El valor de la participación de las familias en la escuela

La participación de las familias en la educación es un derecho básico en las sociedades democráticas, y, como tal derecho, lleva aparejada la garantía, por parte de los poderes públicos, de hacerlo efectivo de forma constructiva y eficaz.

La participación de las familias en las escuelas nunca ha dejado de ser una cuestión central en el conjunto de la Educación. En primer lugar, porque parte de un derecho como es el reconocido por la Constitución Española de 1978 en su artículo 27.7., tanto de forma individual como colectiva. En segundo lugar, porque también es un deber de madres y padres con respecto a sus hijos e hijas. En tercer lugar, porque la mayor parte de las investigaciones y estudios relativos a la cuestión han demostrado que esa participación e implicación tiene efectos positivos en el rendimiento escolar. Y, finalmente, pero no menos importante, porque cuando hablamos de Educación hacemos referencia al concepto de comunidad educativa, es decir, en la Educación están implicados los estudiantes, sus familias, los equipos directivos y los profesores, los profesionales no docentes de los centros y los agentes externos, las autoridades en materia educativa, y un entorno que rodea a los colegios e institutos que se puede identificar con un barrio, una zona, con su tejido asociativo, con el conjunto de la comunidad, etc. Entre todos ellos se producen relaciones, interacciones y, en la medida que son integrantes de esa comunidad educativa, participan y actúan.

Pero la definición de la participación de las familias en las escuelas no es una tarea sencilla, al contrario. Hacemos referencia a un concepto que admite numerosas lecturas, visiones, las cuales van a marcar la propia participación. En función de la posición ocupada en la comunidad educativa, se tendrá una perspectiva u otra, pero lo mismo ocurrirá en el interior de cada uno de los agentes implicados. De esta forma, y partiendo de la base de que estamos hablando de relaciones interpersonales, donde tienen una gran importancia los canales de comunicación, las habilidades sociales o las experiencias pasadas, es imposible encontrar una fórmula que garantice una participación exitosa de las familias en la escuela, siempre dirigida al beneficio del estudiante.

El proyecto de investigación Familias y escuelas. Discursos y prácticas cotidianas sobre la participación en la educación obligatoria (EDU2012-32657) del Ministerio de Economía y Competitividad, dirigido por el profesor de Sociología de la Educación y Sociología de las Migraciones de la Universitat de Lleida Jordi Garreta Bochaca, abordó experiencias de éxito de participación de las familias en las escuelas con el objetivo de identificar factores y variables que lo favoreciesen en la educación obligatoria, desde los seis hasta los dieciséis años. A través de un equipo multidisciplinar formado por sociólogos de la Educación, trabajadores sociales, pedagogos, etc., se realizó un extenso trabajo de campo cualitativo a través de la realización de etnografías escolares en treinta y dos centros de Cataluña, Islas Baleares, Aragón y La Rioja, tanto Centros de Educación Infantil y Primaria (CEIP) como Institutos de Educación Secundaria (ESO), en públicos y concertados, ubicados en las ciudades y en el medio rural, en centros con alumnado de carácter tanto homogéneo como heterogéneo en función de su procedencia social, étnica, etc.,  durante el periodo 2013-2015. Con la realización de entrevistas a los integrantes de la comunidad educativa así como la observación directa, el equipo investigador ha podido identificar algunos de esos factores como por ejemplo la importancia de los canales de comunicación y la irrupción de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), las actitudes y posicionamientos del profesorado ante la participación, el valor otorgado por las familias a la Educación y su implicación colectiva, el peso de la generación de un sentimiento de comunidad en los centros, entre otros.

Fruto de esta investigación aparece la obra Familias y escuelas. Discursos y prácticas sobre la participación en la escuela (Pirámide, 2017), en donde se tienen en consideración todos los aspectos y agentes que están implicados en este objeto de estudio. Es un trabajo de carácter holístico en tanto en cuanto aborda el fenómeno de la participación en la escuela en su conjunto pero descendiendo a sus diferentes niveles. Y se parte desde la compleja conceptualización de la participación de las familias en las escuelas precisamente desde la institución. A lo largo del estudio, quedó demostrado que la llave de la participación está en manos de la escuela, de sus equipos directivos y docentes. Cuentan con una posición privilegiada para impulsar, fomentar o dificultar esa implicación y todos los agentes coinciden en que las actitudes y aptitudes de equipos directivos y profesores son determinantes.

