zonas maduren tardíamente (su maduración puede durar mas allá de los veinte años) es la razón de los comportamientos irresponsables de los adolescentes. Pero Elkhonon Goldberg, uno de los grandes expertos en el cerebro ejecutivo da una versión diferente de este fenómeno. Las áreas del cerebro maduran con el ejercicio. Esto hace pensar que tal vez los adolescentes no sean irresponsable porque sus lóbulos frontales no han madurado, sino que, como no les educamos en la responsabilidad, los lóbulos frontales tardan más en madurar.

Sea como sea, este tema es central en la educación de los adolescentes. Y me siento orgulloso de decir que los programas que la Universidad de Padres está haciendo en colaboración con la Universidad Nebrija de Madrid pueden colocarnos a la cabeza de la aplicación didáctica de esos descubrimientos neurológicos.

 

Imagen portada: Licencia Creative Commons. Dierk Schaefer
Imagen artículo: Licencia Creative Commons. Maureen Sill

  • Guest

    Estimado José Antonio:

    No estoy de acuerdo en…

    – que se hable de líderes militares cuando en realidad se trata de mandos militares: hay enormes diferencias entre liderar (desde la autoridad, informal) y “jefear” (desde el poder, formal).

    – que la escuela deba preparar para el futuro pues parece como que el futuro ya está escrito y sólo nos queda la opción de adaptarnos ¿y la opción de crear desde hoy mismo un futuro diferente, mejor para las personas y la naturaleza? Creo la escuela debe preparar para el hoy, para ser (más que para saber, hacer o tener), sentir, vivir y convivir.

    – que escuela y empresa apliquen tácticas militares -más todavía si cabe de lo que ya lo hacen- porque esto trae consigo muchos efectos indeseables: fragmentación interna, fricción entre las partes, segregación en una minoría superior y una mayoría inferior, burocracia y jefe-centrismo (en lugar de alumno-centrismo escolar y cliente-centrismo empresarial), falta de implicación de las personas, absentismo psicológico, ansiedad,…

    Saludos, Vicente Bou