¿Por qué es tan importante desarrollar las funciones ejecutivas?

Enseñar a los adolescentes a tomar decisiones es el centro de la educación profunda, y el adolescente debe tomar cuatro decisiones fundamentales en esta etapa: decidir pensar mejor, decidir sentir mejor, decidir ser más libre y la construcción del carácter.

En la UP, y en la Cátedra que dirigimos en la Universidad Nebrija, estamos proponiendo un nuevo modelo de inteligencia. Esto exige humildad y rigor crítico. Tenemos demasiadas teorías y no vale la pena trabajar en una nueva si las ventajas no son apreciables. Creo que el modelo ejecutivo de la inteligencia y de su educación tiene tantas ventajas que se impondrá con gran rapidez. El creciente interés en los ‘factores no cognitivos’ de la inteligencia es la respuesta científica a algo que detectábamos en las aulas. El aprendizaje es eficaz sólo cuando el alumno participa activamente, mantiene la atención, se fija metas, soporta la frustración, y es capaz de esforzarse. Hace ya muchos años, en El misterio de la voluntad perdida (Anagrama, 1997) anuncié el retorno del concepto de voluntad. No pensé que iba a ser tan veloz. Ya está aquí, aunque bajo otros términos, como el de effortful control, Self-regulation o funciones ejecutivas. Es la capacidad que tiene la inteligencia de autogestionarse,  es decir, de dirigir su configuración y su uso. El cerebro se construye a sí mismo, y eso lo hace mediante las funciones ejecutivas.

En los programas de la Universidad de Padres, distinguimos entre ‘trastornos’ y ‘problemas’.

Una de las principales es el control de la impulsividad. Todos hemos tenido la experiencia de desear hacer algo y no querer hacerlo. En ese caso, necesitamos controlar el impulso. No se trata de que todos los impulsos sean malos, sino de que necesito someterlos a deliberación para saber si debemos aceptarlos o no. Nos encontramos con el fenómeno más elemental de lo que tradicionalmente se había llamado ‘voluntad’. Llamamos ‘impulsiva’ a una persona que tiene dificultad para controlar sus impulsos. Es decir, pasa del deseo a la acción. Es difícil saber cuándo esta dificultad llega a ser patológica. Todos los niños pequeños son impulsivos y  deben aprender a regular su conducta. Pero la impulsividad también puede ser un rasgo temperamental, asociado al déficit de atención o a la hiperactividad. Para el DSM (el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), la impulsividad excesiva del niño se manifiesta al menos por tres de los siguientes síntomas: a menudo actúa antes de pensar, cambia con excesiva frecuencia de una actividad a otra, tiene dificultades para organizarse en su trabajo, necesita supervisión constantemente, con frecuencia levanta mucho la voz en clase, le cuesta guardar turno en los juegos o en situaciones de grupo. Todos estos síntomas pueden ser de mayor o menor gravedad, pero todos ellos delatan una debilidad de las funciones ejecutivas del niño o del adulto. Russell Barkley, tal vez el mejor especialista en déficit de atención e hiperactividad, ha indicado que estos trastornos forman parte de un trastorno más amplio: el de las funciones ejecutivas.

El cerebro se construye a sí mismo, y eso lo hace mediante las funciones ejecutivas.

En los programas de la Universidad de Padres, distinguimos entre ‘trastornos’ y ‘problemas’. Los trastornos tienen una raíz biológica y deben ser tratados médicamente. Los problemas tienen una raíz educativa y deben ser tratados educativamente. Esto sucede en el tema de la impulsividad.

Tenemos muchos métodos para educar la inhibición de los impulsos: los elaborados por Barkley, Meichembaun, Gagné, Leong, Bodrova entre otros. Adele Diamond, profesora de Desarrollo Infantil en la Universidad de la Columbia Británica ha estudiado la eficacia de cuatro diferentes didácticas de las funciones ejecutivas: el programa Tools of the Mind, el método Montessori (que incluyó estas funciones cuando nadie hablaba de ellas), el programa PATHS (Promoting Alternative Thinking Strategies) y el Chicago School Readiness Project. Diamond considera que la incapacidad de los niños para controlar sus impulsos emocionales y cognitivos es el germen del fracaso escolar y que por eso debemos tomarnos este asunto en serio.

En el Seminario sobre Cómo desarrollar el talento adolescente (que comenzará en febrero), queremos aplicar a esa edad el resultado de las investigaciones más solventes que, por cierto, sirven también para los adultos. Cuando estamos hablando de la capacidad de fijar la atención, de elaborar proyectos, de mantenerlos, de organizar la propia memoria, o de gestionar las emociones, estamos hablando de factores que influyen decisivamente en la vida de todos los humanos, sea cual sea su edad.

José Antonio Marina, Presidente de la Fundación Educativa Universidad de Padres y Director de la Cátedra Nebrija-Santander sobre sobre Inteligencia Ejecutiva y Educación.
 Información Seminario Cómo desarrollar el talento adolescente: www.universidaddepadres.es