familias y escuelas

También es importante contemplar la visión que tienen los sindicatos, las Federaciones de Asociaciones de Madres y Padres (AMPAs), las Administraciones y los movimientos de renovación pedagógica, generándose una retroalimentación entre las posiciones de unos y otros. Y todo ello bajo el paraguas de una legislación que también condiciona esa participación, en la medida que la facilita o no, y que reconoce el papel de los diferentes agentes y mecanismos de representación como las AMPAs y el Consejo Escolar. Ambos son elementos centrales en la participación de las familias en la escuela: las primeras como entidad legitimada de la representación colectiva y el segundo como un organismo que ha ido sufriendo una reducción de sus funciones, especialmente con la LOMCE. AMPAs y Consejo Escolar nos muestran algunas de las potencialidades y debilidades de la participación, y reflejan cómo existen grupos de madres y padres con una gran motivación que se implican en esa labor en beneficio de la comunidad. De este modo, debe considerarse que la participación precisa de una estructuración a través de unos cauces y unos canales claramente definidos.

La participación de las familias en las escuelas adquiere un valor en sí mismo, una necesidad de cara a construir sociedades más democráticas y corresponsables ya que la Educación no es tarea únicamente de la escuela y los docentes, es una labor de todos y todas.

Y dentro de este proceso cobran una elevada importancia los canales de comunicación. La necesidad de mantenerlos abiertos, que sean bidireccionales, y que no se limiten a una función meramente informativa sino que llegue a la comunicativa y a la participativa es también determinante. A través de esos canales de comunicación también se genera confianza y transparencia, dos conceptos centrales para que se produzca una exitosa participación de las familias en la escuela. En la actualidad, existen numerosos canales de comunicación entre ambos agentes, pero hay que destacar la inevitable irrupción de las TICs, que si bien no llegan a sustituir a la relación cara a cara, cobran cada vez más importancia para una comunicación más fluida, pero que también suponen un riesgo en la generación de una “brecha digital” que dificulte la participación de las familias que no cuentan con el acceso a esas herramientas.

El profesorado desempeña también un papel determinante a través de su actitud hacia las familias, hacia su implicación en el centro. Colectivo heterogéneo, en no pocas ocasiones pesa sobre los docentes un concepto de un ámbito (el educativo) y un espacio (el aula) propios. Además, el peso de las experiencias pasadas, positivas y negativas, también está presente en su relación con las familias.

Uno de los aspectos que también se ha constatado en el trabajo de campo desarrollado es el peso de la mujer en la participación de las familias en las escuelas. Derivado de la tradicional división de roles familiares, las madres se implican en mayor medida que los padres, acuden más a las tutorías, a las reuniones o a las actividades que se desarrollan en el centro. Y también hay que tener en cuenta al conjunto de profesionales que están presentes alrededor del centro, por ejemplo los orientadores, los profesionales sociales, etc., que pueden desempeñar un nexo entre escuelas y familias.

En definitiva, el objetivo final tanto de las escuelas como de las familias no es otro que el éxito escolar de los estudiantes, entendido como mucho más que el resultado académico. Numerosos factores inciden en el mismo, incluido un entorno familiar que puede estar más predeterminado a esa implicación, especialmente en función de que se le otorgue al valor de la Educación. Es prácticamente total la unanimidad a lo largo de este estudio a que la participación de madres y padres beneficia el éxito escolar.

Un fenómeno complejo, una cuestión que nunca se puede dar por cerrada porque la participación de las familias en la escuela es algo que debe ser cultivado en el día a día. Se participa de forma diferente en función de las etapas educativas, descendiendo a medida que los estudiantes avanzan. Prima una participación más individual que colectiva representada por la tutoría y los espacios y canales de comunicación formales e institucionalizados conviven con los informales. Se echa en falta una mayor formación para la participación, tanto en las familias como en los docentes. Y hay determinados colectivos, especialmente los ubicados en situaciones de vulnerabilidad y exclusión social, que tienen más dificultades en este proceso. Pero, la participación de las familias en las escuelas adquiere un valor en sí mismo, una necesidad de cara a construir sociedades más democráticas y corresponsables ya que la Educación no es tarea únicamente de la escuela y los docentes, es una labor de todos y todas.

Sergio Andrés Cabello
Universidad de La Rioja