Funciones ejecutivas en el aula

Las capacidades relacionadas con la gestión de las emociones, la atención y la memoria nos permiten el control cognitivo y conductual necesario para planificar y tomar decisiones adecuadas. Son imprescindibles para el aprendizaje y el desarrollo socioemocional del niño y del adolescente.

El director ejecutivo de nuestro cerebro, el lóbulo frontal, es el encargado de realizar las funciones cognitivas más complejas que nos caracterizan a los seres humanos y que nos definen como seres sociales: las funciones ejecutivas. Por ello, son imprescindibles para el aprendizaje y el desarrollo socioemocional del niño y del adolescente y tienen un enorme protagonismo en el aula. El alumno necesita concentrarse, reflexionar o controlar sus impulsos. Así, por ejemplo, utiliza la memoria de trabajo para almacenar información temporal que es útil para resolver problemas, la flexibilidad cognitiva para analizar las tareas desde diferentes perspectivas o el autocontrol para dominar la impulsividad y tomar las decisiones apropiadas, todas ellas funciones ejecutivas básicas.

 El alumno necesita concentrarse, reflexionar o controlar sus impulsos.

Investigaciones recientes en el campo de la neurociencia nos están suministrando información relevante al respecto. Así pues, ya conocemos factores que pueden debilitar las funciones ejecutivas, como el estrés, la soledad, la falta de sueño o el sedentarismo, lo cual indica la influencia de lo emocional, social o físico en lo cognitivo. Sin embargo, los estudios también sugieren que las funciones ejecutivas pueden mejorarse a cualquier edad con el debido entrenamiento. Desde la perspectiva educativa esto es muy importante porque los estudios revelan que las funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo o el autocontrol, son buenos predictores del rendimiento académico de los alumnos (Best et al., 2011).

Las estrategias pedagógicas que se pueden utilizar para mejorar las funciones ejecutivas beneficiarán a todos los niños, especialmente a aquellos con algún déficit en su desarrollo, por lo que su aplicación requiere una intervención temprana. Analicemos primero algunos de estos programas que se ha comprobado que resultan útiles porque, aparte de cumplir las exigencias experimentales de asignación aleatoria con los correspondientes grupos experimental y de control, han encontrado evidencias de que los efectos del entrenamiento pueden transferirse a otras tareas no entrenadas (Diamond, 2012):

up12_horizonte_ejecutivasProgramas de educación socioemocional

En un estudio reciente con niños de entre 9 y 11 años de edad se quiso probar si el programa MindUP, un programa de aprendizaje socioemocional que incorpora la práctica del mindfulness, mejoraba las funciones ejecutivas junto a otras competencias académicas.

Los resultados han demostrado que impartir un programa de entrenamiento de mindfulness a los niños combinado con actividades en las que se practica el optimismo, la gratitud o la bondad no solo mejora las capacidades cognitivas sino también toda una serie de competencias socioemocionales como el autocontrol, la respuesta al estrés, la empatía o las relaciones entre compañeros que son imprescindibles en el aula pero también fuera de ella (Schonert-Reichl et al., 2015).

Programas de actividad física

Conocemos los beneficios que reporta a nuestro cerebro la práctica del ejercicio físico, especialmente el aeróbico, sin embargo los mejores resultados para las funciones ejecutivas se obtienen cuando se combina con una mayor actividad mental, como en el caso de las artes marciales. En un estudio en el que participaron niños con edades comprendidas entre los 5 y los 11 años se analizaron los efectos producidos por un programa de taekwondo respecto a los de un programa de educación física tradicional. Después de tres meses, los resultados indicaron que los alumnos del grupo de artes marciales habían mejorado más que los del otro grupo en cuanto a autorregulación, tanto cognitiva como afectiva, conducta prosocial, comportamiento en el aula o rendimiento en unas pruebas matemáticas (Lakes y Hoyt, 2004).

