Entrevista a un libro: “Creative Schools”

Ken Robinson es un gran experto en creatividad y siempre se ha preocupado por la educación. En su último libro plantea una reforma del sistema educativo con tintes de revolución.

Pregunta. Venimos observando que cada vez se publican más libros interesados en las nuevas pedagogías o que apelan a una necesidad de cambios significativos en la educación. ¿A qué se debe este cambio de mentalidad?, ¿qué está pasando?

Respuesta. Es cierto ese cambio de tendencia, no se pueden negar los cambios que estamos viviendo. Donde mejor se aprecian es en nuestras condiciones de vida. El entorno está cambiando rápidamente, sobre todo a nivel social y tecnológico, pero sin embargo, el sistema educativo se está quedando retrasado, no está sabiendo asumir estos cambios o lo está haciendo del modo equivocado.

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Por otro lado, ahora contamos con una tecnología que hace posible el tipo de educación individualizada que se viene reclamando desde hace tiempo. Tenemos las condiciones materiales para mejorar increíblemente la forma de enseñar. Por eso está surgiendo una gran corriente de gente en todo el mundo que reclama una ruptura radical, un profundo cambio en la manera que tenemos de entender y llevar a cabo la educación.

P. ¿Por qué es tan urgente ese cambio?

Como digo, el mundo ha cambiado mucho; la población ha aumentado, las tecnologías han modificado todo y hemos pasado de un modelo industrial a una economía del conocimiento. Pero parece que, mientras que todos los sectores se van ajustando a la nueva realidad, el sistema educativo sigue anclado al paradigma anterior. Y eso ya no sirve. Lo curioso es que sabemos qué mejoras habría que introducir, pero por algún motivo, no acaban de imponerse. Es como si estuviéramos preparando a los niños para el pasado, en vez de para el futuro.

El futuro que afrontamos es incierto, de modo que la solución no es hacer “mejor” lo mismo que hacíamos antes. Hay que hacer algo más. El desafío no es arreglar el sistema, sino cambiarlo; no reformarlo, sino transformarlo.

P. Sin embargo, parece que no se hable de otra cosa que de reformas en los sistemas educativos… Algo falla…

R. Sí, y es algo que me preocupa. Los sistemas educativos de todo el mundo están siendo reformados, pero muchas de esas reformas responden a intereses políticos y comerciales que malinterpretan cómo aprende la gente real y cómo funcionan las buenas escuelas. Esto perjudica gravemente las expectativas de incontables jóvenes.

Resulta obvio que uno de los fines de la educación es dotar a los estudiantes de las herramientas que les permitan convertirse en ciudadanos autónomos y acceder a puestos de trabajo. Todas las reformas que se han llevado a cabo hasta ahora, están fallando estrepitosamente en este sentido: la educación no está cumpliendo las nuevas demandas del mercado laboral.

En 2008, IBM hizo una encuesta a 500 líderes de empresas de 8 países sobre qué características necesitan los jefes en sus equipos. Las dos más repetidas fueron: adaptabilidad al cambio y creatividad en la producción de nuevas ideas. Y descubrieron una grave carencia de estas cualidades en muchos licenciados altamente cualificados.

El desafío no es arreglar el sistema, sino cambiarlo;

no reformarlo, sino transformarlo.

Los trabajos actuales requieren un tipo de aptitudes, como la creatividad, el pensamiento crítico, la flexibilidad… que la educación no enseña, porque está estancada. Y la forma de resolverlo no es cambiando o elevando los estándares.

P. ¿Cuál es la alternativa?

R. Hay que abandonar la visión mecanicista de la educación y sustituirla por una organicista. La educación trata de gente viva, no de cosas inanimadas. Si enseñamos de manera rígida, basándonos en estándares y uniformidad, ¿cómo vamos a fomentar la individualidad y la imaginación?

Las organizaciones, ya sean centros educativos o empresas, son sistemas complejos adaptativos, es decir, que tienen la capacidad de adaptarse al cambio. De hecho, es así como prosperan: adaptándose a sus entornos. Mi autor, Ken Robinson, proclama un sistema no industrial, sino orgánico, complejo y adaptativo. Tenemos que vivir con la complejidad.

P. ¿Qué modelo educativo defiendes?

R. Los cambios que propongo –o más bien, la “revolución”-, está basados en una creencia en el valor del individuo, el derecho a la autodeterminación, el potencial humano para evolucionar y vivir una vida completa y la importancia de la responsabilidad cívica y el respeto a los demás.

Las mejores escuelas siempre han practicado estos principios. Su aplicación pretende, simplemente, conducir a los propósitos básicos que debe cumplir la educación académica, que son económicos, culturales, sociales y personales:

  1. La educación debería capacitar a los estudiantes para llegar a ser económicamente independientes y responsables. A día de hoy, esto pasa por enseñar las destrezas del siglo XXI.
  2. Debería capacitar a los alumnos para comprender y apreciar sus propias culturas y respetar la diversidad de las otras.
  3. La educación tendría que capacitar a los estudiantes para convertirse en ciudadanos activos y compasivos.
  4. Y enseñarlos a conectarse también con su mundo interior, no solo con el exterior. La educación suele centrase en enseñar el mundo que nos rodea, olvidándose del mundo interior, que es fundamental.

P. ¿Y alguna actuación concreta dentro del aula?

R. Mi autor habla mucho de la individualización, que se puede conseguir con varios hábitos educativos:

  • reconociendo que la inteligencia es diversa y múltiple,
  • posibilitando que los estudiantes persigan sus intereses y fortalezas personales,
  • adaptando el horario a los diferentes ritmos de aprendizaje de los alumnos,
  • evaluando de manera que se fomente su progreso y logro personal,
  • utilizando el juego como motor del aprendizaje…

P. Para terminar, ¿quién debe llevar a cabo ese cambio?

R. Ya seas alumno, educador, padre, miembro de la administración o legislador, es decir, si estás relacionado con la educación de algún modo, puedes ser parte del cambio. Solo necesitas tres elementos: una crítica de cómo son las cosas, una idea de cómo deberían ser y una teoría del cambio para pasar de una a otra.

Si enseñamos de manera rígida, basándonos en estándares y uniformidad, ¿cómo vamos a fomentar la individualidad y la imaginación?

Como dije antes, hablo de una revolución más que de un simple cambio. Al igual que la mayoría de las revoluciones, se viene destilando desde hace mucho tiempo; en algunos lugares ya está en marcha. Y surge, como no podía ser de otra manera, desde “abajo”. Porque las revoluciones no esperan a la legislación, sino que emergen de lo que hace la gente desde el día a día. La educación no ocurre en las salas de reunión de asambleas legislativas ni en la retórica de los políticos. Es lo que ocurre entre alumnos y profesores en escuelas reales. Por eso contengo muchos ejemplos inspiradores de escuelas, profesores y directores de todo el mundo.

Ficha del libro

Robinson, K. y Aronica, L. “Creative schools. The grassroots revolution that´s transforming education”. Viking. NY

Penguin Random House Company, 2015