Cómo afecta la obesidad a niños preadolescentes y adolescentes

En los últimos años, se ha evidenciado en la población infantil y juvenil la adopción de unos malos hábitos alimentarios y un estilo de vida sedentario, originado en consecuencia una alta prevalencia de obesidad.

La obesidad infantil y juvenil ha aumentado notablemente durante los últimos años y representa uno de los problemas más importantes para la salud pública en muchos países del mundo, debido a sus importantes consecuencias para la salud a medio y largo plazo, como la diabetes, las enfermedades del corazón, deformidades óseas o asma.

Además, la obesidad también tiene consecuencias psicológicas y emocionales, ya que los niños con sobrepeso pueden sufrir por su condición, sentirse acomplejados e incluso pueden ser objeto de burlas y excluidos de las actividades de grupo. Todo esto puede llevar a desarrollar baja autoestima, una imagen corporal negativa o depresión.

No todos los niños y adolescentes con exceso de peso sufren estos trastornos. Sin embargo, es debido a la especial vulnerabilidad de estas edades que existe un mayor riesgo de desarrollar problemas emocionales, a veces por la autopercepción negativa y otras veces por la influencia del entorno, a la que son muy sensibles los chicos en estas edades.

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A continuación, vamos a explicar con más detalle algunas de estas consecuencias emocionales, considerando cuatro aspectos importantes de las mismas que se han destacado en diferentes estudios científicos. Estas consecuencias emocionales se agrupan en relación con la imagen corporal, la calidad de vida, la autoestima y la salud mental.

En cuanto a la imagen corporal, el exceso de peso provoca insatisfacción y desarrolla complejos respecto a la apariencia corporal. Esta insatisfacción no solo viene producida por la percepción de cómo es realmente el niño o la niña, sino que se acentúa por los patrones estéticos imperantes en nuestra sociedad y la idealización de la imagen corporal.

La sociedad actual transmite unos modelos de éxito vinculados a la delgadez, principalmente para la mujer, por lo que esta insatisfacción afecta sobre todo a las chicas en la preadolescencia y la adolescencia, donde la cuestión de la imagen corporal cobra gran relevancia en sus vidas. Situaciones como por ejemplo al ir a comprar ropa, hacer actividades deportivas o simplemente arreglarse para salir pueden ser momentos en los que se acentúan estos sentimientos de insatisfacción debido a la propia inseguridad y a la tendencia a compararse con los demás.

Las chicas con exceso de peso (o que creen tenerlo, aunque tengan un peso normal) pueden sentirse afectadas en el estado de ánimo y mostrar una preocupación excesiva, que se traduce en conductas alimentarias restrictivas que a veces se pueden conducir a problemas de la conducta alimentaria como trastornos por atracón y bulimia, además de otros problemas psicológicos.

Por otro lado, en los niños y adolescentes obesos su calidad de vida está mermada por ejemplo si tienen menos agilidad para la actividad física y deportiva, así como la dificultad para los juegos de actividad. Estas dificultades pueden frenar o impedir que estos niños participen en estas actividades físicas o juegos y alteran la normal socialización, aislándolos de los demás.

Respecto a la autoestima, se observa que aquellos niños y adolescentes que luchan por controlar su peso pueden sufrir insatisfacción, baja autoestima y frustración, lo que les hace especialmente vulnerables a las actitudes de los demás. En este sentido, se ha observado que las actitudes negativas hacia estos niños por parte el entorno (profesionales de la pediatría, nutricionistas, e incluso sus propios padres) pueden favorecer sentimientos de desvalorización. Estas actitudes negativas se conocen como el “sesgo de peso” y pueden ser verbales o no verbales, transmitiéndose muchas veces de manera inconsciente.

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En casos más graves, los efectos psicológicos y sociales de la obesidad infantil y en la adolescencia afectan a la salud mental, que incluye la baja autoestima, ansiedad, inestabilidad emocional, problemas de conducta así como la repercusión emocional de ser objeto de críticas y aislamiento del entorno. Un niño acomplejado o deprimido tiende a encerrarse más en su casa, ser más sedentario y, en consecuencia, reduce sus relaciones sociales y puede llevar aparejado un menor rendimiento escolar.

A menudo las dificultades para controlar el peso predisponen a la depresión y a otros trastornos emocionales. En muchos casos la depresión se asocia a una mayor ingesta de hidratos de carbono, lo cual agrava el problema del exceso de peso. Además, los niños deprimidos tienden a dormir peor, a sentirse con menos energía y menos motivados para realizar actividad física. Estos factores influyen en un mayor aumento de su peso, creándose un círculo vicioso.

Los padres se preguntan a menudo qué pueden hacer si su hijo tiene exceso de peso. Las consecuencias psicológicas y emocionales en la preadolescencia y la adolescencia se pueden mitigar a través de transmitir valores menos dependientes de la apariencia y cambiar las actitudes hacia el cuerpo ideal, o también modificando los prejuicios sociales hacia las personas con exceso de peso.
Si una chica o chico preadolescente o adolescente tiene problemas con su peso y sufre por este motivo necesita mayor apoyo de los padres y del entorno. En lugar de dejar que se aísle, hay que enseñarle que los valores y la propia personalidad son más importantes que la apariencia. Pero como en todos los ámbitos de la salud, la prevención es clave. No hay que esperar a la preadolescencia y adolescencia: los valores y actitudes menos dependientes de la apariencia física deberían formar parte de la educación desde pequeños.

Dr. Rafael Casas Esteve
Psiquiatra. Autor del I estudio sobre la obesidad infantil en España

  • Alejandro Fèlix Calderòn Mendo

    Los primeros maestros , de un ser humano somos los padres; por lo tanto debemos saber ¿ como alimentar a nuestros hijos . Debemos saber , que nutrientes contienen los alimentos y como combinarlos ? para tener a nuestros hijos bien alimentados , ademas no introducir en sus dietas , los llamados alimentos chatarras , que están cargados de sodio y glucosa , estos últimos muy nocivos para loa salud . Es deber de los padres y somos los responsables de sus vidas de nuestros hijos , por que en nuestras manos esta su futuro .