¿Tanto cuesta echar una bronca como Dios manda?

Nos hemos aficionado tanto al clima benévolo en educación que cualquier atisbo de tempestad nos asusta. Sin embargo, la educación requiere conflicto de vez en cuando, igual que el campo requiere sus dosis de nubarrones y lluvia: ¡un exceso de sol tampoco es bueno!

La verdad es que frecuentemente evitamos el conflicto y el enfrentamiento con nuestros hijos. Uno de los grandes argumentos para ello es el de no perderlos o no romper el diálogo.

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Pero una buena bronca puede ser como agua de mayo, incluso una oportunidad para el diálogo y el razonamiento... ¡y no es tan difícil! Vamos a ver un ejemplo:

Toni, ven un momento, quiero hablar contigo. Estoy muy disgustada. Vengo de la reunión de padres de la escuela y nos acabamos de enterar que en tu clase hay un niño que lo está pasando fatal porque hay un grupito que no para de meterse con él.

Es Javi, que es un exagerado y un llorica.

No me parece exagerado estar deprimido porque nadie quiere jugar contigo en el patio, porque estás gordo y no eres muy ágil, o incluso, porque te insultan y se ríen de ti.

¡Eso te lo ha dicho la maestra, Javi es un acusica!

¿Es verdad o no es verdad que hay chicos que se meten con él y se ríen continuamente?

(voz flojita y mirada desviada).

Mírame: tú eres uno de ellos?

A veces … ¡pero yo no soy el que comienza!

– Me da igual si eres el que comienza o el que termina. Esto está mal y no se debe hacer.

¡Es que no cae bien a nadie!

¿Te parece motivo para torturarlo? ¿A ti te ha hecho algo? ¿Se ha metido contigo, te ha insultado?

– No (voz flojita).

¿Te imaginas que esto le pasara a tu hermana en el instituto? ¿O a tu padre o mí misma en el trabajo? ¿Cómo te sentirías tú si los que deberían ser tus amigos resulta que son tus enemigos y te hacen la vida imposible? ¿Se puede vivir de esta manera?

No (voz flojita).

¿Cómo te crees que me siento yo ahora? Crees que tu padre y yo somos crueles o desconsiderados con los demás? Toni, ¿por qué no sacas la buena persona que tienes dentro?

No lo haré más. De verdad..

No es suficiente, Toni. Tienes que comprometerte a cambiar las cosas. Javi está hundido y necesita apoyo. Quiero que vayas a tu habitación y pienses durante un cuarto de hora qué se puede hacer para ayudarle. Cuando termines, ven y volvemos a hablar…

Esto es una bronca – modelo sencillo – y admite muchas variantes. No es tan difícil y no puede desaparecer del menú educativo de nuestros niños y niñas.

Creo que el segundo gran argumento para evitar el conflicto o, sobre todo, cualquier tipo de prohibición, es que no sirve de nada, porque, si mostramos negativas contundentes, tal vez los hijos nos esconderán más cosas y será “peor”:

– No sirve de nada decirle que fumar le perjudica y que no lo haga, porque fumará con más ganas…

– No sirve de nada decirle que mucho cuidado con la bebida y que no se pase, porque todavía le encontrará más placer a la transgresión…

– No sirve de nada prohibirle esto y esto otro, porque precisamente lo que le gusta es que se trata de actividades prohibidas…

Resulta que hay una parte de verdad… ya que muchas veces las prohibiciones y alertas no provocan un cambio inmediato de la conducta. Pero esto es solo una parte, porque sirven para otras cosas educativamente interesantes: ¡ofrecen muchas oportunidades!:

  • Sirven para argumentar durante un rato nuestros razonamientos. No importa si de entrada nuestros hijos hacen como que no los entienden o no los aceptan. Toda la vida deberán de enfrentarse a ideas opuestas a las suyas. Brindemos la oportunidad de oír argumentos alternativos.

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  • Sirven para que les quede clara nuestra postura. Para establecer los límites entre lo que está bien y lo que no, entre lo que está mejor y lo que está peor. Aunque se los salten, son límites concretos. Probablemente discutibles, de acuerdo, pero concretos. Mucho peor es no saber dónde están estos límites, no contar con ningún criterio. Démosles la oportunidad de visualizarlos.
  • Sirven, por lo menos, para compensar tanto consentimiento y comodidad. Nuestros hijos son los reyes de la casa. Tienen más regalos de los que se merecen. Han crecido con la convicción de que todo es posible. Planteemos, de vez en cuando, la oportunidad de no conseguir fácilmente lo que quieren.
  • Sirven para reforzar nuestra coherencia y mostrarnos sinceros y auténticos. Expresar firmemente lo que realmente pensamos nos obliga a hacer un esfuerzo para ser consecuentes. Cuanto más nos pronunciemos, más coherentes tendremos que ser. Será una oportunidad de confirmar nuestra sintonía entre lo que decimos y lo que hacemos.

Por tanto, démosles a nuestros hijos la oportunidad de disfrutar, de vez en cuando, de una buena tormenta, con rayos y truenos.

Se puede dosificar, alargar, acortar, endurecer, completar con castigos o incluso endulzar… pero no puede desaparecer del menú familiar. Si nos hemos olvidado, corramos a entrenarnos. No se puede educar a base de broncas, pero no podemos prescindir de ellas. Forman parte del oficio.

Roser Batlle

www.roserbatlle.net

 

 

  • Irene

    Aprovecho este blog sobre la educación para presentar un síndrome genético minoritario llamado síndrome de Smith Magenis. Las personas que lo padecen presentan características cognitivas concretas que condicionan su aprendizaje y su experiencia con la educación. Si os interesa, esta es la web: http://www.smithmagenis.es/

    Saludos!