Editorial Febrero 2017

A través de las experiencias cotidianas, todos aprendemos continuamente, queriendo o sin querer, pero este aprendizaje no será suficiente para sobrevivir en el mundo acelerado, cambiante y competitivo, en el que irremediablemente vamos a vivir y van a vivir nuestros hijos.

Durante milenios el periodo de formación terminaba al aprender un oficio o acabar una carrera. Lo demás eran lentos acomodos a las circunstancias. Las técnicas cambiaban lentamente, y la realidad social, económica y personal, también. Todo eso ha cambiado. Estamos sometidos a una ley de la aceleración histórica y el futuro está cada vez más cerca del presente. Basta comprobar el brevísimo tiempo que han tardado en incorporarse a la vida social los ordenadores personales, la web, los móviles, las aplicaciones de los móviles…

JAM

El aprendizaje nos permite adaptarnos a las exigencias del entorno o a nuestras propias exigencias, y la situación actual nos obliga a aprender continua y aceleradamente. Desde el punto de vista laboral, el aprendizaje es una necesidad obvia.  Para ello hace falta crear un entorno de aprendizaje eficaz y estimulante. Como señalan la OCDE y la UNESCO, vamos a vivir en una sociedad del aprendizaje., El lema es claro: O aprender o marginarse.

Dicho así, el futuro parece una condena, porque presuntamente nos obliga a seguir estudiando de por vida si queremos sobrevivir. He aquí una tremenda equivocación que puede amargarnos y debilitarnos. Convierte en un castigo lo que podría ser un premio.

Estudiar puede ser duro, pero aprender es hermoso. Es una de las experiencias cumbres de la condición humana. Somos curiosos y activos por naturaleza. Nuestros sistemas educativos olvidan con frecuencia que hay que fomentar la satisfacción de aprender, de descubrir, de explorar, de conocer. Hay un momento triste en la evolución educativa de todos los niños cuando sustituyen el deseo de saber por el deseo de aprobar. El primer paso para constituir una sociedad del aprendizaje es recuperar la pasión de aprender con la que nacemos.

Pero, además, debemos reivindicar la universal capacidad de aprender. La ciencia nos dice que nacemos con un cerebro que  es una colosal máquina de aprendizaje. El talento no está antes, sino después de la educación, que es, a todos sus niveles, generadora de talento. Necesitamos generar talento porque es el fundamental recurso económico de nuestro tiempo. Antes, la riqueza de las naciones estaba determinada por sus materias primas, su territorio, o su potencia financiera. Ahora, el talento es la gran riqueza y, afortunadamente, se puede generar en cualquier lugar. Además, sabemos que es posible aprender capacidades que antes se suponían innatas, como la creatividad, el emprendimiento, el optimismo o la valentía.

Ya tenemos identificados dos factores que van a determinar nuestro futuro: la pasión de aprender, y la ampliación de nuestra capacidad de aprender. Hay un tercer factor importante: saber lo que hay que aprender. Este es un tema de gran relevancia.