Entrevista a Juan Santaella

No es habitual que una persona que desempeñó cargos de alta responsabilidad en la administración andaluza (Viceconsejero de Educación de la Junta de Andalucía, Delegado de Educación de Granada y Delegado de Gobierno de la Junta de Andalucía) trabaje —tras su jubilación como profesor de instituto— impartiendo clases de acceso libre a Educación Secundaria para presos de un centro penitenciario, clases de español para refugiados en la Cruz Roja, o promoviendo una Escuela de Padres y, además, escribiendo lúcidos y valientes artículos de prensa cada semana.

PREGUNTA: ¿Qué vocación o pasión le mueve para seguir tan activo por la educación?

RESPUESTA: Siempre entendí que el arma más poderosa que los humanos tenemos para eliminar las tres grandes desigualdades que aquejan a la humanidad —la de género, la de clase y la de raza— es la educación. Por eliminar esas desigualdades luché denodadamente  en mis clases, como profesor, y lo sigo haciendo hoy como jubilado.

P.- Haber vuelto, tras desempeñar un alto cargo como viceconsejero de la Consejería de Educación o la Delegación Provincial de Educación en Granada, tras una década (1983-1994), a la docencia en su propio Instituto de Secundaria ¿le enseñó algo relevante sobre la complejidad del Sistema Educativo, ese “diplodocus dormido” que dice J. A. Marina?

R..- Tras mi periplo en cargos de responsabilidad educativa descubrí que mi preparación se había resentido, tras doce años de ausencia, y me reciclé, doctorándome en Pedagogía, lo cual me obligó a asistir a la Facultad durante dos años. Tuve claro, tras mi vuelta que un profesor tiene que estar al día en conocimientos. También llevé las clases, como hacía ya antes, con proximidad a mis alumnos, y con exigencia y cariño hacia ellos.

P..- Su labor como viceconsejero de Educación fue muy reconocida porque en Andalucía, cuando usted accede a ese cargo, estaba todo por hacer, con una recién lograda autonomía política… ¿Cree que se conoce y reconoce la labor de un buen administrador o de un buen político o son “todos iguales”, como se les suele juzgar muy ligeramente?

R..- En aquel tiempo hubo que acometer, necesariamente, la construcción de colegios que no había, la expansión enorme de profesores, los conciertos educativos, el programa de educación de adultos, que fue reconocido por la UNESCO, la formación del profesorado, con programas muy activos, el desarrollo de la escuela rural, etc. etc, donde tú, Pedro Molino, junto con Antonio Guzmán, y otros, fuisteis colaboradores entusiastas y ejemplares. ¿Reconocimiento? Qué importa. Hicimos lo que había que hacer. Entonces la política era una pasión en la que no había glorias sino mucho sacrificio y muchas horas de trabajo. En ella enfermé a los tres años de ejercerla.

P.- ¿Qué destacaría de aquella década como reseñable aún?

R..- Muchas de las cosas que se hicieron, hoy siguen siendo una realidad: la red de centros, básicamente, se definió entonces; la escuela rural sigue teniendo vigencia; la enseñanza de adultos ha sido un motor de formación básica en los pueblos; la renovación pedagógica, aunque hoy no se promueve como entonces, muchos la siguen practicando; los programas de compensatoria, algunos de ellos aún vigentes…

P..- ¿Qué cree que se ha perdido en el “sistema educativo”?

R.-Creo que falta, desde la Administración educativa la pasión que entonces teníamos los administradores, la fe en la educación, la necesidad de educar en valores, el presupuesto necesario para profundizar en ella y el entender que la educación tiene, en una tierra pobre, como la nuestra, una vertiente social que también hay que cubrir, y que vale dinero.

P. -¿Cómo ha cambiado el modelo de sociedad?

R. –Hoy en la escuela se educa contra corriente, porque los valores que dominan en la sociedad son posmodernos (falta de autoridad, relativismo moral y cultural, poco valor del esfuerzo, excesiva atracción por el disfrute y el poder…) frente a una escuela que tiene que completar la modernidad como decía Habermas o, como cree José Antonio Marina, ha de entrar en una nueva fase histórica, a la que él llama ultramodernidad, pues si la modernidad identificó la inteligencia con la razón, y la posmodernidad con la creación estética, esta nueva etapa, dice Marina, debería identificar la inteligencia con el comportamiento ético, del que nuestra sociedad tanto carece.

P..- ¿Cómo cree que “viven o sufren” los profesores de hoy esos cambios?

R..- Nuestros profesores están sufriendo problemas muy diversos: junto a una sociedad posmoderna, ellos han de educar en los valores de la modernidad —razón, esfuerzo, voluntad, principio de autoridad…—; frente a un mundo pragmático y acomodado, han de educar en la utopía y en la crítica a las injusticias presentes; frente a la mera información o a la indoctrinación, que los poderes públicos pretenden, ellos han de educar en la autonomía moral, en la ética y en la libertad.

P.- La sociedad española tiene claro que la deriva de tantas leyes educativas inconclusas no han favorecido la eficacia o eficiencia del Sistema Educativo… pero ¿el cambio educativo es sólo cuestión de leyes o hay otros pilares que renovar?

R..- El baile de leyes existente es denigrante para profesores, padres y alumnos. No hay derecho a que cada vez que un partido gana las elecciones, elabore una ley de educación propia. Junto a una ley con vocación de permanencia, hay que lograr los mejores profesores —con expedientes y currículos brillantes, con preparación idónea y con capacidad pedagógica probaday hay que formar a los padres, otra pieza clave del sistema. Sin unas buenas escuelas de padres, la educación naufraga.