Programas informáticos

Hay programas informáticos de entrenamiento, como Cogmed, que han demostrado ser beneficiosos para mejorar la memoria de trabajo (Thorell et al., 2009), sin embargo, otra cuestión diferente es si esa mejora puede transferirse a otras tareas distintas como la fluidez en el razonamiento, por ejemplo. Con el videojuego NeuroRacer que está diseñado para realizar dos tareas a la vez, una de discriminación perceptiva y otra de coordinación visomotora, se mejoró tanto en adolescentes como en personas mayores  la atención sostenida y la memoria de trabajo, dos capacidades no entrenadas (Anguera et al., 2013) por lo que hay indicios de que determinados juegos de ordenador sí que pueden mejorar las capacidades cognitivas también de los niños.

Tener objetivos claros y adecuados constituye una receta interesante para mejorar el autocontrol.

A continuación, sugerimos algunas actividades que pueden mejorar las funciones ejecutivas de los niños o de los adolescentes y que pueden ponerse en práctica en el aula:

Cuéntame un cuento

La narración de cuentos constituye una estupenda forma entrenar las funciones ejecutivas del niño, básicamente porque se utilizan tanto la atención sostenida como la memoria de trabajo para seguir el hilo de la historia y el uso de la imaginación es ilimitado. El cerebro humano agradece las buenas historias.

¡A jugar!

El juego es un mecanismo natural imprescindible que facilita el aprendizaje. Los niños, por ejemplo,  pueden jugar a simular que son determinados personajes y ello les exige el autocontrol necesario para ajustarse a los mismos. Por eso el teatro es tan beneficioso para mejorar las funciones ejecutivas del niño o del adolescente.

En la naturaleza

Un simple paseo en un entorno natural puede ser suficiente para recargar de energía determinados circuitos cerebrales que nos impiden mantener la atención durante periodos de tiempo prolongados (Berman et al., 2008). Y de ello se pueden beneficiar todos los alumnos, especialmente aquellos con TDAH.

El uso de analogías

El uso de analogías o metáforas constituye una de las mejores estrategias para explicar conceptos complejos porque facilita la transferencia de ideas previas al nuevo conocimiento, permitiendo así desarrollar la flexibilidad cognitiva que requiere la creatividad.

Siempre hay preguntas

El método socrático clásico de interrogación conlleva plantear preguntas abiertas que hacen que la persona preguntada pueda reconocer contradicciones en sus análisis y así replantear su postura, por lo que es muy adecuado para desarrollar en los alumnos la metacognición, en particular, y las funciones ejecutivas, en general.

Objetivos claros

Enseñar a los alumnos a que tengan objetivos adecuados les permitirá obtener pequeños progresos y así experimentar el éxito académico. Su motivación interna lo requiere y su perseverancia lo agradecerá. Tener objetivos claros y adecuados constituye una receta interesante para mejorar el autocontrol.

Independientemente de la estrategia que sigamos, el aprendizaje y mejora de las funciones ejecutivas requiere tiempo y paciencia. Sin olvidar que el cerebro humano anhela la novedad y requiere retos continuos para su desarrollo óptimo. Suministrando la práctica y los retos adecuados ayudaremos a que nuestros alumnos sean mejores alumnos pero también mejores personas.

 

Referencias:

Anguera J. A. et al. (2013): “Video game training enhances cognitive control in older adults”. Nature, Sep 5; 501.

Berman M. et al. (2008): “The cognitive benefits of interacting with nature”. Psychological Science, 19.

Best J. R. et al. (2011): “Relations between executive function and academic achievement from ages 5 to 17 in a large, representative national simple”. Learn Individ Differ 21, 327-336.

Diamond A. (2012): “Activities and programs that improve children’s executive functions”. Current Directions in Psychological Science 21, 335-341.

Lakes K. D., Hoyt W. T. (2004): “Promoting self-regulation through school-based martial arts training”.  Applied Developmental Psychology 25, 283–302.

Schonert-Reichl K. A. et al. (2015): “Enhancing cognitive and social – emotional development through a simple-to-administer mindfulness-based school program for elementary school children: a randomized controlled trial”. Developmental Psychology 51, 52-66.

Thorell L. B. et al. (2009): “Training and transfer effects of executive functions in preschool children”.  Developmental Science 12, 106–113.