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P.- ¿Cree imprescindible un Pacto Social por la Educación como el que promueve y liderada por José Antonio Marina?

R..- Creo que el Pacto Educativo es absolutamente imprescindible. Así lo han entendido las diferentes fuerzas políticas, y, ahora, que no hay mayorías absolutas, igual puede lograrse. Creo que las líneas del Pacto recogidas por el documento de Marina, como yo defendí en un artículo de opinión, en el  diario Ideal de Granada, son las más certeras para conseguirlo.

P..- ¿Qué papel tendrían la formación de padres y la formación permanente del profesorado en este nuevo cambio?

R.- Como ya he dicho antes, sin la formación pedagógica del profesorado, tanto en la Universidad, como en el ejercicio de la actividad docente, la educación queda coja. Igual puede decirse de la formación de los padres, pues si ellos no participan de las líneas educativas básicas de los centros, lo transmitido por los profesores entrará en contradicción con las familias.

P..- ¿Se ha perdido el liderazgo o la razón ética para convencer a padres, profesores y sociedad sobre la urgencia y transcendencia de un cambio educativo real?

R.. – Creo que la sociedad, en sus componentes más cultos y activos, así como los buenos profesores, que son muchos, y los padres preocupados por la  educación de sus hijos, que también abundan, está deseando que se marquen las pautas básicas que han de aplicarse en un sistema educativo consensuado, para que se generen alumnos formados y críticos, capaces de afrontar los retos de la nueva sociedad que les tocará vivir.

P..- Como humanista y como profesor, qué papel puede jugar el rearme moral y la Educación en Valores para vertebrar una sociedad tan compleja y globalizada como la actual.

R..-No hay educación de calidad sin valores. Son éstos la esencia del sistema. De su presencia o de su ausencia depende que formemos alumnos que en su edad adulta defiendan la convivencia, la paz, la justicia, la solidaridad, la responsabilidad, el respeto, la libertad, la honestidad o la decencia; o, por el contrario, que sean esclavos y lacayos de ricos y poderosos, facilitadores de una sociedad desigual, injusta e indecente.

P.- En Movilización Educativa creemos en la importancia de los pactos locales por la educación, en el papel de los municipios y la creciente autonomía-responsabilidad de los centros en la mejora de sus ecosistemas y modelos educativos…. ¿Cómo lo percibes tú desde Andalucía o desde Granada? ¿Ha evolucionado la administración educativa hacia el supercontrol de la burocracia más que al estímulo de la mejora didáctica en cada centro?

R.-El poder, de cualquier tipo que sea, para poder ser ejercido adecuada y eficazmente, debe descentralizarse. Un sistema educativo muy centralizado, cuyo signo básico de eficacia sea la burocracia, como hoy está ocurriendo, no puede dar respuesta a los problemas más próximos e inmediatos que el alumno tiene. Por tanto, cuanto más se implique en la organización educativa el municipio y el propio centro educativo, mejor respuesta se dará a los problemas inmediatos del alumno, y mejor se formarán.

P..- Aumenta el número de profesores deprimidos (especialmente en Secundaria) o resistentes escépticos y el número de casos de bullying… ¿Cómo abordaría una situación tan alarmante desde su perspectiva para dar un giro a estas dos peligrosas tendencias?

R. – El aumento de profesores deprimidos puede obedecer a razones intrínsecas, debido a la apatía y a la abulia que ciertos profesores ponen en el desempeño de su tarea; a causas extrínsecas, derivadas del poco prestigio social que el profesor tiene hoy y a la eliminación, entre los alumnos, del principio de autoridad; o, en ciertas ocasiones, puede deberse a las dos causas a la vez. En el caso del bullying, del que tengo un libro escrito, para guía de profesores y padres, es debido, de una parte a la existencia en nuestra sociedad actual, algo incomprensible, de la figura del matón, carente de principios morales —el acosador— y, de otra, de la complicidad y/o el silencio de la sociedad —los testigos—,  que facilitan y permiten un avasallamiento peligroso y de  efectos muy negativos para el futuro del acosado.

P..- Usted es una persona constructiva y su currículo lo demuestra… ¿Sugiérale a nuestros lectores tres propuestas posibles que puedan aplicar a su entorno o a su círculo de responsabilidad: si son padres o madres, si son docentes, si son inspectores de educación o si son administradores públicos?

R.- Esta respuesta exigiría una tesis doctoral. Brevemente, para los padres, que apliquen en la educación de sus hijos tres principios básicos: que los quieran, que los respeten y que les exijan; para los profesores, además de lo anterior, que se preparen en su materia, que se formen pedagógicamente, y que aproximen el currículo a sus alumnos; para los inspectores, además de tener la preparación que tal cometido exige, que es amplia, que acudan a los centros, sobre todo, a ayudar y a orientar a padres y a profesores, más que a controlar, aunque esto también es necesario; y a las administraciones públicas que se dejen de tanta burocracia, que escuchen a padres, profesores e inspectores, y que faciliten los medios necesarios para conseguir una enseñanza de calidad.

Hay palabras sencillas y honestas que valen su peso en oro cuando los hechos ratifican su veracidad con el testimonio de la coherencia… ¡Muchas gracias, por su labor y por esta entrevista, señor Santaella!

Pedro Molino, tutor  y creador de contenidos de la Universidad de Padres

  • victor corcoba herrero

    Cuánta verdad en ello. Ojalá considerásemos todo lo que dice